“Con etiqueta, no me refiero estrictamente a un género con límites musicales precisos, sino a una categoría cultural bajo la cual el público agrupa propuestas muy distintas.”
Cada cierto tiempo volvemos al mismo debate de siempre: «que el rock ha muerto» o «que dejó de ser comercial». Sin embargo, el verdadero cambio no es ese. El rock no desapareció; lo que cambió fue su significado. Hoy funciona más como una etiqueta que como un género estrictamente delimitado.
Solemos asociar o etiquetar al rock como esa música estridente o pesada, creada con instrumentos eléctricos —principalmente el bajo y la guitarra— y, por supuesto, con percusión de la mano de una batería, letras con un enfoque crudo, directo y poético —ya no tan rebeldes ni antisistema como antes—.
Con etiqueta, no me refiero estrictamente a un género con límites musicales precisos, sino a una categoría cultural bajo la cual el público agrupa propuestas muy distintas.
El rock pasó a ser etiqueta porque algunos artistas comenzaron a mezclar géneros. La industria del entretenimiento dejó de clasificar con tanta rigidez. Las plataformas y los algoritmos reforzaron ese cambio. El resultado: el público terminó identificando a los artistas y a las bandas por su identidad más que por un sonido específico.
Por costumbre o cultura musical, desde hace años a varios géneros musicales debidamente relacionados se les denomina o etiqueta como rock o música rock. Salvando las diferencias, es como decir que el house y el techno no son música electrónica, sino house y techno, respectivamente.
Durante varios años, buena parte del público etiquetó como «techno» a toda la música electrónica, aunque existieran el house, trance, drum and bass, hardcore y decenas de estilos diferentes. Con el rock sucede algo parecido.
En vista de esto, el rock sí puede albergar estilos como el heavy metal, el power metal, el grindcore, el rock alternativo, el thrash metal y el rock industrial, entre otros.
Al mismo tiempo, la etiqueta puede aplicarse a otros estilos, temas musicales, bandas o artistas. Es así que bandas como Coldplay (Reino Unido), U2 (Irlanda), Caifanes y Maná (México), aunque muchas de sus canciones se acerquen al pop o al pop rock, el público continúa identificándolas como bandas de rock.
Si bien tener o tocar una canción con una fuerte incidencia roquera no te hace músico de rock propiamente dicho, como ya se ha mencionado, ya no se utiliza únicamente para describir un sonido, sino también una tradición, una estética y una herencia musical.
Igualmente, el rock, como lo conocemos, ha mutado o evolucionado. Dentro del mercado musical masivo es cada vez menos frecuente encontrar canciones cien por ciento rock. Incluso, distintas bandas han modificado su música o han experimentado con fusiones o versiones distintas de lo que por años han venido tocando.
Quizá el error sea seguir encerrando al rock dentro de una definición que dejó de funcionar hace varias décadas. Tal cual como ocurre con muchos conceptos culturales, su significado cambió con el tiempo. En la actualidad, el rock no solo describe una forma de hacer música; también representa una identidad, una tradición y una manera de entender a determinados artistas. Por eso, más que un género rígido, se ha convertido en una etiqueta.













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