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Hay una audacia que solo se consigue con años de práctica: la de mirar a la cara a un pueblo, abrazar la nostalgia como escudo y decir, con firma y sello, que se regresa al origen justo cuando el agua le llega al cuello en la capital. Eso hizo Carlos Andrés Trujillo el 23 de junio de 2026. Y los itagüiseños debemos llamar las cosas por su nombre: esto no es un retorno, es una fuga disfrazada de romanticismo político.
Que quede claro para quien no lleva la cuenta: Trujillo se convirtió en el décimo congresista salpicado por el escándalo de la UNGRD, el mayor caso de corrupción del gobierno Petro, que ya tiene a dos expresidentes del Congreso —Iván Name y Andrés Calle— recluidos en la cárcel La Picota. No es un rumor de pasillo. Es una investigación formal ante la Sala Especial de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, con magistrada asignada y todo.
Y la raíz de ese escándalo tiene dirección itagüiseña. Fue Trujillo quien impulsó la carrera pública de Olmedo López en 2012, nombrándolo secretario de Ambiente de Itagüí durante su propia alcaldía. La relación entre ambos había comenzado en la Universidad Latinoamericana de Antioquia. Ese mismo Olmedo López que luego llegó a dirigir la UNGRD y que hoy, acogido al principio de oportunidad, compareció ante la Corte Suprema para ampliar la investigación que involucra a Trujillo, mencionándolo junto a otros senadores dentro del presunto esquema de corrupción.
No fue solo López. Un derecho de petición reveló visitas anómalas del primo del senador a las instalaciones de la UNGRD, realizadas días antes de la firma de los contratos de los carrotanques de La Guajira y de las elecciones regionales de 2023. Investigaciones periodísticas documentaron contratos con empresas del Valle de Aburrá cercanas a su grupo político, una por 990 millones de pesos para una feria en La Guajira, otra encargada de producir los logos de los polémicos carrotanques. Como dijo el propio director de la UNGRD: todos los caminos conducen a Itagüí. Y eso sin mencionar que a pocos días de las elecciones legislativas de marzo de 2026, un escolta de la UNP fue capturado en La Guajira con 145 millones de pesos en efectivo y publicidad del candidato al Senado Daniel Restrepo, el delfín político de Trujillo. Restrepo por su parte negó cualquier vínculo, obviamente.
Ahora este señor llega a decirnos que renuncia al Partido Conservador —al que tumbó por dentro al respaldar las reformas de Petro cuando le convenía— para emprender candidaturas ciudadanas. El hombre que construyó durante 14 años una maquinaria política regada desde Itagüí hasta La Guajira, con contratos, escoltas, primos y fichas en cada entidad, ahora descubrió el poder de la ciudadanía.
Itagüí no es una ciudad de amnésicos. Este municipio merece gobernantes que lleguen con propuestas, no con expedientes. Y si Carlos Andrés Trujillo quiere volver, que primero explique ante la Corte Suprema de qué habló su primo con Olmedo López el 3 de octubre de 2023, días antes de que se firmaran los contratos que hoy tienen a varios de sus colegas en La Picota.
Por lo anterior, a Itagüí ya no se lo comen con cuentos, los itaguiseños tenemos claro quién es el señor Trujillo y cuáles son sus intereses, y esta vez, queremos un gobierno sin influencia petrista, sin corrupción donde los empleos del municipio y el presupuesto sean para los itaguiseños.













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