Que pase el siguiente mesías

“Nuestra carta magna, más que la madre de las leyes en Colombia, es un pacto de paz, es un consenso de todos los sectores políticos en los que sentaron acuerdos.”


No es para nada sorprendente que entre peroratas el presidente electo, Abelardo de la Espriella, se proclamé un defensor de la constitución, un “nadie” y demás descripción que le calé a su estulticia.

Por estos días, es aún más evidente el séquito que conformará su gabinete. Han sonado nombres como: Rodrigo Lara, Mauricio Gómez Amín -como era de esperar-, Efraín Cepeda, María Fernanda Cabal, Iván Canción, etc., siendo este último el más formidable de semejante junte. Y si, para quienes aún no abren sus ojos, toda esta gente pertenece a los de siempre; hijos de familias poderosas, y en algún momento investigadas.

También este señor ha comentado de su respaldo y obediencia a la constitución, pero, como lo escribió el profesor Uprimny, más bien es lo contrario: sus ejes principales como eliminar la JEP, sacar a Colombia de la ONU, etc., esto significa modificar los pilares fundamentales de la carta política, para lo que necesitaría, no Actos Legislativos, sino una asamblea nacional constituyente. Nuestra carta magna, más que la madre de las leyes en Colombia, es un pacto de paz, es un consenso de todos los sectores políticos en los que sentaron acuerdos. Acabar con esto, sin reconocer, al contrario -aunque ahora cambia su discurso- es una acción terrorífica y peligrosa.

Ahora bien, tocar estos temas y demostrarlos de esta manera puede ser una perogrullada. No obstante, hay un tema que ha sido muy abarcado y estudiado, pero es uno de los ejes fundamentales de lo que será su Plan Nacional de Desarrollo, y es el tema económico.

Él ha propuesto reducir el Estado en un 40% y eliminando setecientos mil empleos de este mismo, al estilo de Milei quien tiene comiendo carne de burro a los argentinos. De esta manera obvia que el Estado es quien más genera empleo el país, por lo que se desembocaría en una completa alarma. Pero eso no es lo más tramposo a lo que se ha referido; en campaña dijo que no subiría impuestos, sino que los bajaría, y esta semana la ANIF, la Mesa Fiscal, el Observatorio Fiscal de la Javeriana, entre otras entidades, le han recomendado, casi que reclamando, a Abelardo que realice un recorte de 30 billones y un ajuste entre gastos e ingresos de hasta 100 billones.

Esas medidas deberían tomarse realizando una reforma tributaria en donde se busque recaudar 12 billones de pesos, que saldrían ampliando la base tributaria -no precisamente para que los ricos paguen, sino para que quienes están empezando a ganar dinero lo hagan-, eliminando beneficios tributarios y reajustando el IVA. Igualmente, debería volver a presentar reforma al SGP, vía Acto Legislativo, con el fin de que las transferencias del sistema se definan como un porcentaje del PIB -como se ajustó recientemente- o que se ajuste con respecto a la inflación. Lo anterior podría ser una contrarreforma que acaba con lo que se buscaba de aumentar los recursos a las regiones. Finalmente, debería hacer ajustes paramétricos en pensiones (edad, tasa de cotización y reemplazo).

Es así que todo lo abarcado, y lo que falta debido al escueto programa de gobierno, sería un golpe rastrero a la clase media, quienes, en buena parte, votaron por él. Cabe recordar que el fascismo encuentra su potencia en la clase media -de allí el porqué de su influencia en las masas- con discursos sociales demagógicos, lo que termina en un sofisma para esto. Sin embargo, hablar por qué Abelardo es fascista y como se aprovecha de esto gracias a las relaciones de poder y a los mecanismos de producción, similarmente a como lo visibilizaba Trotsky, merece una columna aparte.

En ultimas, solo queda esperar como se desencadena este sainete. Sin duda, serán unos cuatro años muy movidos, con la repetidera de la política de siempre, de la que supo desmarcarse frente al electorado. Que entre el diablo y escoja.

Jesus David Rey Parra

Soy estudiante de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Bogotá. Soy Consejero Local de Juventud.

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