Un manojo de lentejas

Escribo para darte un adiós. Deseo no tener motivos para  hacer función de aquella cláusula prima. La cual  predice que  en algún tiempo  de la existencia se cruzarán  de nuevo nuestras  ineficiencias, defectos, desaciertos y tropiezos.

O por lo menos, eso trato de prometernos en este tiempo presente, que ya  es pasado del  recuerdo en el que te traeré mañana.

Sin embargo, ya ha pasado más de un año desde que todo vínculo fue erradicado del lapsus equívoco de nuestra historia. Misma que ha sido dividida en dos tomos, los cuales  ya  poseen  nuevos intérpretes. Pero siguen compartiendo aquel origen de apariencia inocua.

Así, quiero adelantarme a cualquier sinopsis, haciendo tuya la información de que uno de los dos está dotado de falencias narrativas, discontinuidad y poca cohesión. Pero, por otro lado, su contraparte, presume de haberse convertido en un best seller.

Por lo tanto, cual manojo de lentejas  en épocas decembrinas, recolecto mi sentir por ti. Ya uno a uno, los he contado y atesorado por bastante tiempo. Por consiguiente, cuento con los próximos 12 meses del año para irme deshaciendo de ellos, simulando aparente inconsciencia. Deseo no poseer ninguno. Y mucho menos saber cuándo los perdí.

Al fin y al cabo, este acto entra en el contexto de promesa.

Juan Pablo Romero

Semi estudiante de enfermería.

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