Las voces que se niegan a callar

“Menos mal que para estos días tan difíciles emerge la poesía como la mejor arma para adormecer a las balas, como la mejor arma para tener conciencia de nuestro contexto.”


Cali, una ciudad que arde, una ciudad que cambió la sonrisa por el llanto, o mejor dicho, una ciudad que cambió el baile y la salsa por unas calles adornadas de sangre, “la ciudad es un océano de sangre”, recordando una línea de un poema de Helí Ramírez. 

Una ciudad de sombras asesinas que, en nombre de la seguridad y del orden, callan las voces de las protestas. Callan a las voces con balas, con gases lacrimógenos, con granadas aturdidoras, no importa qué elementos utilizan esas sombras insensibles y adoctrinadas, la cuestión es callar, ¿por qué? Callan a la verdad, callan a la exclusión. Algunos medios de comunicación callan de una manera descarada… Medios de comunicación que ya no tienen ética para informar, es un constante y latente pseudoperiodismo. 

Menos mal que para estos días tan difíciles emerge la poesía como la mejor arma para adormecer a las balas, como la mejor arma para tener conciencia de nuestro contexto. Porque las sombras asesinas siempre han existido en la historia de nuestra patria, y como respuesta a esa represión constante, los poetas salen de sus trincheras a combatir con sus versos y ayudarnos a tener un espíritu vivo, y así poder luchar en contra de las adversidades que se avecinan. 

Para recordar a Siloé de estos días, se me viene a la cabeza un poema de Santiago Rodas: “La sangre baja por la loma/ y alcanza a dar la curva completa”. ¿Cuándo parará toda esta masacre? ¿Por qué tanta renuencia a escuchar a los jóvenes? ¿Por qué tanta indolencia?

Ahora la dignidad la llaman “subversión”, y llaman “vándalos” a los que alzan la voz por sus derechos como ciudadanos de una nación; estas mismas voces se cansaron de ser simples espectadores, de mantener un statu quo. La mayoría son jóvenes donde en sus comunidades escasean las oportunidades; es una nueva fuerza que no sufren de egoísmo como las generaciones de antaño; son jóvenes que sienten que sus “sueños que se escapan por el hueco de un cortauñas”, como nos señala Helí Ramírez; pero los jóvenes de ahora también se llenan de esperanza como lo hacía Eduardo Galeano: “Qué tal si deliramos por un ratito/ qué  tal si clavamos los ojos más allá de la infamia/ para adivinar otro mundo posible”. 

Lo que no saben es que ésas mismas voces que intentan callar, tienen el heroísmo de seguir resistiendo en las calles, sin importar las inclemencias del tiempo, sin importar los miedos que pueden revolotear en sus cabezas, y persisten en su tarea de cambiar esta nación por una más justa, sin migajas. Resisten por medio de su palabra. Una palabra que hoy retumba en cada rincón de nuestra Colombia. Gonzalo Arango, el gran poeta colombiano, nos invitaba a unirnos como nación: “Una mano/ más una mano/ no son dos manos/ son manos unidas/ Une tu mano/ a nuestras manos/ para que el mundo/ no esté en pocas manos/ si no en todas las manos”.

Las voces, los compañeros muertos, los compañeros desaparecidos, las estrategias de combate, los gritos, las arengas, las piedras, los carteles, los grafitis, los punteros láser, los bailes, los brigadistas, los escudos artesanales,  las máscaras de gases, las infinitas bolsas de leche, la milagrosa solución de agua con bicarbonato, las canciones, los pañuelos entrapados de vinagre, las barricadas… quedarán para siempre en nuestras memorias como un gran poema de que la lucha se debe continuar con más ahínco, pase lo que pase. 

Santiago de Cali, Mayo 15 del 2021

Edwin Arcos Salas

La escritura posee el poder de transformar y de conectar con los demás de una manera profunda y significativa. Por lo tanto, les invito a sumergirse en este apasionante viaje de autoexpresión y exploración a través de las palabras.

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