Habemus…?

“No debemos volver atrás, sino avanzar como una nación entendida en diferentes regiones interconectadas por un común denominador, nuestro amor por las instituciones que, bien o mal, no han permitido el asentamiento perpetuo de caudillos y populistas como sí pasó en el resto del continente”


Boletín de la Registraduría #14. Habemus presidente

Boletín de la Registraduría #66. Non habemus presidente?

Luego de vivir un día de elecciones álgidos como hace años no se vivía en Colombia, con el mayor promedio de participación electoral, y con la mayor división posible, Abelardo De la Espriella, el outsider, estaba logrando lo imposible, derrocar a Cepeda, quien contaba con el apoyo del oficialismo, y más importante aún, su chequera. La diferencia fue de tan sólo el .96%. 250.830 votos en promedio.

No pretendo adentrarme en lo significó esta victoria de Abelardo en el preconteo. Ni en la nueva intervención en política y nuevos signos de paranoia del saliente presidente. Prefiero adentrarme en lo que no me ha dejado dormir, y que para muchos, quienes votamos por Abelardo, -sí, lo acepto- significó ver la caída moral a mis ojos del tecnócrata de su equipo, José Manuel Restrepo, quien fue el que me inclinó a votar definitivamente por Abelardo en un deseo del regreso de la tecnocracia a la esfera de influencia de poder.

En medio de un sueño, había ganado una oportunidad de preguntarle a Restrepo qué carajos pasaba por su cabeza al aceptar una invitación de un abogado de carrrera … cuestinable … a ser su fórmula vicepresidencial. En medio de las diatribas que sólo tienen sentido en el mundo de Morfeo, yo mismo dí con la respuesta. Él quería ser el segundo vicepresidente de la historia de Colombia en tener alguna relevancia. ¿El primero? Se preguntarán muchos. ¿El finado Vargas Lleras, tal vez? No. ¿El interesante caso de José Manuel Marroquín y su ascenso al poder por medio de un golpe de Estado? No. La respuesta debe remontarse hasta la caída de la constitución de 1886, con la Regeneración. Con un político cartagenero, costeño al igual que nuestro outsider moderno, y su fórmula vicepresidencial entre los años 1892 hasta 1898, Miguel Antonio Caro. Bogotano, al igual que Restrepo, significó un respiro para el presidente Rafael Nuñez, quien nunca pudo adaptarse al frío de la Sabana, quien despreció por completo la forma de hacer política de sus contemporáneos, y a quien las enfermedades le obligaron a retirarse a su querida tierra natal. Caro aprovechó la ausencia del popular presidente liberal para influenciar sustancialmente la naciente constitución, convirtiendola en la má goda de todas. Caro se volvió de facto en presidente ante la ausencia y posterior muerte de Nuñez.

Volviendo al 22 de Junio de 2026,- y ¿mucho más importante?- al sueño gestor de este escrito, al llegar frente a un Restrepo mudo le pregunté por cuestiones en las que diferíamos como la propuesta de dolarizar la economía nacional, fracking “ambiental” en Páramos, reducción de un Estado sin un análisis claro, reducción y casi desaparación del presupuesto cultural. Parado, en una de las alas que intenté recrear de la Casa de Nariño, Restrepo sólo pudo mirarme. Impasible. No hubo respuesta. Lancé mi mayor miedo al aire: “usted era mi esperanza ¿qué pasó? ¿En que momento se dejó arrastrar por las ideas estrambóticas de De la Espriella?

El sueño había llegado a su fin, pues nunca tuve una respuesta. Fue tanta mi preocupación que esto fue escrito a las 3 de la mañana.

La solución a mis temores la tiene Carlos Granés en El rugido de nuestro tiempo. Allí se describe al político latinomaericano como deseoso de ser el redentor de la patria. Crear algo complemente diferente que lo lleve a la historia. Que marque una diferencia tan grande que sea imposible olvidarlo. Irónicamente este libro lo compré en un evento donde Granés tuvo una conversación con el mismísimo Restrepo. Allí se dialogó sobre las características del autócrata/caudillo/demagogo/populista/político latino, a quienes describe como quienes “lejos de buscar reformas que mejoren lo que ya se ha hecho, intentarán llevar a cabo una ruptura visible y patente, mientras más abrupta mejor, con los gobernantes corruptos o oligárquicos o esclavistas que los precedieron. Se presentarán al mundo como los primeros gobernantes que realmente se preocupan por el pueblo, y lo demostrarán poniendo el mundo al revés, rechazando el legado heredado y anunciando su advenimiento como el inicio” (Pg 76)

¿Les suena parecido? Estas descripciones no están contenidas ni determinadas por facciones política. Esta misma puede ser usada para describir a Petro, a Cepeda, a Uribe, y al mismo De la Espriella. Creo firmemente que Restrepo, si bien no llega a encajar en esta definición está en proceso de. Pues participa en un entramado político deseoso de lograr lo imposible en sus primeros días de gobierno: erradicación de miles de hectáreas por fumigación aérea, detención de criminales escondidos en lo profundo de la selva y de las comunidades, ingreso del ejército donde historicamente sólo ha estado de paso, una patria milagro- sea lo que signifique-, el crecimiento desmedido y sin control del agro, es decir, ganadería extensiva. Allí en medio de ese plan de trabajo se ve lo que el mismo Granés advierte, y es que los políticos no han comprendido su propio territorio. Él recomienda pensar América Latina no por nación, sino por región. Con unas fronteras más bien difusas y confusas. No es lo mismo expandir el agro en los llanos en zonas específicamente aptas para el ganado como en el Magdalena Medio, zona hermosa y supremamente fértil para el cultivo.

Las elecciones han dejado un sabor agridulce en la boca de los colombianos. Gobernar e incluso habitar un territorio tan dividido no sólo permea el espectro político, sino que se filtra hasta lo social. Lo público pasa a lo privado, y Colombia debe recordar qué pasó en aquellos años donde los ideales se mezclaban con el día a día. No debemos volver atrás, sino avanzar como una nación entendida en diferentes regiones interconectadas por un común denominador, nuestro amor por las instituciones que, bien o mal, no han permitido el asentamiento perpetuo de caudillos y populistas como sí pasó en el resto del continente. Que estas diferencias sean razón más para respetar la división de poderes, y más importante aún, de reconocer al otro político no como detractor, sino un actor más en las redes de poder.


Granés, Carlos. El rugido de nuestro tiempo. Batallas culturales, trifulcas políticas. Bogotá: Taurus, 2025.

Santiago Quintero Cardona

Egresado de Historia de la UPB, Medellín. Cuento con un Magíster en Historia Marítima de la Universidad de Plymouth, Inglaterra. Me han interesado investigar temas como las redes de poder y conocimiento, y su influencia en las instituciones gobernadoras de nuestro día a día. egresado de Historia de la UPB, Medellín. Cuento con un Magíster en Historia Marítima de la Universidad de Plymouth, Inglaterra. Me han interesado investigar temas como las redes de poder y conocimiento, y su influencia en las instituciones gobernadoras de nuestro día a día.

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