Mucho discurso, pocos resultados: la desconexión del gobierno actual

“Un país no se transforma con discursos. Se transforma con decisiones que se sienten en la vida de las personas.”



En Colombia, el problema ya no es solo lo que ocurre. El problema es cómo se está contando. Bajo el gobierno actual, el país parece estar entrando en una etapa donde el discurso político no solo interpreta la realidad, sino que intenta reemplazarla. Se habla de avances mientras en muchas regiones no hay cambios, se anuncian soluciones que no se sienten y se construye una narrativa que no coincide con lo que viven miles de ciudadanos.

La política ha dejado de centrarse en resultados para enfocarse en relatos. Importa más cómo se comunica una decisión que lo que realmente genera. Y eso tiene una consecuencia grave: se empieza a gobernar para el discurso, no para la realidad. La insistencia en mostrar logros sin que estos se reflejen en el día a día de los ciudadanos ha empezado a generar una desconexión evidente.

Esa desconexión se hace visible en múltiples frentes. Desde promesas de transformación en sectores como la educación superior, donde los cambios estructurales aún no se perciben con claridad en la calidad o en el acceso real, hasta una política de paz que, pese a su protagonismo en el discurso, sigue sin traducirse en una mejora sostenida en las condiciones de seguridad en distintas regiones del país.

Mientras tanto, hay territorios donde la situación sigue siendo crítica. Comunidades que no ven mejoras, ciudadanos que siguen enfrentando problemas estructurales y regiones donde las decisiones que se anuncian desde el centro no logran materializarse. Pero en lugar de reconocer esa distancia, el gobierno insiste en una narrativa que busca mostrar un país distinto al que realmente existe.

Esto no es un problema menor. Cuando el discurso se desconecta de la realidad, la confianza empieza a romperse. La gente deja de creer, no porque no quiera, sino porque no encuentra coherencia entre lo que escucha y lo que vive. Y cuando esa confianza se pierde, recuperarla se vuelve mucho más difícil.

El riesgo es aún mayor cuando esa desconexión se vuelve constante. Porque entonces el debate deja de girar en torno a soluciones y empieza a centrarse en quién logra imponer su versión de la realidad. Se normaliza que lo importante no sea resolver los problemas, sino construir una narrativa que los haga parecer menos graves.

Un país no se transforma con discursos. Se transforma con decisiones que se sienten en la vida de las personas. Y cuando esas decisiones no llegan, ningún relato puede reemplazar lo que la gente experimenta todos los días.

Colombia no necesita que le expliquen una realidad distinta. Necesita que esa realidad cambie. Y para eso, el gobierno tiene una responsabilidad clara: menos discurso y más resultados. Porque cuando el discurso intenta imponerse sobre los hechos, el problema deja de ser político: se convierte en una desconexión profunda entre quienes gobiernan y quienes viven las consecuencias.

Y cuando esa desconexión crece, lo que está en juego no es solo un gobierno. Es la confianza en el país.

Matías Leandro Rodríguez

Argentino, residente de la provincia de Buenos Aires. Abogado, escritor de Novela, Cuento y poesía.

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