«¿Lobo está?» Sobre El Niño y el embalse agregado en Colombia, segunda entrega.

Cada ocurrencia del fenómeno de El Niño es, en sí misma, una prueba de lo que hemos logrado como nación, prueba que el sistema eléctrico de Colombia ha sorteado con éxito en las últimas tres décadas. Con alta probabilidad en cuestión de meses se acerca una oportunidad para hacer balance: un balance de planeación, ejecución y resiliencia; un balance energético en tiempo real.

En un sistema con predominancia hidrotérmica, la cantidad de energía almacenada en los embalses es una de las variables que más seguimiento amerita. Este es el segundo artículo que escribo para comprender las cifras que circulan y circularán sobre el nivel del embalse agregado en Colombia.

Ya hemos visto que, aun cuando el nivel agregado del embalse parece alto, puede ser bajo. No basta con saber en qué porcentaje están los embalses, debemos saber para cuánto tiempo alcanza esa energía allí almacenada.

Si bien nos hemos acostumbrado a medir el embalse como porcentaje de su capacidad máxima, las conclusiones cambian cuando el embalse agregado se mide en proporción a la demanda por atender.  En 2005, los embalses del país podían almacenar (a plena capacidad) 3,71 meses de demanda, para 2026 este número ha pasado a 2,36. Cuando se evalúa respecto a la demanda del país, la capacidad útil del embalse agregado ha caído un 36% desde 2005.

A finales de 2009 y de 2015 aparecieron fenómenos de El Niño que redujeron significativamente los aportes del sistema, exigieron el aumento de generación térmica y también aumentaron significativamente los precios de bolsa. A finales de 2009 el embalse agregado del sistema era 1,93 veces la demanda de un mes; mientras que a finales de 2015 el embalse agregado del país era 1,62 veces la demanda de un mes. El embalse agregado a finales de 2009 contenía energía suficiente para abastecer el país durante 1,93 meses; mientras que en 2015 1,62 meses.

Estas cifras no dicen más que lo que presenté en el artículo anterior si no fuera porque el embalse agregado del país ya ha estado por debajo del embalse agregado que el país vivió en 1992. En enero de 1992 el embalse agregado del país comparado con la demanda fue de 1,51. Mientras que a finales de 2023 el embalse agregado estuvo por debajo, con 1,40.

Así es, en el pasado reciente el embalse agregado del país ha estado por debajo de lo ocurrido en el racionamiento de la década de los 90.

Y durante el 2026, ¿Cómo ha evolucionado el nivel de embalse cuando se compara con la demanda de electricidad?

Dos meses, entre enero y mayo de 2026 el embalse agregado del sistema, medido con respecto a la demanda, ha estado por debajo de aquel nivel de embalse de enero de 1992. En marzo y abril de 2026 el nivel del embalse comparado con la demanda estuvo en 1,44 y 1,50, respectivamente; por debajo del 1,51 de enero de 1992.

Entre el artículo anterior y este, se desprenden varias conclusiones:

  • El embalse agregado del sistema se mide comúnmente como porcentaje de su capacidad, esta medida debe complementarse con medidas relativas a la demanda. Siempre, una vez conocido el embalse agregado, recuerden preguntar: ¿Para cuántos días alcanzará esa energía?
  • Aunque el porcentaje de embalse puede tranquiliza,; los «meses de demanda» pueden advertir.
  • La capacidad total del embalse agregado en Colombia, durante los últimos años, aumenta cuando se mide en energía pero disminuye cuando se mide en proporción a la demanda de energía eléctrica del país. No es la dependencia hidráulica la que pone en riesgo el sistema, es el rezago de la expansión efectiva en generación lo que reduce nuestra resiliencia.
  • La cantidad de energía almacenada en los embalses, en relación a la demanda, ya ha estado por debajo del nivel ocurrido en enero de 1992. Un posible racionamiento de energía eléctrica no solo depende de la cantidad de agua disponible en los embalses; pero con mayor energía en los embalses un racionamiento es menos probable.
  • El Niño no crea las debilidades del sistema: las revela.

Por estas y otras razones, que seguiremos estudiando, el sistema eléctrico colombiano ha reducido su «inmunidad» energética. La ocurrencia de un racionamiento en los próximos años está sujeto a la intensidad de fenómenos climáticos, crecimiento de demanda y eventuales salidas de plantas del sistema.

Cada crisis es una moneda de dos caras: emergencia y reconstrucción. La actitud con que se enfrenta la crisis, las decisiones previas, la planeación, la capacidad de improvisación y el trabajo en equipo serán determinantes del resultado final de este examen que hoy propone la naturaleza.

¿Qué resultado lograremos con la próxima crisis del sector eléctrico colombiano: más alegrías o más frustraciones?

Gracias por leer,

 

Alfredo Trespalacios Carrasquilla

Doctor en Economía, Magíster en Finanzas, Ingeniero Electricista. Consultor y formador en temas de energía, finanzas y riesgos.

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