Carta abierta a Juan Daniel Oviedo

Juan Daniel, el país nos necesita a todos.

A mí, de las cosas que me ha sorprendido en esta campaña — y la hemos seguido desde cuando usted todavía estaba en el Concejo y no había decidido lanzarse — es su profundidad, su rigurosidad, su frescura, y la falta de atadura a las ideologías. La capacidad de defender sus ideas y de sumarse, por ejemplo, a una candidatura como la de Paloma Valencia defendiendo las diferencias que tiene con ella.

Usted tiene razones para estar molesto. Las campañas son duras y dejan heridas. Pero hay momentos en que la historia no espera a que uno termine de procesar las suyas. Hay momentos en que el deber es con Colombia. La molestia personal y la responsabilidad democrática se tienen que mirar a los ojos, y uno de los dos tiene que ceder.
Aquí hay que mirar el eje correcto. Este no es un debate de izquierda y derecha. Usted es un hombre que cree en el juicio práctico, en el sentido común, en la evidencia. Y la evidencia muestra que el eje que realmente decide el destino de las instituciones colombianas en los próximos cuatro años no es el ideológico — es quién garantiza que mañana podamos seguir pensando diferente.

El proyecto de Iván Cepeda no respeta la libertad y la democracia como la conocemos. Su programa incluye una constituyente. Ni siquiera reconocieron unos resultados electorales que han sido reconocidos internacionalmente como un referente. Su historia está ahí. Sus vínculos están ahí. Ahí está la evidencia. Y el presidente de la República acaba de anunciar además que asume la jefatura de su campaña, sin siquiera un asomo de vergüenza frente a la prohibición expresa de participar en política. Eso termina de completar el cuadro. No es un tropiezo. Eso es lo que ellos son. Lo que ellos representan.

Venezuela no se convirtió en lo que es con un golpe de Estado. Se convirtió erosionando instituciones una a una, despacio, con paciencia, cada paso presentado como razonable, cada medida justificada en la urgencia social, hasta que un día los contrapesos habían desaparecido y nadie recordaba con exactitud cuándo. El agua sucia no se ve sucia desde adentro.

Colombia ha resistido ese camino. Con dificultades, con imperfecciones. Pero ha resistido porque las instituciones, la Constitución del 91 — esa Constitución que le dio derechos a todos — y los contrapesos han funcionado como ancla. Cepeda y Petro amenazan esas instituciones cada vez que les estorban.

Los colombianos que votaron por usted no votaron por un partido ni por una etiqueta. Votaron por una forma de entender la política. Y esa forma de entender la política no encuentra acomodo posible en lo que Petro y Cepeda representan.

La responsabilidad democrática se ejerce sin importar quién gane. Pero si no elegimos del lado correcto, tal vez no tengamos unas elecciones libres en las que participar después. Ese es el riesgo concreto. No es una abstracción, ni una teoría de la conspiración — una posibilidad real, planificada, con antecedentes en esta misma región y que se evidencia en cada una de sus movidas.

Así que con todo el respeto, y desde una invitación pública, le pido que — tal vez no desde la adhesión, pero sí explicándoles a las personas que creyeron en usted el riesgo que significaría escoger el camino de Cepeda y Petro y las inspire a estar del lado correcto de la historia.

Un saludo.

Al Poniente

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