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«Empaquetado, felices de la tía, la confirmación del presuroso, un cliente menos apretándole la espalda al conductor con su maleta: le van a sobrar llillos, la camisa es de dos viajadores, en su cama un rastro a desconcierto, a medida que faltó probarse: un consejo de Lao…»
I
Johnson en El Bagre, para fascinarlo en la cognición de la compañera (la veo en otra persona, andando al tiempo sin remilgos, dueña de canturrear el sol medianero, entregada a sí, que es donde mejor se ha visto, no obstante ser-otra): acaso en espacio, los habrá, vereme con los monodocentes en noche de mosquitos, el desarrollo del probable en la secuencia de semanas pactadas: «Hay entonces dos momentos de la belleza: la alegría ante la aurora misma y el canto (ya veremos más adelante esta cuestión donde la estética se bifurca)»: agregué una ese a momento, error mínimo de digitación en Dussel: recomendaría este y otras hipótesis a la esteta (como el de Mariátegui sobre el amor, cuando era menos que ahora: ninguno dirigiéndose a naide), y encauzarla —posibilidad lectora: encuentros de medio año: luz de una década— en lo teológico y nos fuimos para Brasil, de tener suerte: porque ni a Ayapel fue invitada, cuando se probaron los medios: es, al final de cuentas, una «contemplación-emotiva», y más de lo obrado.
II
Tan solo en el Índice como una partida a los textos que fueron —libro para concurso de dictamen nunca—: el anuncio desde antes de la entechada con reciclaje de tejas y firma de contrato: a las nueve (llaman desde cama las imágenes —raro cumplido— de la trabajadora al zaguán de Yuli, que es todas en voleo): y no le dirá a V., por medio de nota —que se le hace inconseguible; lo salva la noticia del documento para recaudar fondos públicos y volar en julio—, que en la sección de Ensayo el ultimito no salió en la edición: así el Código de procedimientos civiles… con antesala de bestseller, ese ganzociego, la atrapada del que también envió al Eje para su lectura, y por lentos se les adelantaron la cabeza: el armado viene con una mirada —¿sirven?— y otra publicación (hablaremos del maestro en la tercera parte: pronostiquemos lo que puede-o-no-cumplirse, y si no se cumple al menos quedó enunciado en la promesa, y que otro, la ensayista calmada, en el carro sin que le abriesen, los mande a recomponer lo insatisfecho).
El Foro Global, en caso de malgastarme el viaje, ya habré adelantado las entregas, visto Xalapa: este no fue de mayor preocupación: en el escritorio, vientre que eructa todo es solucionable: menos una crítica para nuevos periodos, sin el acusador para el odio en quien se proyecta: hablaba con el residente de quicios, un sancocho almibarado, anfitrión de causas para acompañarse, y nada menos, porque sus asistencias responden a grupo, a faisán: de verlo en la Casa Museo, planea algo: si organiza a pudientes, los mandará a otro periodo, y si le hacen caso, para fin de mes el aburrimiento los descubre —presencia no afincada en áisthesis: puede que en su inclusión, pero no en el arraigo: es medible, y los escribidores lo saben, con el oficio de tensionar una vena: de llevar a algún lado, el hombre triunfaría (lo que importa no es comunicarse: a lo mejor sobreentender que el distingo no es con ninguno de los bebientes).
III
Empaquetado, felices de la tía, la confirmación del presuroso, un cliente menos apretándole la espalda al conductor con su maleta: le van a sobrar llillos, la camisa es de dos viajadores, en su cama un rastro a desconcierto, a medida que faltó probarse: un consejo de Lao (se mencionó en Laureles la sabiduría primera —sin alocución, aunque pudo mencionarse la «disponibilidad para la vida»—, los gastos energéticos que, negados, aprenden la obra y la interiorizan: el saber-no-estorbo, ya vivo en quien lo delimita: el «molino» como cedazo y parte hispánica en la librería con moho en la contracubierta, apto para no-recomendación, y de todas formas la rapidez de la salida —llegadatarde— evitó compras: de ahí la dificultad, la antítesis desarrollodelaidea academicus-cinismo con un campo de embalaje: el vicio: bueno recordar que uno en callejones extraños lo roban, y el tema se elige y se sustenta en lo vivido: idea para un ensayo prosa-verso desde Támesis hasta Sète).
IV
Cédula minimizada por hacerla como tarjeta profesional: ¿el carnet de egresado, que pensaba de estudiante?: la requiere el oficio, y es larga la noche en que nadie se ubica: ¿dónde averiguar si la tienen, y a quién pedirle asiento?
Formato del Carmen: así no lo aceptan: ¿modificarlo si tiene sello y no hay forma de volverles a pedir que se sienten y diligencien por mi descuido?: recalco el sello, la presión al tomarlo, debajo de la firma.
En El Tablazo: H. y el mono vienen de arriba: estamos en una cena de quinces: el viejo Q. estaba en la mesa, pero lo noto cuando vienen los dos: abrazo a H., les digo que se sienten —hablaremos del Festival, de las cartas de M., del juicioso Leche y las velas negras de su madre, tal vez de los conocidos y la posibilidad de V.—, felicitan a la novia (?): ¿es el bar-karaoke y una creidita japonesa?: nos aunamos para ubicar la loma, los dos mercaderos uno-encima-del-otro: las luces se humanan en la pista.
Niña de Palmira sabelotodo: recuesta en pecho su adultez reclinada y pone en cuestión a los casados, a la cera, la tienda, los taxis prestados, el escrutinio: la dejamos verse, cambiar de televisor, y no la escuchamos: está con su dulzura de viejo.
Fátima-Aguas Calientes-Caucasia, abril de 2026
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Entre Paréntesis. Revista Artística Cultural, Santiago de Chile, N.° 137, mayo de 2026.













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