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En la vida pública se habla mucho de compromiso, de presencia institucional y de amor por las regiones, pero cuando se administra, ese amor no puede quedarse en discursos ni en visitas ocasionales, tal y como nos acostumbraron en el pasado. El verdadero cariño por un territorio se demuestra con decisiones, con obras y, sobre todo, con presupuesto.
Porque donde se invierte, se prioriza y donde se prioriza, se transforma la vida de la gente.
Eso es lo que está ocurriendo hoy en Urabá. Una subregión estratégica para Antioquia y para Colombia, con enorme potencial logístico, agrícola, empresarial y humano, que durante décadas esperó inversiones acordes con su importancia, inversiones que no llegaron y que solo se quedaron en los discursos de los políticos de turno. Hoy, nosotros estamos cambiando la historia y les estamos cumpliendo a los urabaenses con una inversión cercana a $300 mil millones desde la Secretaría de Infraestructura.
Desde nuestra llegada al gobierno, con Andrés Julián, sabíamos que Urabá no necesitaba más promesas, necesitaba vías, conectividad, competitividad y presencia real del Estado. Por eso, estamos llevando recursos históricos a esta región, con intervenciones que mejoran corredores viales, atienden puntos críticos, fortalecen la movilidad y preparan el territorio para la realidad que hoy afronta con la entrada en operación de Puerto Antioquia y con otros proyectos portuarios que en un futuro cercano funcionarán allí.
Urabá será uno de los grandes motores económicos del país. La entrada en operación del puerto, la conexión con las autopistas, el dinamismo agroindustrial y el crecimiento urbano así lo demuestran. Pero ningún desarrollo será sostenible si no está acompañado de infraestructura de calidad.
La Gobernación de Antioquia tiene a cargo 358 kilómetros de vías en Urabá, de los cuales el gobierno anterior pavimentó solo 5,6 km. Con Andrés Julián, y gracias a la confianza depositada en la Secretaría de Infraestructura que tengo el honor de liderar, vamos a pavimentar cerca de 160 km, es decir el 44%, lo cual es honrar la palabra y darle a una subregión tan estratégica para el Departamento lo que se merece, inclinando la balanza y dejando el 60% de sus vías pavimentadas.
En Urabá estamos actuando con hechos. Hemos respondido a emergencias, acelerado proyectos estratégicos y destinado recursos donde antes hubo abandono. Esa es una forma concreta de gobernar: entender que el presupuesto no es una cifra fría, sino una herramienta para cerrar brechas históricas.
En Antioquia creemos en todas las regiones, pero también entendemos que hay territorios llamados a liderar una nueva etapa de crecimiento. Urabá es uno de ellos. Y cuando un territorio tiene ese potencial, la obligación del Estado es acompañarlo con inversión suficiente y oportuna.
Amar a Antioquia también significa reconocer dónde están sus oportunidades y apostarles con decisión. Amar a Urabá significa invertir en Urabá.
Porque en lo público, el amor por un territorio no se mide por las palabras. Se mide por el presupuesto que se pone al servicio de su gente.













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