Resumen Económico de la Semana del 27 al 31 de Julio de 2026

Resumen Ejecutivo

Cuatro grandes bancos centrales decidieron casi en simultáneo esta semana y todos hicieron lo mismo, pausar sobre una división interna que crece. La Fed mantuvo el 29 con tres votos disidentes que rompieron la unanimidad de junio, el Banco de Inglaterra repitió el 30 con su ala dura ampliándose a tres consejeros, el Banco de Japón sostuvo su tasa el 31 pero lanzó la advertencia inflacionaria más firme de su historia reciente, y el Banco de la República cerró la ronda ese mismo día manteniendo en 12% cuando el mercado descontaba subir 50 puntos básicos. El denominador común no fue la convicción sino la fractura: cada junta pausó con una parte de sus miembros empujando en dirección contraria, la señal de un consenso que se agrieta. Por encima de todas gravita el mismo telón, un crudo que repuntó y reescribió las expectativas de inflación a ambos lados del Atlántico, de modo que las autoridades desarrolladas quedaron apoyadas en una desinflación energética que su propio escenario amenaza, y el mercado, que no la cree, empezó a cobrar por adelantado la subida que ninguna se atrevió a ejecutar.

La curva puso precio a esa factura de inmediato. El Tesoro estadounidense a 30 años se disparó al 5,22%, máximo de 19 años, no por más crecimiento sino por menos credibilidad, después de que Warsh titubeara sobre el propio termómetro de inflación que usará el banco. El movimiento contagió a Europa en un empinamiento sincronizado, con el Bund alemán en máximos desde mayo, y confirmó que la prima por plazo se expande hoy por desconfianza en quien debe contener los precios, no por vigor de la actividad. La eurozona le quitó al BCE la última excusa para no subir en septiembre al crecer el doble de lo previsto, Japón coordinó con Washington dos intervenciones para rescatar un yen en mínimos de cuatro décadas, y China aceptó caer en contracción antes que recortar tasas. La renta variable procesó el mismo entorno con una selectividad feroz, premiando a los pocos nombres que probaron el retorno de la inversión en inteligencia artificial —Microsoft y Amazon— y castigando a quien solo mostró su costo, como Meta.

Colombia entró en ese cuadro con ventaja y con advertencia. La sorpresa del Emisor, que mantuvo por convicción de que su tasa ya es suficientemente restrictiva, redujo el riesgo de mayor endurecimiento e impulsó al COLCAP cerca de 5,2%, con los TES capturando flujo institucional que huye del riesgo tecnológico y busca renta real, en una plaza que el capital global premia por descarte precisamente por no tener exposición a la IA que tiene en vilo a los índices desarrollados. Pero la Junta acompañó la pausa con dos señales que acotan el privilegio: un programa de acumulación de reservas por USD 4.000 millones que instala una demanda recurrente de dólares, y la advertencia explícita de que el ciclo de aumentos podría reanudarse. El peso lo entendió de inmediato al corregir $49,44 en una sola jornada tras el anuncio. Todo esto ocurre mientras el gobierno saliente entrega unas cuentas bajo lupa de la Contraloría, con un Presupuesto 2027 que destina más a intereses que a inversión y un faltante de $30,2 billones que hereda la nueva administración. La ventaja colombiana de financiarse barato mientras dura la calma cambiaria sigue intacta, pero descansa sobre soportes que la propia autoridad decidió moderar y que el crudo puede revertir en una semana.

 

I. Estados Unidos: la Fed pausa por quinta vez con tres disidencias mientras el tramo largo del Tesoro rompe al 5,22% y le pone precio a un banco central que discute subir sin decidirse a hacerlo

El 1,5% de crecimiento del segundo trimestre es una cifra que engaña a quien la lee de corrido. Quedó medio punto por debajo del 2,1% que esperaba el consenso, pero el faltante no salió del músculo de la economía sino de sus articulaciones más volátiles: el sector exterior drenó un punto porcentual entero y los inventarios otros dos tercios de punto. Cuando la contabilidad nacional resta comercio, existencias y gasto estatal para quedarse con la demanda que de verdad manda —las ventas finales a compradores privados nacionales—, el resultado salta al 3,9%, el paso más vivo desde principios de 2023 y más del doble del trimestre anterior. Es un dato que obliga a invertir la conclusión intuitiva: no hay enfriamiento, hay una economía interna corriendo mientras las importaciones adelantadas para ganarle al arancel empujan a la baja el agregado. El consumo lo confirma al pasar del 0,5% al 3,2% en un solo trimestre, apoyado en devoluciones fiscales abultadas y en el efecto riqueza de los hogares altos, aunque conviene descontar de ese brío lo que aportaron el Mundial y el ciclo electoral, empujes que se agotan solos. La inversión productiva sostiene el resto, con el equipo industrial en su mejor registro desde 2011, y toda la tracción concentrada en un mismo vórtice: la infraestructura de inteligencia artificial que Meta y Microsoft siguen alimentando sin freno. Solo la vivienda queda fuera de la fiesta, con otra caída del 3,9%, porque es el único gasto que se financia al precio del dinero que la Fed se niega a bajar.

Esa inversión residencial en negativo es la primera pista de que la política monetaria ya aprieta, y la inflación entrega la coartada para que siga apretando poco. El deflactor del consumo cedió al 3,7% y la subyacente al 3,3%, pero el mérito no es de la Fed sino del petróleo: un WTI que promedió 79 dólares en junio contra 88 en mayo hundió el componente energético casi un 6% en el mes. El problema de fiar la desinflación al crudo es que el crudo no firma contratos de permanencia. Julio cerró con el barril en 78 dólares, apenas por debajo, de modo que el alivio se repetiría una vez más en la próxima lectura, pero es un alivio prestado que cualquier reescalada en Oriente Medio revierte en una semana. El consumidor, entretanto, respiró: la confianza de Michigan saltó a 55,2 desde 49,5, máximo de cinco meses, y rebajó sus expectativas de inflación a un año del 4,6% al 4,2%. Es una mejora real, pero de nivel todavía alto, y descansa sobre la misma tregua energética transitoria, no sobre una convicción de que los precios están domados.

Con ese material sobre la mesa, la Fed hizo lo predecible y mantuvo el rango en 3,50%-3,75% por quinta vez seguida, pero lo que importa no es la pausa sino la grieta que la acompaña. La votación se partió 9 a 3, con Hammack, Kashkari y Logan reclamando un alza inmediata, y el detalle que importa es que su disidencia no fue por el dato del mes sino por el calendario del daño: llevan más de cinco años viendo la inflación sobre el 2% y temen que la ventana para un aterrizaje suave se cierre si esperan más. Tres votos en contra en un comité que venía de la unanimidad no son una nota al pie; son la primera fisura pública de un consenso que sostenía la paciencia. La coyuntura les da munición, porque el Brent volvió a superar los 100 dólares antes de recular hacia 90 el día de la reunión, la gasolina repasó los cuatro dólares por galón, y la demanda de la IA se perfila como una fuente de presión que no depende del petróleo y por tanto no cede con él. Lo único que ampara la espera es un mercado laboral que no se rompe pero tampoco acelera, un equilibrio demasiado frágil para cargar con toda la defensa del argumento gradualista.

Si la decisión estaba descontada, la conferencia no lo estaba, y de ahí salió el golpe de la semana. Warsh titubeó sobre si el PCE seguiría siendo el termómetro de inflación de la casa y no nombró sustituto alguno, una ambigüedad que al mercado le resultó más cara que las tres disidencias juntas. El tramo largo lo cobró en el acto: el Tesoro a 30 años se disparó al 5,22%, territorio no visto en 19 años, en una liquidación que un miembro del propio banco leyó como la señal de que hay que reforzar la credibilidad antiinflacionaria ahora y con pasos pequeños, no después y a los tumbos. La banca de inversión ratificó el giro adelantando a diciembre el alza que antes ubicaba bien entrado 2027 y advirtiendo que septiembre ya es un riesgo vivo. El mercado obedeció: la probabilidad de subida en septiembre bajó al 65% desde el 81% previo al comunicado, y para diciembre descuenta con más del 80% una tasa por encima de la actual. Por debajo de ese ajuste corre una inquietud de fondo, la propuesta de Warsh de recortar las ocho reuniones anuales vigentes desde 1981, que el mercado interpreta como menos orientación y menos visibilidad justo en el momento en que más las reclama de un presidente que aún no ha probado su mano.

El frente comercial siguió su goteo de presión sin novedad de método pero con acumulación de blancos. Cuarenta y tres empresas chinas entraron a la lista de trabajo forzoso uigur, que suma ya 187 entidades y toca aluminio, cobre, algodón y confección, y la jugada llegó un día después de una videoconferencia de alto nivel entre las dos capitales, un timing que Pekín denunció como coerción. La pieza encaja con los aranceles de la Sección 301 de la semana previa —Colombia incluida en el grupo del 12,5%— y confirma que Washington encontró en el argumento laboral la base legal para sostener el andamiaje arancelario sin depender de estatutos más disputados. El dato más revelador, sin embargo, no fue arancelario sino cambiario: una foto filtró un bloc de notas del Tesoro con la orden de comprar hasta 10.000 millones de dólares en yenes, y el propio Tesoro habría avisado a la banca de una posible intervención, la primera desde 2011. La divisa japonesa se apreció de inmediato. La señal es densa, porque el país que fuerza tasas altas y un dólar fuerte empieza a incomodarse con las consecuencias cambiarias de su propia postura, y considera intervenir para corregir a mano lo que su política monetaria produce por diseño.

Valoración. La economía estadounidense reparte esta semana dos verdades que no caben en la misma cifra, y quien lea solo el 1,5% se pierde la que manda. La demanda interna corriendo al 3,9% dice que no hay desaceleración; la dice sobre una inflación que solo cede porque el petróleo se lo permite, y ese permiso es revocable. Ahí reside la trampa que la Fed no puede desactivar: pausó apoyándose en una desinflación energética que su propio escenario bélico amenaza, y lo hizo con tres gobernadores diciéndole en voz alta que se equivoca. La fractura interna es el verdadero acontecimiento, no la tasa, porque un comité que pasa de la unanimidad a tres disidencias en seis semanas anuncia que la próxima decisión ya no la gobierna el dato sino el pulso entre quienes temen a la inflación y quien todavía no convence a nadie de cómo va a vencerla. El riesgo latente no es que la inflación suba, es que suba mientras la autoridad que debe contenerla discute con qué termómetro medirla, y esa combinación de precios al alza y credibilidad a la baja empina el tramo largo hasta convertirlo en el verdadero fijador del costo del dinero. Ahí se desplazó la ventaja: el bono a 30 años en máximos de casi dos décadas ya no descuenta recortes sino que exige prima a un banco central sin brújula visible, y esa prima —no la tasa de política— es la que hoy encarece cada refinanciación soberana y cada hipoteca de la economía real.

 

II. Europa: el PIB del segundo trimestre duplica lo previsto y le quita al BCE la última excusa para no subir en septiembre, mientras Alemania roza los tres millones de desempleados y el Banco de Inglaterra ve crecer su ala dura

La inflación de la eurozona volvió a moverse al alza en julio hasta el 2,9% anual desde el 2,8% de junio, y la energía explica el movimiento: se disparó al 10,0% interanual, arrastrada por un crudo que la guerra de Irán mantiene tensionado. La subyacente acompañó el repunte al 2,5% desde el 2,4%, con los servicios en 3,3% y los bienes industriales no energéticos escalando al 0,9%, mientras los alimentos se moderaron al 1,2%. La composición separa dos inflaciones distintas dentro del mismo número: una importada, de oferta, que entra por la factura energética y sobre la que el BCE no manda, y una doméstica, de servicios, que sigue anclada por encima del 3% y que es la que de verdad mide si el ancla de precios resiste. El repunte fue transversal —Alemania, Francia, España y Países Bajos al alza, solo Italia a la baja—, y esa sincronía descarta que se trate de un episodio nacional aislado. El dato de julio no decide nada por sí solo, porque antes de la reunión de septiembre llega otra lectura de agosto y el petróleo ya probó ser demasiado volátil para fiarse de un mes, pero fija la dirección del viento con el que el banco navega hacia esa cita.

Lo que cambió el equilibrio de la semana no fue la inflación sino el crecimiento, porque el PIB de la eurozona avanzó 0,4% en el segundo trimestre, exactamente el doble de lo previsto, y en tasa anual aceleró al 1,0% desde un 0,5% revisado al alza. Ese dato demuele el único argumento que sostenía la prudencia del BCE: durante meses la objeción a subir fue que una economía al borde de la recesión no aguantaría el endurecimiento, y una eurozona que crece al doble de lo esperado desactiva esa coartada. La sorpresa vino de donde menos se esperaba, con Alemania creciendo 0,9% anual gracias a un sector exterior que probablemente refleja compras adelantadas ante el temor a disrupciones de suministro, un empuje que se agota solo y que no debe confundirse con demanda final sana. España lideró entre las grandes con un 2,7% anual traccionado por su demanda interna, y Francia apenas cedió al 0,7%. Con la inflación repuntando por energía y el crecimiento desmintiendo el fantasma recesivo, el BCE se queda sin defensas para no validar el alza que su propio escenario de referencia ya incorpora para el 10 de septiembre. El mercado fue más lejos que los economistas: descuenta por completo movimientos en octubre y abril hacia un depósito del 2,75%, mientras el consenso de analistas, más cauto, apuesta por una sola subida adicional.

Alemania encierra la contradicción que define el momento europeo, porque el mismo trimestre que batió expectativas de crecimiento dejó un mercado laboral que se deteriora sin pausa. El desempleo ajustado subió al 6,4% desde el 6,3% y rozó los 2,99 millones de personas, a un paso del umbral políticamente sensible de los tres millones que el país no veía de forma sostenida en más de una década. La ocupación cae un 0,5% interanual, con 223.000 empleos menos que hace un año, y las 653.000 vacantes registradas confirman una demanda de trabajo que no responde al repunte del PIB. Es la firma de un crecimiento que llega por el canal exterior y no por la contratación interna, un patrón frágil porque descansa en el adelanto de compras y no en la confianza del consumidor, que sigue deprimida. La inflación alemana, además, se aceleró al 2,8% desde el 2,4% por la misma vía energética, de modo que el hogar germano enfrenta la peor mezcla de corto plazo: precios que suben y un empleo que no termina de afianzarse, la combinación que mantiene al consumo privado como lastre y no como motor.

España ofrece el reverso luminoso y también su propia sombra. El PIB creció 0,7% en el trimestre, una décima más que el anterior, sostenido por el consumo de los hogares y la inversión, con la industria como el sector más dinámico y un empleo que suma horas trabajadas al 2,8% interanual. Pero debajo de ese liderazgo asoma un desajuste fiscal que la bonanza cíclica disimula, porque el gasto primario de las administraciones creció 7,4% interanual en el primer trimestre, más del doble del 3,4% comprometido con Bruselas, y el déficit solo se sostiene estable gracias al fuerte aumento de los ingresos, no por contención del gasto. La desviación es transversal a todos los niveles de gobierno y se agrava con el ejercicio, y la deuda pública tocó un nuevo máximo histórico de 1,739 billones de euros pese a que la ratio sobre PIB mejora al 101,6% por el efecto del crecimiento nominal, no por reducción del volumen absoluto. Es la misma aritmética que gobierna a tantas economías esta semana: un Estado que se expande sobre una base que crece a la mitad de su ritmo, un problema que el ciclo esconde mientras dura y que la próxima desaceleración expondrá sin piedad.

El Reino Unido repitió el guion de la Fed con notable fidelidad. El Banco de Inglaterra mantuvo la tasa en 3,75%, pero la votación se abrió a 6-3 con tres consejeros pidiendo subir, uno más que en junio, la misma señal de un ala dura que crece dentro de un comité que aún resiste. El fundamento de la espera es sólido, con la subyacente moderándose al 2,6% desde el 3,2% de febrero, los salarios desacelerando al 3,4% y la general cediendo, sin efectos de segunda ronda visibles todavía. La ventaja británica es que sus tipos son los más altos entre los grandes bancos centrales y siguen en terreno restrictivo, lo que le da margen para observar antes de actuar. El bono a 10 años recogió esa lectura al ceder al 4,99%, aunque acumuló 23 puntos básicos de alza en el mes, con el mercado descontando hasta dos subidas hacia finales de 2027 frente a una autoridad que preferiría no mover. En el frente fiscal, el gobierno anunció la descentralización de la gestión de tributos locales hacia las administraciones regionales, un cambio de arquitectura que traslada responsabilidad recaudatoria al territorio.

Un estudio del Banco de Italia añadió esta semana una nota de calado que trasciende la coyuntura y merece registro. El economista Massimiliano Affinito documentó que la entidad usó su balance como instrumento de política monetaria de facto durante todo el siglo XX, contrayéndolo ante los choques inflacionarios y las depreciaciones cambiarias, y expandiéndolo para estimular crecimiento. La conclusión relevante para hoy no es histórica sino de mecánica monetaria: esa herramienta fue poderosa precisamente porque faltaban mercados financieros profundos y líquidos que transmitieran la tasa de interés, y a partir de los años ochenta el tipo oficial relevó al balance como palanca principal. El episodio recuerda que la elección del instrumento no es neutral ni permanente, sino que depende del grado de desarrollo del sistema financiero, una lección aplicable a cualquier economía que aún construye la profundidad de mercado necesaria para que la señal de tasas se transmita con eficacia.

Valoración. Europa llegó a esta semana necesitando dos confirmaciones para justificar el giro que el BCE ya insinuaba, y las recibió ambas: la inflación repuntó por energía y el crecimiento desmintió el riesgo de recesión, de modo que el banco se quedó sin la excusa del crecimiento débil para posponer el alza de septiembre. El problema es que sube por la razón incómoda, no por recalentamiento de su demanda interna sino por una inflación importada que entra por el crudo, y ese matiz define el riesgo que corre todo el continente: endurecer contra un choque de oferta castiga a una economía cuya debilidad de fondo sigue siendo la demanda, no el exceso. Alemania es la prueba viva de esa tensión, con un PIB que engaña al alza mientras el empleo se acerca a los tres millones de parados, y ese contraste entre el dato de crecimiento y el del paro es el que desnuda un ciclo que no contrata. España añade la otra advertencia, la del Estado que gasta muy por encima de lo pactado y solo se salva por unos ingresos que el ciclo infla, un privilegio con fecha de caducidad. La divergencia entre lo que descuentan los bonos y lo que proyectan los economistas quedó escrita en la reacción a la semana, con el precio de mercado apostando por más subidas de las que el consenso considera prudentes, y esa brecha es la que gobernará la volatilidad de la curva europea hasta que agosto entregue el dato que incline la balanza. El BCE subirá a regañadientes, igual que el Banco de Inglaterra resiste con su ala dura creciendo, porque ninguno de los dos sube por convicción sobre la fortaleza de su economía sino por desconfianza sobre la duración de un choque energético que no controlan.

 

III. Asia: China cae en contracción por primera vez en el año y renuncia al estímulo monetario, mientras Japón vira a un tono duro y coordina con Washington dos intervenciones para rescatar un yen en mínimos de cuatro décadas

La actividad china entró en terreno de contracción en julio, la primera vez en el año que los tres PMI oficiales caen por debajo de 50. El manufacturero retrocedió a 49,2 desde 50,3, el no manufacturero a 49,0 —su nivel más bajo desde diciembre de 2022—, y el compuesto a 49,3 desde 50,6, todos por debajo de lo que proyectaba el consenso. El deterioro combina un factor cíclico y uno pasajero: la demanda interna sigue sin despegar en las industrias de bienes de consumo y de alto consumo energético, y a eso se sumaron condiciones meteorológicas adversas que golpearon la construcción y hundieron la actividad a su registro más flojo desde el inicio de la pandemia. El PIB del segundo trimestre quedó por debajo del objetivo oficial del 4,5%-5,0%, y la respuesta de Pekín define su doctrina económica con más claridad que cualquier cifra: descartó estímulos monetarios de corto plazo y optó por acelerar la emisión de bonos y el gasto público, canalizados hacia alta tecnología, estabilización inmobiliaria y reforma bancaria. Es una decisión ordena prioridades, porque un gobierno que ve su economía en contracción y aun así rehúsa recortar tasas está subordinando el alivio cíclico a un objetivo mayor, el de reasignar capital hacia los sectores que considera estratégicos sin reavivar los desequilibrios que una expansión monetaria clásica volvería a inflar.

El frente comercial mantuvo la coreografía de distensión aparente y presión efectiva. He Lifeng sostuvo una videollamada con Bessent y Greer que ambas partes calificaron de franca y constructiva, en teoría para implementar el consenso que Xi y Trump alcanzaron en la cumbre de mayo en Pekín, pero el gesto convivió con una batería de restricciones que desmiente la calma. Washington cortó financiación del Pentágono a las universidades de Fudan y Jiao Tong, incluyó a China en el arancel del 12,5% por trabajo forzoso, amenazó con sancionar a tecnológicas chinas por la presunta destilación de modelos de IA estadounidenses y prohibió la importación de robots humanoides, un rubro que China provee de forma dominante. Pekín trasladó su descontento mientras Bessent le exigía cumplir sus compromisos en tierras raras y agrícolas. La secuencia dibuja una relación donde cada llamada cordial va escoltada por una nueva restricción, y el calendario le pone fecha a la prueba de fuego: la visita de Estado de Xi a Washington el 24 de septiembre, la primera de un mandatario chino desde 2015, que medirá si la diplomacia de alto nivel logra contener una guerra tecnológica que sus propios equipos alimentan cada semana.

Japón entregó el giro monetario más significativo del bloque sin tocar la tasa. El Banco de Japón mantuvo el tipo en 1,0%, como se esperaba tras la subida del mes previo al máximo en 31 años, pero acompañó la pausa con la advertencia más dura de su historia reciente: por primera vez señaló que la inflación subyacente podría desbordar el objetivo del 2% y anunció que la discusión de septiembre girará en torno a los riesgos al alza de los precios. Ueda fue explícito al decir que retrasar las medidas necesarias podría materializar el riesgo y dañar la economía, un lenguaje que sitúa una subida en septiembre u octubre sobre la mesa y hace plausible otra a comienzos de 2027. El consejero Takata disintió pidiendo subir ya al 1,25%. El informe trimestral identificó los motores de esa inflación con precisión: la robusta demanda de IA, las fluctuaciones cambiarias y el conflicto en Oriente Medio, y a esos factores se suma un círculo virtuoso de salarios y precios que se consolida, con negociaciones salariales superando el 5% por tercer año consecutivo y un crédito creciendo al 5,7%, su ritmo más rápido en más de tres décadas fuera de la pandemia. La producción industrial acompañó el diagnóstico al crecer 4,2% anual, traccionada por la fabricación de chips, mientras las ventas minoristas cayeron 4,1% mensual, la señal de un consumo que la inflación empieza a erosionar. El IPC de Tokio, indicador adelantado del nacional, repuntó al 2,0% desde el 1,7%.

El verdadero acontecimiento japonés de la semana no fue el banco central sino la divisa, y la doble intervención que la rescató. El yen tocó mínimos de casi cuarenta años, una debilidad que BCA Research atribuye ya no al diferencial de tasas tradicional sino a la política monetaria acomodaticia de un banco con tipo real en -0,75% mientras la economía muestra señales de sobrecalentamiento. Tokio actuó dos días seguidos: intervino primero en el mercado de Nueva York comprando yenes el jueves, y repitió el 31 de julio por la tarde, llevando la moneda desde la franja baja de 159 hasta cerca de 157,20 por dólar, una apreciación de casi dos unidades en menos de una hora con un salto de volumen que delató la mano oficial. La operación tuvo respaldo explícito de Washington, con Bessent reconociendo que el yen parecía muy infravalorado, y encaja con la nota que su propio bloc filtró sobre comprar hasta 10.000 millones en yenes. La coordinación entre las dos capitales es la novedad estratégica, porque revela un interés compartido en frenar una depreciación que a Japón le encarece las importaciones y le castiga al hogar, y que a Estados Unidos le distorsiona la competitividad comercial. La aritmética le juega a favor a Tokio: su cuenta de reservas cerró el año fiscal con un superávit de 31.000 millones de dólares, el segundo más alto registrado, precisamente porque el yen débil infló el rendimiento en moneda local de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense, de modo que financia sus intervenciones con las ganancias que la propia debilidad generó.

El contrapunto de todo ese endurecimiento lo puso el propio gobierno japonés al recortar su previsión de crecimiento. La Oficina del Gabinete rebajó la estimación de PIB para el año fiscal 2026 al 0,9% desde el 1,3%, un ajuste de cuatro décimas que atribuyó al alza del petróleo por el deterioro geopolítico, elevando su supuesto de crudo de 68 a 92,5 dólares por barril. Es la misma tensión que atraviesa a todos los bancos centrales de la semana, condensada en un solo país: una autoridad monetaria que se prepara para subir por riesgo inflacionario mientras el brazo fiscal recorta crecimiento por el mismo choque energético que alimenta esa inflación. La proyección de largo plazo apuesta a que la adopción de IA y la inversión de capital eleven el crecimiento potencial desde su estancamiento cercano a cero hasta el 1,8% hacia 2036-2040, una hoja de ruta que subordina la sostenibilidad de la deuda —proyectada a la baja del 188,4% al 170,6% del PIB— al cumplimiento pleno de esa estrategia de productividad.

Valoración. Asia expone esta semana dos maneras opuestas de gestionar la misma presión de tasas altas y tensión geopolítica, y el contraste ordena la lectura. China elige el control sobre el alivio, aceptando una economía en contracción con tal de no recortar tasas, porque prefiere reasignar capital por decreto hacia sus sectores prioritarios antes que reavivar los excesos que una expansión monetaria clásica multiplicaría, una coherencia de horizonte largo que sacrifica la recuperación inmediata y encarece la previsibilidad que el inversor global reclama. Japón hace lo contrario y transita hacia la normalización por la puerta que todo banco central envidia, con una inflación que se afianza por salarios y traslado de costos y no por un choque que obligue a subir con violencia, aunque su lujo tiene un pasajero incómodo, el yen en mínimos de cuatro décadas que ni siquiera dos intervenciones coordinadas con Washington corrigen de raíz. Ese yen que no responde al diferencial de tasas ni a la intervención oficial es la variable a vigilar, porque revela que el mercado dejó de creer en las herramientas convencionales, y el carry trade financiado en yenes acumula un posicionamiento corto cuya reversión brusca puede sincronizar volatilidad en toda la región. Lo que la coordinación cambiaria entre Tokio y Washington marca es un punto de inflexión, el reconocimiento de que la debilidad del yen dejó de ser un problema japonés para volverse una distorsión que a Estados Unidos también le incomoda, y que el ancla del carry global se acerca al momento en que la subida japonesa lo obligue a deshacerse, con las consecuencias que eso arrastra sobre cada activo financiado con dinero barato en yenes.

 

IV. México y Brasil: los dos gigantes de la región crecen por encima de lo esperado, pero el brío mexicano nace con fecha de caducidad del Mundial y el brasileño convive con un déficit que roza el 10% del PIB y una regla fiscal que su propio Tesoro declara inalcanzable

México sorprendió al alza con un PIB que aceleró al 2,1% anual en el segundo trimestre, su mejor registro desde finales de 2023, y un avance trimestral del 1,5% que revirtió la contracción del arranque del año. La composición reparte el mérito de forma desigual: las actividades primarias saltaron 7,3% anual por una mejora de la productividad del campo, las terciarias crecieron 2,5% y las secundarias apenas 0,8% tras la caída previa. El dinamismo se concentró en servicios, que pesan cerca del 65% del PIB y siguen siendo el determinante del resultado agregado, con un aporte notable de la manufactura no automotriz creciendo cerca del 20% anual por la exportación de equipo para centros de datos hacia Estados Unidos. La advertencia viene incorporada al propio dato, porque buena parte del impulso salió del Mundial 2026 y de factores que perderán intensidad en el segundo semestre: el evento se agota por definición, y las remesas, el turismo y la fortaleza estadounidense que sostuvieron el consumo empiezan a normalizarse. Banamex proyecta un cierre de 2026 en apenas 1,3% y un 2027 en 1,8%, con lo que México acumularía cuatro años por debajo del promedio de 1,8% que registró entre 2000 y 2018. El crecimiento del trimestre es real, pero descansa sobre pilares transitorios, y la moderación posterior expondrá la tendencia de fondo que el efecto Mundial hoy disimula.

Ortiz, exgobernador de Banxico, cuestionó la lista de logros económicos que presentó Sheinbaum y la calificó de manipulación estadística, no porque los datos sean falsos sino porque el efecto base los infla: comparar un repunte contra un mínimo previo exagera la recuperación, y la productividad laboral cayó 0,5% anual en el primer trimestre, con un retroceso del 1,2% en la industria. El señalamiento tiene raíz en la composición de los flujos de capital, porque la inversión reinvertida representó el 68% de la inversión extranjera directa en 2025 mientras la nueva apenas alcanzó el 18%, muy por debajo del 44-48% de 2021-2022, un reparto que revela más retención de utilidades que apuesta fresca por el país. La distinción de Ortiz es la que importa para el inversor: gestionar el ciclo con disciplina, algo que reconoce a esta administración, no equivale a resolver los problemas de raíz de gobernanza, inseguridad, debilidad del Estado de derecho y corrupción que explican años de bajo crecimiento. La deuda pública neta subió al 51% del PIB desde el 49,5% de hace un año, un nivel que Hacienda defiende como sostenible y por debajo del promedio regional, pero que crece en un contexto donde la revisión del T-MEC sigue limitando la inversión y donde las imputaciones de la fiscalía estadounidense contra funcionarios por vínculos con el narcotráfico añaden una prima de riesgo político que ninguna estadística de crecimiento compensa.

Brasil ofrece el contraste más aleccionador de la región, porque combina un mercado laboral en su mejor momento histórico con una posición fiscal que se acerca al abismo. El desempleo cayó al 5,4% en el segundo trimestre, mínimo desde que arranca la serie en 2012, con 103,1 millones de ocupados —cifra récord— y 39,4 millones de empleos formales. La paradoja es que ese vigor laboral convive con una Selic del 14,25%, una de las tasas reales más altas del mundo, y el propio mercado de trabajo mitiga el impacto del costo del dinero sobre el empleo al sostener consumo, pedidos y producción. Las cuentas externas acompañaron la buena racha, con exportaciones récord de 36.400 millones de dólares en junio, un superávit comercial que casi se duplicó y un déficit de cuenta corriente que se redujo a la mitad interanual. Pero toda esa fortaleza real se estrella contra la aritmética fiscal, porque el déficit presupuestario total se amplió al 9,99% del PIB en los doce meses hasta junio, su nivel más alto desde la pandemia, y el pago de intereses explica la casi totalidad de ese desajuste con un 8,80% del PIB. La deuda bruta subió al 81,9% del PIB, diez puntos por encima de donde estaba cuando Lula asumió en 2023. El país crece, contrata y exporta como pocas veces, y aun así el mercado le cobra rendimientos a diez años por encima del 14%, la prueba de que el problema brasileño no es de actividad sino de sostenibilidad de la deuda.

El propio Tesoro brasileño documentó ese desajuste en un informe que se lee como una confesión. Las metas fiscales del gobierno se vuelven inalcanzables a partir de 2028, y ninguna medida permitida cierra la brecha que se abre bajo el objetivo, que escala de 10.000 millones de reales en 2028 a 136.400 millones en 2030 incluso asumiendo que el Estado congele todo lo congelable. El diseño delata su intención política, porque el tramo de metas cumplibles termina justo en 2028, al cierre del mandato presidencial en curso, de modo que la consolidación quedó hipotecada a un gobierno futuro que nadie tiene garantizado integrar. La regla fiscal de 2023 solo disciplina el gasto discrecional y no toca el obligatorio —pensiones, prestaciones, pisos de salud y educación—, que crece al 2,7% real y obliga a la porción discrecional a contraerse 3,2% anual, una disciplina de nombre que aplaza la decisión de fondo sobre dónde poner el límite verdadero. El precedente europeo que cita el análisis es la advertencia pertinente: desmontar la indexación del gasto social es fácil de legislar y traumático de revertir, como Italia comprobó al desmantelar su scala mobile en una década que incluyó una crisis cambiaria. El FMI ya fue explícito en mayo al reclamar reformas de calado para encauzar la deuda a la baja y abordar las rigideces del gasto.

Valoración. México y Brasil crecen esta semana por encima de lo esperado, y en ambos casos el dato de actividad es la parte fácil que esconde el problema difícil. México debe casi todo su brío a un Mundial que ya terminó y a unos motores externos que empiezan a normalizarse, de modo que su 2,1% es un techo cíclico y no un piso firme, y la crítica de Ortiz apunta al nervio del asunto, que gestionar bien el ciclo no resuelve la productividad estancada, la inversión que se retrae ni la gobernanza que el crimen organizado erosiona. Brasil expone la contradicción en su forma más pura, un país que contrata como nunca y exporta cifras récord mientras su déficit roza el 10% del PIB y su propio Tesoro admite por escrito que las metas son inalcanzables, un contraste que separa con nitidez la salud de la economía real de la enfermedad de sus cuentas públicas. El peligro es el mismo en las dos economías, el de un Estado que se financia cada vez más caro sobre una base que no crece a la par, con la diferencia de que Brasil ya paga ese riesgo en una Selic del 14,25% y rendimientos sobre el 14%, mientras México todavía disfruta de un colchón que la revisión del T-MEC y la infiltración criminal amenazan con erosionar. El veredicto ya está escrito en el precio de la deuda brasileña, y la disciplina que hoy tranquiliza a los mercados es un aplazamiento, no una solución, porque la lata que se patea por el camino solo llega hasta donde la coalición que sostiene el gasto decida dejar de patearla.

 

V. Colombia: el Banco de la República sorprende al mantener la tasa en 12% cuando el mercado descontaba subirla, la acompaña con un programa de compra de reservas por USD 4.000 millones, y todo ocurre en la última reunión de un gobierno que entrega las cuentas bajo lupa de la Contraloría

El Emisor rompió el guion del mercado al dejar la tasa de política en 12% cuando el consenso descontaba un alza de 50 puntos básicos, una decisión dividida con cuatro votos a favor de mantener y tres por subir. El argumento de la mayoría fue que el nivel actual ya es suficientemente restrictivo para llevar la inflación al 3% en el mediano plazo, y que conviene evaluar el efecto acumulado del endurecimiento previo antes de moverse otra vez. La inflación de junio subió al 6,1% impulsada por alimentos (6,8%) y regulados (5,9%), la básica se mantuvo estable en 6,0%, y las expectativas de los analistas para diciembre de 2026 y 2027 no ceden, situadas en 6,6% y 5,0%. La actividad, en cambio, acompaña con vigor, con el ISE de mayo en 4,1% anual, una proyección de PIB del 2,5% para el año y el desempleo cayendo al 8,0%. La apreciación del peso ayudó a contener presiones, aunque el conflicto en Oriente Medio y el probable Niño amenazan con reavivarlas. La división de la Junta es la señal a retener: tres directores votando por subir sobre una inflación que se aleja de la meta anticipan que el próximo movimiento del Emisor, si las expectativas siguen desanclándose, será retomar el ciclo alcista, no iniciar el recorte que la economía todavía no puede permitirse.

Junto a la tasa, la Junta anunció un programa de acumulación de reservas por hasta USD 4.000 millones, ejecutado mediante subastas mensuales de opciones put con cupos de hasta USD 400 millones, la primera de ellas el 3 de agosto. Los tenedores solo podrán vender dólares al Banco cuando la TRM se ubique por debajo de su promedio móvil de veinte días, de modo que las compras se concentrarán en episodios de apreciación del peso. La combinación de ambas medidas altera el soporte de la moneda de forma sutil pero relevante, ya que una tasa menos restrictiva de lo esperado reduce el diferencial que venía atrayendo capital, mientras el programa instala un comprador institucional que aparecerá justo cuando el peso profundice sus caídas. El resultado no es un piso para el USD/COP ni una defensa de nivel, sino un cambio en la mecánica del mercado: las presiones a la baja sobre el dólar seguirán encontrando respaldo en el carry y en la demanda por activos locales, pero ahora enfrentarán una demanda recurrente de divisas por parte del Emisor. Como las compras serán esterilizadas, el programa no toca la postura monetaria, pero sí modera la velocidad de apreciación y eleva la sensibilidad de la tasa de cambio ante cualquier reversión del apetito por riesgo. El exministro Ocampo respaldó la intervención y pidió acentuarla si no revierte la tendencia, advirtiendo que la apreciación castiga a exportadores y competidores de importaciones y agrava el déficit de cuenta corriente.

La reunión fue la última del ministro Ávila, que entrega la cartera con la llegada del nuevo Gobierno y deja radicado un Presupuesto 2027 por $575,6 billones, equivalente al 27% del PIB, con un faltante de $30,2 billones que depende de una ley de recursos adicionales aún por aprobar. El servicio de la deuda asciende a $118 billones y supera a la inversión de $90 billones, con los intereses solos consumiendo $88 billones, mientras funcionamiento e inversión crecen apenas 0,5% nominal, por debajo de la inflación proyectada de 4,4%, lo que implica una caída real de ambos. La reforma tributaria que acompaña el presupuesto busca $22 billones, insuficiente incluso en el mejor escenario para cerrar la brecha, de modo que persistiría un hueco cercano a $8 billones a financiar con más deuda. Bancolombia proyecta que el déficit fiscal cierre 2026 en 6,5% del PIB, muy por encima del 5,3% que estimó Hacienda, y anticipa que la tasa de intervención suba a 12,75% al cierre del año. El propio Ávila reconoció que corregir el desbalance exige reformas de gran calado —tributaria, reducción de rentas de destinación específica, menor inflexibilidad presupuestal—, un diagnóstico honesto que hereda íntegro el gobierno entrante.

La transición dejó un flanco de gobernanza que la Contraloría vigila en tiempo real. El órgano de control detectó compromisos por cerca de $4 billones entre el 22 de junio y el 21 de julio, con unos 14.000 contratos suscritos en su mayoría por contratación directa tras levantarse la restricción de la ley de garantías, y activó una función de advertencia por la presión de caja que esos contratos trasladan al segundo semestre y a las reservas presupuestales del próximo año. Ávila defendió los giros como cumplimiento de obligaciones permanentes, recordando que el Estado debe transferir obligatoriamente unos $30 billones mensuales. Más de fondo corre la investigación sobre el canje de TES de octubre pasado, que la Contraloría remitió a la Procuraduría: la operación intercambió títulos por $43,4 billones con cupones cercanos al 7,25% por nuevos bonos al 11,75% y 12%, reduciendo el saldo nominal en ocho billones pero elevando los pagos anuales de intereses en unos $316.500 millones. El cuestionamiento no es de legalidad sino de equidad intertemporal, porque el organismo sostiene que la estrategia alivió la liquidez presente a costa de trasladar cargas financieras a las administraciones futuras, una lógica que atraviesa toda la herencia fiscal del cambio de gobierno.

La inversión extranjera en TES creció $44,9 billones en el último año, pero un solo gestor, Pimco, explicó $38,7 billones de ese aumento, cerca del 86% del total, elevando su participación dentro del grupo de extranjeros del 14,8% al 26,8% en seis meses. El resto del capital offshore hizo lo contrario, con Citibank, Santander, JP Morgan, BBVA y BNP Paribas reduciendo tenencias, de modo que sin Pimco el saldo extranjero habría caído cerca de $26,7 billones en el semestre. La aparente confianza offshore engaña, porque lo que el mercado interpreta como demanda extranjera amplia es en realidad la apuesta de un comprador dominante que compensa la salida del resto, una concentración que vuelve al financiamiento soberano rehén de las decisiones de cartera de un único fondo. En el frente del propio Emisor, sus utilidades cayeron 42% en el primer semestre a $4,4 billones, apenas el 45% de la meta anual de $9,6 billones consignada en el Marco Fiscal, un faltante que también terminará pesando sobre las cuentas públicas.

Valoración. El Banco de la República entregó la sorpresa monetaria de la semana en la región, y su decisión de mantener cuando el mercado pedía subir se lee mejor como cálculo que como señal de alivio. La Junta apostó a que el endurecimiento acumulado basta para doblegar una inflación de 6,1% que todavía sube, pero lo hizo con tres directores en contra y con las expectativas desanclándose, de modo que la pausa no cierra el ciclo alcista sino que lo aplaza, y el peligro es que el Niño, las tarifas de energía y el traslado del salario mínimo obliguen a retomarlo desde una posición más rezagada. El programa de reservas es el movimiento más calculado de la semana, porque reconoce que la apreciación del peso llegó a un punto que perjudica al exportador y agrava el desequilibrio externo, e instala una demanda de dólares que aparecerá precisamente cuando el peso más se fortalezca, quitándole linealidad a una revaluación que el mercado daba por descontada. Debajo corre la disociación que define el momento colombiano, entre una economía real que acelera —ISE en 4,1%, desempleo cayendo— y unas cuentas públicas que se deterioran sin pausa, con un presupuesto que destina más a intereses que a inversión y un déficit que Bancolombia ve en 6,5%, la misma brecha que define a Brasil pero sobre una base fiscal más estrecha. El privilegio de financiarse mientras dura la calma cambiaria descansa hoy sobre dos soportes igual de reversibles, la apreciación del peso que el propio Emisor decidió moderar y la apuesta solitaria de Pimco que sostiene artificialmente la demanda de TES, y la herencia fiscal que recibe el nuevo Gobierno —el faltante de $30,2 billones, el canje de deuda bajo investigación y la contratación acelerada de la transición— convierte cada una de esas reversiones potenciales en un riesgo que ya no es hipotético sino de calendario.

 

VI. Mercados financieros

Renta variable

Wall Street cerró la semana al alza pese a una volatilidad considerable. El S&P 500 avanzó 1,0% hasta 7.489,72 puntos, el Dow ganó otro 1,0% hasta 52.485,03 y el Nasdaq subió 1,6% hasta 25.373,85, aunque el recorrido fue accidentado: el giro duro de la Fed —la pausa con votación dividida que llevó el Tesoro a 30 años sobre el 5,22%— golpeó primero a las acciones de crecimiento, las más sensibles al costo del dinero, antes de que los resultados corporativos revirtieran la caída de mitad de semana. La temporada de utilidades trazó una línea nítida entre ganadores y perdedores de la inversión en inteligencia artificial. Microsoft se disparó 21,75% tras proyectar un crecimiento de Azure muy por encima de lo esperado, con una ganancia de capitalización récord en una sola sesión superior a 485.000 millones de dólares, y Amazon subió cerca de 15,3% por el fuerte avance de su negocio en la nube. Oracle ganó 12,94% tras ampliar su alianza con Google Cloud. En la otra cara, Meta se hundió 6,47% con un beneficio por acción de 6,18 dólares por debajo de lo esperado y un flujo de caja libre que cayó 91% hasta 784 millones por el salto en gastos de IA. La diferencia entre Microsoft y Meta condensa el criterio del mercado: las dos gastan fortunas en inteligencia artificial, pero Azure ya factura ese gasto mientras el flujo de Meta se desplomó cargándolo, y el capital pagó por la primera y castigó a la segunda.

Apple cayó 7,3% pese a un alza del 22% en ventas de iPhone, porque la escasez de chips le encareció los componentes y le recortó producción del trimestre. SpaceX perdió 36% de su valor, con una reducción de capitalización cercana a 1,2 billones de dólares tras caídas acumuladas. En el sector energético, Chevron reportó un beneficio neto casi 400% superior interanual y ganancias ajustadas de 6,06 dólares por acción por encima de lo previsto, gracias al petróleo alto que dejó la guerra con Irán, aunque ExxonMobil cedió 1% porque su capacidad limitada de refino le impidió capturar del todo esos precios. Novo Nordisk se hundió 10% tras el fracaso de un ensayo clínico en fase III. Las bolsas europeas cerraron con avances ligeros en una sesión cauta por los riesgos del conflicto iraní de cara al fin de semana, con el CAC 40 subiendo 0,3%, el Euro Stoxx 50 un 0,2% y el IBEX 35 un 0,1%, los dos últimos tras marcar máximos históricos intradía que moderaron al cierre. Entre los valores europeos destacaron Electrolux (+21,64%), que batió previsiones por su plan de ahorro de costos justo cuando la demanda estadounidense da señales de agotamiento, y Adidas (-8,18%), castigada porque el impulso comercial del Mundial no bastó para despejar las dudas sobre su trayectoria.

Colombia protagonizó el mejor desempeño relativo de la semana con catalizadores enteramente propios. El MSCI COLCAP se valorizó cerca de 5,2% hasta 2.392,10 puntos, con el grueso del avance concentrado en las jornadas del jueves y viernes tras la decisión sorpresiva del Emisor de mantener la tasa en 12% frente a la expectativa de subirla, un desenlace que redujo el riesgo de mayor endurecimiento e impulsó especialmente a las acciones financieras. El rally se apoyó además en la percepción de que el índice sigue cotizando por debajo de su valor justo, lo que despertó apetito institucional por la renta variable local, y en el buen comportamiento de Ecopetrol, favorecida por la recuperación del petróleo y por las expectativas de un giro estratégico tras la salida de Ricardo Roa. En el frente corporativo, el Grupo Cibest anunció que Nequi arrancará como entidad financiera independiente dentro del holding desde el 1 de septiembre, y el mercado local se alista para la temporada de resultados que abren Ecopetrol, ISA, Mineros y PEI la próxima semana. Las mayores valorizaciones de la jornada final fueron PF Grupo Argos (5,37%), Celsia (3,41%) y Bogotá (3,36%), con Ecopetrol liderando el volumen negociado.

 

Renta fija

La curva de TES tasa fija se valorizó en la mayoría de sus nodos con un movimiento no paralelo, con las mayores ganancias en el tramo medio, lo que aplanó la curva frente al tramo corto y la empinó levemente en el extremo largo. El soporte vino de varios frentes: la valorización de los Tesoros estadounidenses durante buena parte de la semana, la apreciación del peso, la caída de la prima de riesgo soberano y las expectativas de medidas para estabilizar las finanzas públicas. La contención llegó por el flanco fiscal, porque el elevado endeudamiento, el Presupuesto 2027 por $575,6 billones y la necesidad de una nueva ley de financiamiento frenaron la valorización de algunas referencias largas. La única desvalorización fue noviembre de 2027 (+12,9 pbs), mientras las mayores ganancias se concentraron en agosto de 2029 (-29,4 pbs), marzo de 2031 (-26,8 pbs) y mayo de 2042 (-25,5 pbs). Los TES UVR mostraron un comportamiento mixto con marcado aplanamiento, con el tramo corto presionado por la oferta de agentes extranjeros, factores técnicos y baja liquidez, y los plazos largos sostenidos por la demanda de cobertura ante la expectativa de una inflación local que sigue alta. La decisión del Emisor de mantener la tasa en 12% llegó tras el cierre del mercado, de modo que no movió la curva de la semana, pero pesará en las próximas jornadas, sobre todo porque la Junta señaló que el ciclo de aumentos podría reanudarse.

El movimiento local no puede leerse sin la curva estadounidense, que marcó el compás de la semana. Los Tesoros cerraron julio con un bear steepening pronunciado, con el 2 años cediendo 3,9 pbs mientras el 10 años subió 5,8 pbs hasta 4,71% —máximo desde enero de 2025— y el 30 años saltó 11,5 pbs. El detonante fue doble: el repunte del petróleo con su lectura inflacionaria y la falta de credibilidad que el mercado percibe en la política monetaria de la Fed tras la pausa dividida. La presión vendedora se reforzó con flujos agresivos en opciones, con compradores de puts de septiembre en el nodo a 10 años y un sesgo del skew del long-bond hacia puts en niveles no vistos desde marzo, la señal de que las instituciones se cubren ante un eventual sell-off adicional del tramo largo. Europa replicó el patrón, con el Bund a 10 años en 3,19% (+4-5 pbs), el 2 años alemán en 2,82% y el 30 años en 3,70% —máximo desde mayo y quinta semana consecutiva al alza—, y los Gilts a 10 años subiendo 7 pbs hasta 5,05%. El mismo crudo que reavivó el temor inflacionario a ambos lados del Atlántico elevó las primas por plazo de forma sincronizada, un movimiento global del que Colombia no está aislada.

El detalle de la sesión local revela cómo se transmitió esa presión externa y dónde la demanda institucional la absorbió. El tramo corto de los TES tasa fija se presionó al alza, con noviembre de 2027 en 12,43% (+3 pbs) y abril de 2028 en 12,57% (+2 pbs), ajustándose a la decisión del Emisor y a la señal restrictiva implícita en el programa de acumulación de reservas por USD 4.000 millones, que endureció las condiciones de liquidez percibidas en el corto plazo. El tramo medio y largo, en cambio, capturó flujos compradores institucionales, con octubre de 2034 liderando (-6 pbs a 12,14%), febrero de 2033 (-3 pbs) y junio de 2032 (-2 pbs), lo que sugiere demanda de pensiones y aseguradoras aprovechando un carry real atractivo en un entorno de inflación implícita que se modera. El ultra-largo octubre de 2050 cedió marginalmente (+2 pbs a 12,00%), penalizado por la transmisión del bear steepening estadounidense y la prima por duración que impone el deterioro fiscal. En UVR, el diferencial 2027-2034 se comprimió unos 9 pbs, un aplanamiento que muestra a un mercado distinguiendo con precisión entre el riesgo de tasa de corto plazo y la expectativa de convergencia inflacionaria que favorece el tramo medio de la curva.

 

Divisas

El dólar cerró la semana con una caída del 1,6% en el índice DXY hasta 99,96, mínimos de seis semanas y su peor desempeño en tres meses, un retroceso que el mercado atribuyó directamente a la pérdida de credibilidad de la política monetaria de la Fed tras una votación dividida que dejó al descubierto la fractura del comité. La debilidad del billete fue generalizada entre las divisas desarrolladas, con el euro apreciándose 1,4%, la libra 1,2%, el franco suizo 1,3% y los dólares australiano y canadiense avanzando de forma más modesta. El protagonista fue el yen, que lideró el G10 con una ganancia cercana al 3,9% impulsada por la intervención del gobierno japonés y por la expectativa de una coordinación con Washington para sostener la moneda, un movimiento que lo llevó abruptamente por debajo de 160 el jueves antes de consolidarse cerca de 159,65. Ese salto del yen es la excepción reveladora de la semana cambiaria, porque no respondió al diferencial de tasas ni al apetito por riesgo sino a la mano visible de dos tesoros actuando de común acuerdo, la señal de que la debilidad de la divisa japonesa dejó de tolerarse a ambos lados del Pacífico.

Las monedas emergentes aprovecharon el mismo debilitamiento del dólar y la menor aversión al riesgo que trajo la pausa en las tensiones con Irán, con el peso chileno subiendo 1,8%, el mexicano 0,8%, el real brasileño 0,2% y el sol peruano 0,1%. El peso colombiano se apreció 1,9% en la semana y encabezó el grupo, pero su avance descansó en motores propios más que en el ánimo importado: la expectativa —luego frustrada— de una postura más restrictiva del Emisor, el atractivo del carry trade y el descenso del CDS soberano a diez años. El viernes, sin embargo, el peso corrigió con fuerza y cerró en $3.158,44, depreciándose $49,44 frente al spot del jueves y liderando esta vez las pérdidas emergentes en una toma de utilidades tras la fuerte apreciación previa. El detonante de esa corrección fue el propio anuncio del Emisor, porque el programa de acumulación de reservas por USD 4.000 millones instala una demanda institucional recurrente de dólares que el mercado empezó a descontar de inmediato, con la tasa de cambio superando los $3.200 en el next-day. La combinación define el nuevo equilibrio del USD/COP: la apreciación que venía respaldada por el diferencial de tasas perdió soporte cuando el Emisor mantuvo en 12%, y el programa de reservas reduce el espacio para que esa apreciación continúe de forma lineal, elevando la probabilidad de estabilización o de correcciones alcistas hacia adelante.

 

Commodities

El petróleo entró en fase de consolidación tras ceder cerca de 10 dólares en la semana, con el Brent rondando los 90 dólares por barril, aunque el precio sigue cargando una prima de riesgo considerable por las tensiones entre Estados Unidos e Irán. El foco permanece en el estrecho de Ormuz, donde el tráfico de crudo se recupera pero se mantiene claramente por debajo de sus niveles habituales, mientras los ataques hutíes siguen perturbando la navegación en Bab el-Mandeb. La OPEP+ podría frenar sus aumentos de producción tras la subida prevista para septiembre, pero mientras las disrupciones geopolíticas afecten los flujos físicos, el ajuste de cuotas tendrá un impacto limitado sobre el precio. El crudo es la variable que amarra toda la edición: el mismo repunte que reavivó el temor inflacionario en Estados Unidos y Europa, empinó las curvas soberanas a ambos lados del Atlántico y forzó al gabinete japonés a recortar su previsión de crecimiento es el que mantiene al Brent en niveles de riesgo latente pese a la corrección de esta semana.

En metales, el oro cedió levemente pero se sostuvo por encima de los 4.000 dólares por onza tras la pausa de la Fed, con su cotización gobernada por el dólar y los rendimientos de los bonos. La lógica es la de siempre para un activo sin rentabilidad: unos tipos altos durante tiempo prolongado le restan atractivo, de modo que la atención se traslada ahora a las próximas cifras de inflación estadounidense. El cobre mantuvo su buena racha, con el contrato a tres meses del LME en torno a 13.800 dólares por tonelada, respaldado por inventarios ajustados y una demanda china que sigue firme pese a la contracción que marcaron sus PMI. En agrícolas, el trigo entró en consolidación en Chicago pese a las tensiones en el mar Negro por los ataques a buques e infraestructura portuaria en Ucrania y Rusia, cediendo a 655 centavos por bushel, mientras el maíz retrocedió a 466 centavos. En Colombia, el precio del café cerró la semana al alza, con la carga de 125 kilogramos de pergamino seco fijada en $2.225.000 por la Federación Nacional de Cafeteros.

El bitcoin retrocedió 2,5% en la semana hasta rondar los 63.500 dólares, insuficiente para borrar el desplome del 20% de junio pese al rebote del 8,81% de julio. El criptoactivo se apresta a cerrar su noveno mes desde el máximo de 126.000 dólares de octubre pasado, y las estadísticas de los tres últimos mercados bajistas —que duraron en promedio un año— apuntan a un cierre de año todavía sombrío para el sector. El resto de las principales criptomonedas siguió a su líder, con el ether cayendo 3,5% hasta 1.880 dólares, Solana 4% hasta 76 dólares y el XRP 3,5% hasta 1,07 dólares.

Valoración. Los mercados de esta semana operaron todos bajo un mismo director de orquesta, el crudo, y esa batuta común es la que da coherencia a lo que de otro modo parecerían movimientos dispersos. El petróleo que repuntó reescribió las expectativas de inflación, y esas expectativas empinaron las curvas soberanas a ambos lados del Atlántico en un bear steepening sincronizado que no distinguió entre Washington, Fráncfort o Londres, con el 30 años estadounidense sobre el 5,22% y el Bund alemán en máximos desde mayo. La renta variable procesó el mismo entorno con una selectividad feroz, separando a los pocos nombres que probaron el retorno de la inversión en inteligencia artificial de la mayoría que solo mostró su costo, y esa concentración es a la vez el motor y la vulnerabilidad de unos índices que suben mientras su base se estrecha. Lo que atraviesa las cuatro subsecciones es una prima por plazo que se expande no por más crecimiento sino por menos credibilidad, la traducción financiera de cuatro bancos centrales que esta semana pausaron con una parte de sus miembros empujando en contra mientras el mercado les cobra por adelantado la subida que no ejecutaron. El yen es el síntoma más agudo de ese descrédito, porque una divisa que ni dos intervenciones coordinadas logran enderezar del todo revela que el capital dejó de confiar en las herramientas convencionales, y el carry financiado en yenes acumula un posicionamiento cuya reversión brusca es la amenaza que puede sincronizar volatilidad global. Colombia jugó su propia partida dentro de ese tablero: el COLCAP y los TES se movieron a ritmo doméstico, capturando el flujo que huye del riesgo tecnológico y premiando la renta real por descarte, mientras el peso mostraba el reverso al corregir $49,44 en una sola jornada ante el anuncio de reservas del Emisor. Esa corrección deja la lección de fondo de toda la semana financiera, que el apetito por los activos colombianos no nace de su fortaleza intrínseca sino del rechazo global a la tecnología cara y del carry que la tasa alta sostiene, dos corrientes externas que el mismo crudo capaz de reescribir las curvas puede invertir sin previo aviso.

 

Nota del Autor

La información contenida en este Resumen Económico Semanal se fundamenta en fuentes públicas consideradas confiables y tiene como único propósito ofrecer un análisis general de coyuntura para los lectores. Este documento no constituye una oferta, invitación, recomendación ni asesoría personalizada para la compra, venta o mantenimiento de instrumentos financieros, conforme a lo establecido en el artículo 2.40.1.1.2 del Decreto 2555 de 2010.

Las fuentes utilizadas incluyen informes oficiales, publicaciones de entidades nacionales e internacionales, y bases de datos de mercado de acceso público. Este material no reproduce ni distribuye contenido protegido sin la debida autorización o cita correspondiente, y se acoge a los principios de uso legítimo de la información con fines analíticos y educativos.

Las opiniones, proyecciones y análisis aquí presentados son exclusivamente del autor y no reflejan necesariamente las posturas de entidades públicas o privadas con las que mantenga vínculo profesional o académico. Tales opiniones están sujetas a cambios sin notificación previa, de acuerdo con la evolución de los hechos económicos y financieros.

Las inversiones en mercados financieros conllevan riesgos inherentes, incluidas posibles pérdidas parciales o totales del capital invertido. En consecuencia, se recomienda a los lectores realizar su propio análisis independiente y, de considerarlo necesario, acudir a asesores financieros debidamente habilitados conforme al marco regulatorio aplicable antes de adoptar decisiones con impacto económico.

Enrique Ariza

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.