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«Preguntan: “¿Alguno sabe inglés?”, y esto es como para decirle, ¿cuáles presidentes han hablado nasa yuwe? O, para desenmascarar de lleno la primera pregunta, debería plantearla así: “¿Alguno es estadounidense?” para no dejar dudas en el elector, y en la mirada al norte que los negadores, los verracos y la famosa mentira burguesa, falsificadora, entienden»
Rubiela Sinfín se llamara en caso de bautizarse en la iglesia de los casamientos. Puede no tener relación, pero mire que el grito del «malagüero» —de lo que beberían los zizekistas en una olimpiada de Jorge Sanjinés (medir la obra de un autor, su capacidad de trabajo, por las horas y los días que ocupó bregando) al respecto de sobrenombres y designios andinos— fue «¡Mi labor es científica!» y le cortaron el Cuerpo de Seguridad bailable. Así, de la nueva chapa de la abuela al cineasta, saltemos al Cauca uno —darle caprichos a la problematizada por ella misma, antes de con otros, con su fórmula, otro-uno según las preguntas del director o los comentaristas—: Manuel Quintín Lame, el giro decolonial en las categorizaciones colombianas, el robustecimiento y la visibilización —palabreja en fichas y planes de sostenibilidad, porque de muestras vive «No se llenará el ojo de ver»— de los creídos, funcionarios de carrera, encumbrados en un título-competencias —el caballo de Troya de la empresa en la universidad: Del Rey con Sánchez-Praga—, más de técnico que de absorto.
Tratemos el «científico» que da acceso a la zona, a la ley, al asistencialismo, a la falta de ética de los imperiales. Con ello en una tarjeta se pasa el lobo por etnógrafo o doctor, aunque lo delaten los pelos. De igual forma con un vicepresidente, y aquí la autocrítica por cuestión de títulos chimbos, estudiado, un conocedor de lo que le sirva: si tiene un alma mater que lo certifique, una opción de grado, una firma o un sello, tiene las capacidades —occidente se autoevalúa— de gobernar: está preparado. Tiene el mérito que algunos cultivan apenas como primera generación graduada. Y si vamos a aplicarle temas de estudio, de por sí elitistas, en busca de cribas que desestimen rangos poblacionales fuera de universidad, ¿por ello no vale el criterio de la comunidad visitada, de la madre amamantadora, de los cabildos y el reflejo zonal donde viven los universitarios?
Resalta, un lugar más, que los estudios, las investigaciones sobre etnoeducación y los ingresos de agentes mestizos en comunidades afros o indígenas, que señalen la unión saber ancestral y método científico. Puesto que si fuera por reconocer solo el conocimiento del paper, seminario e instrumento, ¿dónde quedarían nuestras naciones y su historia? Menciono a Sanjinés y traigo a colación el uso de la elipsis, técnica que embolata, por El coraje del pueblo y los actores, la verdadera gente. «Los hechos de esta película son verídicos, su reconstrucción se apoya en testimonios y documentos»: más allá de lo oral en la memoria, lo escrito y lo filmado para acierto y variedad pública. «Los protagonistas principales son los verdaderos testigos que interpretan sus historias. Son también protagonistas las mujeres y los hombres de la Cooperativa minera “Villa Imperial” de Potosí y los trabajadores de Siglo XX»: situación, nombre —para la etnografía o las ciencias sociales en pormenor de herida abierta: al inicio y al final la efigie honorable de los asesinos, para recuerdo del pueblo, universo que debe tener su memoria (Estanislao y la cultura popular como efervescencia ligada al cristianismo y su núcleo en la multiplicación a los miles) y la misma persona masacrada, reviviendo para juzgar, volver a morir y llevarse consigo al traidor.
Parecido al indio que se «educó en las selvas colombianas». ¿Cómo titularse en las selvas, y qué ministerio lo valida? El ser del mismo fruto que, antes del ministerio, vivía en la tierra. «A la cabeza van los miembros del Cabildo que, según las personas importantes del pueblo y los estudios oficiales del gobierno, no existe», así como podría: las personas importantes del pueblo y los estudios oficiales del gobierno, para los miembros del Cabildo, no existen. Reclamar la posición, defenderla y producir las categorías desde dónde situarse. No porque se defienda en lo sistémico, el investigador lo es tal. Tanto como desde la ciencia puede recibir crítica —que de ser rigurosa lo ahuyenta, puesto que habla y lo evalúa en sus términos, los que debería, y se sustentan, como válidos— como de quienes critica, desde el saber avanzado. Ello aporta más si, desde ambos frentes, el ancestral y el científico, se defiende la postura indígena, afro, popular. De este modo, el pensamiento del hijo de las selvas toma vuelo para
hacer uso de la sabiduría que la misma Naturaleza nos ha enseñado, porque ahí en ese bosque solitario de encuentra el Libro de los Amores, el libro de la Filosofía; porqué ahí está la verdadera poesía, la verdadera filosofía, la verdadera Literatura…
Y si esta es la verdadera, nada debe envidiarle al embauco. Conocerlo, deglutir, reconocer sus fórmulas para la lucha en igualdad de términos, que no de condiciones —debido al apriorismo de la tonsura occidental—; y en las partes alcanzadas, debatir el cuestionamiento y la muerte. No parece extraño que posicionen a la vicepresidenta como futura presidenta en caso de defunción —argumento ficticio con el que ceban las salas periodísticas a los temerosos de su pasado, negadores de la violencia que hasta su propia casa entró luego de la orden—: manipulan las vidas, las posicionan a gusto de nota. Quilcué respondió no considerar esa alternativa: no les dio contentillo; pero, siguiéndoles la penosa entrega, sería la primera mujer e indígena presidenta de Colombia. Lo deseable es no contar solo en votos y ausencias, sino en proyectos que sumen a la contradicción y rectifiquen las clases en su distancia. Si ha de ser, que surja como propósito incubado en estos momentos, para antes de que se una el falso centrismo en derecha y escudo.
Preguntan: «¿Alguno sabe inglés?», y esto es como para decirle, ¿cuáles presidentes han hablado nasa yuwe? O, para desenmascarar de lleno la primera pregunta, debería plantearla así: «¿Alguno es estadounidense?» para no dejar dudas en el elector, y en la mirada al norte que los negadores, los verracos y la famosa mentira burguesa, falsificadora, entienden. De cualquier manera, vale más lo extranjero: define lo estimable en la elección, incluso cuando lo propio, algo por lo que debería ennoblecerse la patria, quede en veremos: de la cientificidad, así sea mote, a la lengua como criterio y alivio. Puestos en el centro del país rodeado en las culpas ocultas, el señalamiento de quien las exhibe —páginas anexas, no periodicazos en agua— y su respectivo desdén, que por naturaleza debe dirigirse no a quien lo muestra, sino al demostrado.
El Carmen de Viboral-Fátima, marzo de 2026
Horquilla. En la futura Capital Mundial del Libro, un libro censurado.
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Revista Adªn, N.° 13, Lima, Perú, abril 10 de 2026.













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