Territorios con mayores necesidades de atención: los más afectados en un cambio de gobierno con más fricciones que acuerdos

El país vive un momento de transición marcado por tensiones. El cambio de gobierno nacional, del progresismo a la derecha, ha estado acompañado de un proceso de empalme lleno de fricciones, con pocos acuerdos y con la certeza de que el 7 de agosto, cuando el nuevo gobierno asuma, no habrá suficientes directivos del gobierno saliente para entregar más allá de los informes que la ley obliga. En ese escenario, las demandas sociales de los territorios, ya insatisfechas en condiciones normales, corren el riesgo de quedar aún más desatendidas. Y es aquí donde la carrera administrativa se convierte en un pilar fundamental: sin funcionarios de planta que actúen como memoria viva de las entidades, la transición se vuelve un salto al vacío.

La salida anticipada de directivos del gobierno saliente deja a las entidades sin voces que expliquen procesos en curso, sin manos que guíen a quienes llegan, sin continuidad real más allá de documentos fríos. El resultado es una curva de aprendizaje lenta, un entendimiento tardío de los programas y, en consecuencia, una afectación directa a los territorios que dependen de la acción inmediata del Estado. No se trata de un problema menor: hablamos de carteras vitales, aquellas cuyo accionar impacta la vida cotidiana de las personas. Allí, donde la planta de personal es reducida y donde tampoco se permitió la continuidad de contratistas, el vacío es más evidente y más doloroso.

La fragilidad institucional se agrava porque, en muchos casos, primó el cálculo político sobre las necesidades reales. Se prefirió mantener capital político-electoral antes que garantizar continuidad técnica. Y así, los territorios que más necesitan atención quedan a merced de la improvisación. En muchos territorios, esa falta de continuidad se traduce en retrasos frente al cumplimiento de las promesas realizadas y en la perpetuación de un círculo vicioso: los ciudadanos esperan soluciones, los gobiernos entrantes apenas empiezan a entender los procesos, y los funcionarios de planta, pocos, pero valiosos, se convierten en los únicos capaces de sostener la memoria institucional.

Por eso, este momento debe ser leído como una advertencia y como una invitación. Advertencia, porque muestra con crudeza lo que ocurre cuando las entidades nacionales dependen en exceso de la rotación política y de contratistas sin estabilidad. Invitación, porque señala la urgencia de avanzar en la consolidación de la carrera administrativa. A mayor número de funcionarios de planta durante un cambio de gobierno, menor será la afectación y más rápido podrá continuar la atención de las demandas sociales en los territorios. A mayor presencia de servidores de carrera, mayor garantía de que los territorios no quedarán desprotegidos cada vez que el péndulo político cambie de dirección.

La carrera administrativa no es un lujo ni un trámite burocrático: es la columna vertebral de la institucionalidad. Son los funcionarios de planta quienes sostienen la memoria, quienes garantizan continuidad, quienes permiten que el Estado no se detenga en medio de las disputas políticas. En un país donde los cambios de gobierno suelen estar cargados de fricciones y donde las diferencias ideológicas se convierten en muros, contar con servidores de carrera es la única manera de asegurar que las necesidades urgentes de los territorios no se conviertan en víctimas colaterales.

Hoy, cuando el país se prepara para un cambio de gobierno con más fricciones que acuerdos, la invitación es clara: fortalecer la carrera administrativa, acelerar los procesos de selección, ampliar las plantas de personal en las carteras vitales y reconocer que la estabilidad institucional no depende de la voluntad política del momento, sino de la capacidad del Estado para sostenerse en el tiempo. Porque al final, lo que está en juego no son solo cargos o informes de empalme: lo que está en juego es la vida de los territorios que esperan respuestas inmediatas y que no pueden darse el lujo de esperar a que un nuevo gobierno aprenda desde cero lo que ya debería estar andando.

Neiger Zapateiro

Hijo del Caribe colombiano.
Economista, Administrador Público, Especialista en Finanzas y Magister en Dirección en la Gestión Pública.

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