
![]()
La campaña presidencial de este año ha sido, sin duda, una de las más retadoras y emocionalmente desgastantes que hemos vivido en Colombia. La polarización ha alcanzado niveles preocupantes: hoy las discusiones políticas dejaron de ser debates de ideas para convertirse, muchas veces, en guerras personales donde cada ciudadano se siente dueño absoluto de la verdad.
A tan solo dos semanas de la primera vuelta presidencial, hay algo que debe decirse con claridad: la derecha colombiana tiene un problema grave. Y no es únicamente un problema electoral; es un problema de madurez política y de convivencia ciudadana.
Las campañas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella han terminado cayendo en una confrontación baja, agresiva y desgastante que, lejos de fortalecer un proyecto político, está fracturando aún más a quienes comparten un mismo objetivo. La pelea ya no es solamente entre estrategas o equipos de campaña; la pelea se trasladó a la ciudadanía, a las familias, a las redes sociales y a los amigos.
Mientras tanto, Iván Cepeda observa desde una posición cómoda. La división de la derecha solamente ha servido para fortalecerlo, consolidarlo y darle tranquilidad en esta primera vuelta. Hoy pareciera tener asegurado su paso a segunda vuelta mientras sus opositores se consumen entre ellos mismos.
El próximo 31 de mayo se definirá quién será el candidato que deberá enfrentarlo en segunda vuelta. Y ahí es donde quiero hacer una invitación sincera, incluso a quienes piensan distinto dentro de nuestro mismo sector político: dejemos de pelearnos por política.
He dicho abiertamente que mi voto será por Paloma Valencia, principalmente por su formación académica, su preparación y su experiencia en lo público. Creo que es una mujer con carácter, estructura y capacidad para asumir un momento tan complejo como el que vive el país. Sin embargo, también debo ser coherente: si ella no llega a segunda vuelta, votaré por Abelardo de la Espriella, aunque no sea mi opción natural.
La campaña presidencial y el fracaso de la unión en la derecha
Porque más allá de las diferencias, hay una realidad política evidente: en segunda vuelta probablemente todos terminaremos encontrándonos en el mismo lado.
La izquierda entendió hace tiempo algo que la derecha todavía no aprende: la unidad también es una estrategia de poder. Mientras ellos avanzan unidos, tranquilos y haciendo una campaña relajada, la derecha continúa rasgándose las vestiduras entre sí, debilitándose sola y entregándole terreno a quien hoy lidera cómodamente la contienda.
Y quizá ahí está la gran reflexión de esta campaña: ningún proyecto político sobrevive cuando el ego pesa más que el propósito colectivo.













Muy buena, nota mi querida Ariana. Adelante con la Palomita.
Dra Ariana, excelente columna ahí está el sentir de muchos ciudadanos.