¿Se viene un segundo round entre Uribe y Abelardo?

Jesús David Mora Diaz alponiente al poniente (11)

Hay elecciones que parecen ser simplemente institucionales, pero que, cuando uno mira con un poco más de detenimiento lo que ocurre alrededor, terminan convirtiéndose en verdaderas mediciones de poder.

La elección del próximo contralor general de la República puede ser una de esas.

El miércoles 12 de agosto, el Congreso en pleno se reunirá para escoger al nuevo jefe de la Contraloría. Senado y Cámara votarán juntos y, de los 286 congresistas, se necesitan 144 votos para quedarse con la mayoría.

Hasta ahí, todo parece sencillo.

Pero en política casi nunca las cosas son tan sencillas.

La Contraloría que está en juego tiene una particularidad: quien llegue a ocupar ese despacho lo hará en un momento especialmente delicado para el país. Sobre el Gobierno Petro pesan numerosas denuncias y cuestionamientos por el manejo de los recursos públicos, al tiempo que en las regiones también hay investigaciones y asuntos pendientes que hacen de este cargo uno de los más importantes del próximo periodo.

Por eso, más que elegir un nombre, el Congreso estará definiendo quién tendrá en sus manos una de las herramientas más importantes de control fiscal del Estado.

Y ahí es donde empiezan las cuentas.

En los pasillos del Capitolio se habla de que el petrismo tendría unos 69 votos. El Centro Democrático tendría 47 y, según las versiones que circulan, habría otros siete congresistas dispuestos a acompañar la decisión que tome Álvaro Uribe. Eso dejaría al sector uribista con una base cercana a los 54 votos.

Abelardo de la Espriella, en cambio, tendría inicialmente una representación mucho menor, cercana a ocho votos.

Pero Abelardo no necesita tener 54 votos hoy. Necesita conseguirlos antes de que se abra la urna.

Y esa diferencia es importante.

Porque en el Congreso las cuentas de una semana antes no necesariamente son las mismas del día de la elección. Hay conversaciones que no se conocen, llamadas que no trascienden y acuerdos que solo se hacen públicos cuando ya están cerrados.

Se habla de reuniones entre sectores del Conservador, el Liberal, el Centro Democrático y el Pacto Histórico. No parece existir todavía una fórmula definitiva, aunque algunos nombres comienzan a despertar simpatías en distintas orillas, entre ellos Laverde y Castro.

Pero hay otro nombre que merece atención.

Diana Carolina Torres.

Una mujer que, según me cuentan, es mirada con buenos ojos por algunos congresistas y sectores cercanos al uribismo. Su nombre tiene algo que hoy puede resultar especialmente atractivo en una elección de estas características: no llega con el desgaste público que arrastran otros aspirantes.

Y en una elección en la que se habla tanto de independencia, experiencia y transparencia, eso puede terminar pesando.

Ahora bien, aquí viene lo verdaderamente interesante.

Todos están esperando una señal.

Petro, Uribe, Abelardo y, por supuesto, los partidos. Porque en una elección tan cerrada nadie quiere equivocarse de caballo cuando todavía no está claro cuál va a cruzar primero la meta.

Las cuentas que algunos hacen en el Congreso son curiosas.

69 votos del petrismo, 54 del sector cercano a Uribe y unos 17 votos que podrían estar en sectores verdes: 140.

Cuatro menos de los necesarios.

Cuatro.

Y cuatro votos, en una elección de esta naturaleza, pueden ser una eternidad.

Pero hay algo más: tampoco parece razonable pensar que los otros 146 congresistas van a llegar el miércoles perfectamente alineados detrás de una misma candidatura, como si esto fuera una votación de trámite.

La política colombiana no funciona así.

Hay congresistas que responden a sus partidos, otros a sus regiones, algunos a sus propios cálculos y muchos, sencillamente, esperan hasta el último momento para saber cuál es la mejor decisión.

Por eso no descartaría sorpresas.

Tampoco descartaría que alguno de los nombres que hoy parece tener menos posibilidades termine convirtiéndose en el punto de encuentro entre sectores que, en principio, no tendrían razones para sentarse en la misma mesa.

Y aquí es donde aparece nuevamente Álvaro Uribe.

Porque independientemente de las simpatías o antipatías que genere, sería un error desconocer su capacidad para mover sectores políticos y construir acuerdos dentro del Congreso.

Del otro lado está Abelardo de la Espriella, quien enfrenta una prueba distinta: demostrar que su liderazgo puede traducirse en una capacidad real de negociación política más allá de sus propios votos.

Por eso esta elección puede ser leída como algo más que la escogencia de un contralor.

Puede ser un segundo round.

No necesariamente entre dos candidatos. Tampoco necesariamente una confrontación abierta.

Es, más bien, un pulso para saber quién tiene hoy mayor capacidad de sentar congresistas, conversar con sectores distintos y construir una mayoría cuando las cuentas no alcanzan.

Y eso, en política, vale muchísimo.

Porque una cosa es tener votos y otra muy distinta es tener la capacidad de conseguir los que hacen falta.

El miércoles veremos quién llega con más fuerza, quién logra mover las últimas fichas y, sobre todo, quién consigue que los indecisos se decidan.

Puede que gane Uribe.

Puede que gane Abelardo.

Puede que ninguno de los dos.

Y también puede aparecer un nombre que hoy muchos están mirando de reojo y que termine reuniendo los votos que los grandes protagonistas no pudieron juntar.

Lo cierto es que, detrás de la elección del nuevo contralor, hay una pelea política mucho más grande.

Y mientras en público todos hablan de independencia institucional, en privado muchos están pendientes de una sola cosa:

¿Hacia dónde se moverá la señal de Uribe y hacia dónde la de Abelardo?

Jesús Mora Diaz

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.