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«Léase El milagro de los nunca al revés, a través del espejo, de la cabina de cierre de campaña abelartrumpista: “los de nunca” son los de siempre; los que siempre estarán aquí, vacacionan en otras naciones; la “Patria Milagro” es el patio miagro; el tigre en el escudo es una afrenta al cóndor, que debería troncharle la espalda; y el bono para que los jóvenes “consuman cultura”, entre otras visiones tecnocráticas del asunto, merecieron la objeción del exministro Juan David Correa.»
El grite Abembardo con su írme, jírme, guirme, repitiendo a cañón los bisílabos, para que entren fácil, de pronto recuerdo, ese que dificulta a los periodistas, con dato y papel y grabación en mano, que al preguntarle «¿Usted tiene una lista de recortes?» dice que solo la de la fundación de la república (nacido en Córdoba, Bucaramanga, Necoclí), la de los mototaxistas en Sincelejo (la inteligencia artificial en su contra; o, mejor dicho, a su favor mesivánico). Todo debe antecederlo por un «dice», para que en cada intervención permita cambiar la torta, aunque mantenga el fracking, la campaña embotellada, como pez, burbuja que en estos andurriales, extranjero como es, solo puede moverse con unos pliegos que lo recubran.
No mentirás y no te retractarás le quedan corto, pero con detenerlo el domingo, «la decencia contra la vulgaridad», en palabras del profesor Carlos Moreno (qué plataforma es la candidatura a presidencia para sacar a flote el oscuro tricolor), se le bajan las ínfulas, las fírfulas, la erguidez, el manoteo, el grito (el tigro), su adelante que revienta venas ya designadas al descanso, enardecedor de poetículos que repiten la gargumentación detenida por Coronell (lo que es un simple «no» ante el ajetreo fantástico y desinformado). Póngale la crítica al tigre, que ni en los cereales tiene dónde sostenerse; antes parece una propaganda de la familia nuclear estadounidense, ampliada a los cercanos mayamistas, ricachones de concierto-centro comercial-playa, y las más encomiables posturas de entreguismo y desastre medioambiental.
Encima el rostro «académico», y su fascinación del logro para mostrarse «académico», fundado en una opinión «científica», batiendo huevo y llevándose la cuchara «académica» (por qué no decir que esta columnita es archiacadémica, aunque la firmen dos alunizados); él con la voz autorizada para firmar desde el campo la extracción, en caso de que ganen; las manos juntas en el video, señalando, cortando horizontal, cuadros y marcos esoteóricos, el acoplamiento de la lógica occidental descumbambada; el que estaría diexpuesto, en el debate, a citar unos autores de libro del 2025 al día, y luego, con ese principio, arrasar con toda idea a punta de garabatos.
Es chistoso, ¿invasivo?, que en medio de una lectura sobre la «oleada de columnistas» favorables a la Alianza por la vida, haya un anuncio de los dos ultradeshechos («Los páramos son santuarios que debemos [exportar]»). Pero da un sabor de respaldo meditativo las opiniones de Ospina, Reyes, Villegas, Sanín, Kalmanovitz y otros sobre Iván Cepeda. En todo caso, tengámoslo presente, no es la tocadera de espalda de Keiko Fujimori (los temoris), ni el impostar de creencias, gustos, alianzas y vasallajes: «El ajiaco fue una mamadera de gallo. En realidad me gusta mucho», o «El ajiaco es una mamadera de gallo. En realidad no me gusta ni mucho, pero mientras toque, crea lo primero», defraudor de la patria milagro. Con ellos estará más cerca la salvación gringa, que es todo menos «salvación», y sí que menos evangélica, como se disfrazan. La instrumentalización religiosa, cuando el papa León XIV llama a «desarmar las palabras», con la cabeza destripadora, exquisita pero bélica, la mano en puño de ADLE (Adelante y Dicha a Levantar a los Exteriores): «en el personaje todo es oropel», según Francisco Gutiérrez Sanín.
Vamos terminando, que si un programa de gobierno cabe en tres páginas (a diferencia de las cuatroscientas treinta y tres de El poder de la verdad), ya nos estamos alargando (¿acaso la ultraderecha se endilgó, además del nacionalismo y la familia, lo breve?). Léase El milagro de los nunca al revés, a través del espejo, de la cabina de cierre de campaña abelartrumpista: «los de nunca» son los de siempre; los que siempre estarán aquí, vacacionan en otras naciones; la «Patria Milagro» es el patio miagro; el tigre en el escudo es una afrenta al cóndor, que debería troncharle la espalda; y el bono para que los jóvenes «consuman cultura», entre otras visiones tecnocráticas del asunto, merecieron la objeción del exministro Juan David Correa. Y en «El milagro del bienestar animal integral», al menos se puso dándole la mano a un perro, no a un gatico. Si la fórmula es viceacadémica, este es presimilagro (o presidiario).
Alejandro Zapata Espinosa
Ramiro Hernández Restrepo
Aguas Calientes-Bello, junio 17 de 2026












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