Por hacer bonito hizo feo

José María Dávila Román

“Perdieron todo lo ganado: su reputación, una posible candidatura a la Alcaldía de Cali y dejar en entredicho las agresiones a las mujeres”.


Catalina Ortiz, todavía precandidata a la Alcaldía de Cali seguramente vivió esta semana uno de los episodios más bochornosos de su carrera política y profesional. Ortiz es oriunda de Cali y políticamente ha estado ligada al Partido Verde. Hace 5 años fue representante a la Cámara por esta colectividad y fue la creadora y primera gerente de INNpulsa Colombia, la incubadora -estilo Ruta N- de emprendimientos en el país (ver).

Es una mujer respetada, inteligente y con credibilidad en la opinión pública. No se le conocen actos de corrupción ni ha estado envuelta en escándalos políticos por abuso de poder como por el que está pasando la ya ex jefe de Gabinete del gobierno del presidente Petro, Laura Sarabia. Es una de esas personas que causan percepción de ser honorables, Sin embargo, todos, sin excepción, estamos expuestos a equivocaciones.

Esta semana, cuando Ortiz se encontraba en las calles de Cali haciendo su campaña electoral, un hombre que iba de copiloto en un automóvil le dijo con voz fuerte, palabras más palabras menos, que debería estar en la casa en lugar de estar haciendo política y le tira agua en la cara.

El hecho queda grabado en video y se viraliza rápidamente por las redes sociales teniendo resonancia en los distintos medios de comunicación nacional por la indignación que generó. Dadas las circunstancias, Ortiz puso denuncia en Fiscalía por agresión y los medios de comunicación la empezaron a entrevistar para que relatara lo ocurrido.

En esas primeras horas, la opinión pública, en general, se solidarizó con Ortiz hasta que empezaron a aparecer versiones de sus contradictores políticos diciendo que ese hecho no había sido una agresión sino un montaje con el que se pretendía que la precandidata ganara popularidad y potenciales votantes. Dentro de los que salieron con esa versión se encuentra el alcalde de Medellín Daniel Quintero, quien tiene candidato propio en esta ciudad, Deninson Mendoza, su, hasta hace unos meses, gerente de Telemedellín.

Estaba tan seguro Quintero de esta versión que incluso ofreció donar 10 millones de su salario a quien le ayudara a identificar el agresor.

En este caso, el alcalde Daniel Quintero tenía razón. Todo se trató de un performance que diseño Isa La Negra Vikinga, quien era hasta antes de este escándalo, una de las asesoras de confianza de Catalina Ortiz. La Negra Vikinga además es creativa de la agencia de publicidad Mulatos de donde resultó ser el actor que supuestamente agredió a Ortiz.  El error que cometió la asesora de la precandidata fue no haberle dicho a su jefe sobre la propuesta de performance antes de que se ejecutara. Su argumento para no hacerlo radica en que si lo hacía perdía toda espontaneidad y en esto tal vez tiene razón; pero entonces debió haberlo hecho inmediatamente después para que Catalina no pusiera denuncia en la Fiscalía y en los medios de comunicación explicara que el hecho no había sido una agresión real sino un experimento social. Así no generaría la sensación de que había engañado al país y evitaría dejar su reputación en entredicho como lo está ahora (ver).

Sobre este hecho quedan los siguientes interrogantes y reflexiones:

Primero, ¿Cómo estaban tan seguros Daniel Quintero y los contradictores políticos de Catalina Ortiz de que este caso era un montaje? ¿Infiltraron alguna persona en la campaña de Ortiz para hacerle daño y eliminar a un rival en su carrera por la Alcaldía de Cali?

Segundo, hay que ser transparentes en la comunicación. Creo en la versión de Catalina Ortiz cuando dice que no sabía que era un performance, pero en este caso su asesora falló al no contarle de que todo se trataba de una puesta en escena. Isa La Vikinga arriesgó y cruzó una línea ética jugando todo al ganar o perder. Le apostó a que la escena saliera perfecta y que nadie se daría cuenta de que había sido un montaje para que su jefe quedara como víctima de agresión y ganara popularidad. Si salía bien, nunca lo diría para no perder el impacto, pero como se salió de control, perdieron todo lo ganado: su reputación, una posible candidatura a la Alcaldía de Cali y dejar en entredicho las agresiones a las mujeres.

Tercero, en un equipo de confianza no deben tomarse de manera unilateral, decisiones tan arriesgadas como la de este tipo. Menos sin el conocimiento y consentimiento del resto.

Aquí, por hacer bonito, se terminó haciendo feo.

 

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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