El síndrome de Estocolmo laboral: ¿Por qué el mexicano idolatra sus cadenas?

En el mercado laboral mexicano tenemos un anhelo masoquista por las “prestaciones de ley”. Nos programaron para babear ante un contrato formal como si fuera un boleto dorado de Willy Wonka; como si nos diera un pase directo a la estabilidad, cuando en realidad es equivalente a dejarte a merced de ese exprimidor financiero llamado Estado.

¿Por qué el mexicano promedio sigue mendigando “prestaciones” que penalizan el éxito profesional y premian la mediocridad estatal? Es hora de hacerle serios cuestionamientos a los sindicatos y a los burócratas: cuestionamientos que les den urticaria con solo imaginar tener que dar respuestas.

El terror de poner un pie en el IMSS

Nos quita el sueño no estar cotizando en el IMSS; al mismo tiempo, nos da pavor tener que ir a poner un pie en una de sus clínicas. Sabemos perfectamente que ingresar a Urgencias de un hospital público en México (IMSS o ISSSTE, da igual) es, casi siempre, una ruleta rusa de negligencia, desabasto y burocracia. Sabes que te van a programar la cirugía para cuando ya estés en el otro mundo. ¿Vacunas para tu niña o niño? “No joven, ahí pa’ la vuelta”. ¿Vienes a tramitar la incapacidad porque te fracturaste la pierna? “Sí, claro; pasa a hacer fila de tres horas ahí en la rampa y cruza los dedos para que no se caiga el sistema”.

Sentimos paz por tener “cobertura” de derechos que compramos a precio de oro (un 30 % del salario base entre tú y tu patrón); si nos da una apendicitis, terminamos pasando tarjetazo en el hospital privado porque valoramos algo que el sistema de salud pública no… la vida. Pagamos el servicio público para no ir a la cárcel y el privado para mantenernos vivos y sanos.

Infonavit: el castigo al mérito

Nos preocupa no tener Infonavit: ese caritativo sistema que te “ayuda” a conseguir casa cobrándote tasas de interés de hasta el 10,45 %, elevándose al cielo cuanto más ganas. Sí, leíste bien: el Infonavit te castiga por sobresalir en tu profesión y avanzar en la escalera corporativa. Mientras un banco privado te premia con una mejor tasa si demuestras ser un perfil de alto ingreso, el Estado te aprieta más porque es un asunto de “justicia social”. El resultado son créditos que se vuelven prácticamente vitalicios para pagar departamentos del tamaño de un clóset que te quedan a tres horas del trabajo.

La tumba de las Afore

Lloramos si el patrón no aporta a la Afore, sabiendo matemáticamente que, aunque ahorres toda la vida con sus rendimientos de risa, no te va a alcanzar para cubrir una vejez digna. Y por si fuera poco el pésimo negocio, vivimos con la amenaza constante de que el gobierno en turno le va a meter mano a los fondos privados para financiar sus titánicos e insostenibles gastos públicos y megaobras electorales. Queremos la “seguridad” de un fondo de ahorro para el retiro que el político en turno puede confiscar con un decreto el martes por la mañana; después de todo, se pasan el concepto de propiedad privada por el arco del triunfo.

El verdadero significado de “prestaciones superiores”

La prueba irrefutable de que la ley laboral es un fracaso está en los propios anuncios de empleo. Cuando leemos “prestaciones superiores a las de la ley”, inmediatamente pensamos: “Esta sí será una buena empresa”.

Fíjate nomás que descaro: una empresa es considerada “buena” no por cumplir la ley, sino por tener un músculo financiero de sobra para pagar las absurdas e inútiles exigencias gubernamentales y, además, poner dinero extra de su bolsa para comprar seguros de gastos médicos privados, fondos de ahorro reales y vales que sí valen algo. El mercado mismo te está diciendo que la ley es el suelo más infértil y que a lo privado se le desborda la frondosidad.

La informalidad: un acto de cordura

Que la informalidad en México supere el 50 % de la fuerza laboral no es un problema de “falta de cultura fiscal”: es un acto de cordura, pensamiento lógico y legítima defensa económica. El mexicano de a pie ya hizo la suma y la resta: es matemáticamente imposible e inútil cubrir el pago de tanto trámite burocrático de oquis.

La mitad del país trabaja en la informalidad porque prefiere el dinero líquido en la bolsa hoy, que la promesa rota de un Estado que te cobra como si fuera Suecia, pero te entrega los servicios del peor rincón del tercer mundo.

Ya va siendo hora de perderle el miedo al mito. Exijamos que nos #DejenChambear y nos dejen el dinero en la cartera, que nosotros nos cuidamos mejor de lo que el gobierno jamás sabrá cómo hacerlo.

#DejenChambear⚙️ #DejenLaburar🧉 #DejenCamellar🐫


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Patty Erives

Emprendedora, estratega, activista por la libertad y Staff Writer de El Insubordinado. Licenciada en Administración con especialidad en Mercadotecnia, desarrolló su carrera en el mundo corporativo hasta que decidió dar un giro consciente a su vida: pasar de corporate mom a stay-at-home mom, ejerciendo plenamente su libertad de elección y movilidad.

Es líder de LOLA Chihuahua y fundadora de Allianza Mamá, iniciativa desde la cual promueve licencias de maternidad más largas mediante negociaciones directas entre empleadas y empresas, así como a través de la planeación financiera y planes de ahorro personales.

También es creadora de contenido, donde explora el cruce entre maternidad, capitalismo de libre mercado y autonomía femenina. Desde ahí reflexiona sobre trabajo, familia y responsabilidad individual, defendiendo una convicción central: la verdadera emancipación comienza cuando una mujer puede elegir su propio camino y vivir bajo sus propias reglas.

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