¿Hogar, dulce hogar?

“Ser testigo de violencia familiar y callar, nos convierte en cómplices de tan repudiable delito. Auxiliar a quién es víctima de violencia física, psicológica, económica y/o sexual, más que un deber cívico, es la máxima representación de la dignidad humana.”

Han pasado 65 días desde que se dictó la declaración de estado de emergencia en nuestro país. Una medida que el gobierno ha considerado acertada para combatir la COVID-19, virus que está acabando con la vida de miles de peruanos. Sin embargo, ¿qué tan apropiada es esta medida? Si el lugar de confinamiento se ha convertido en la pesadilla de las mujeres, niños, niñas y adolescentes.

El fenómeno de la violencia, se encuentra arraigado desde la existencia de la humanidad misma. Lo que conlleva a referirnos a la célebre frase de William James: “El hombre, desde un punto de vista biológico, es la más formidable bestia de presa, y, desde luego, el único que depreda sistemáticamente a sus semejantes.” Una frase que lamentablemente refleja la realidad. Es así que, su prevención y erradicación constituye uno de los desafíos de mayor relevancia en el mundo entero, así como en el Perú.

Las cifras de violencia familiar se han incrementado en esta cuarentena. Siendo el hogar el escenario perfecto para sus agresores, quienes son integrantes de su entorno familiar. Según la Organización Mundial de la Salud, 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia física y/o sexual por parte de su pareja o un tercero en algún momento de su vida. Por otro lado, la línea 100 del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables ha reportado más de 32 mil atenciones vía telefónica. Asimismo, la ministra Gloria Montenegro, titular de la mencionada cartera, informó que se han producido 14 feminicidios y 162 violaciones durante el periodo de aislamiento social obligatorio.

Las víctimas indirectas de los feminicidios son los niños, niñas y adolescentes, quienes quedan en total estado de abandono. Teniendo una madre muerta y un padre preso. La situación resulta inhumana, es por eso que la función tuitiva del Estado es vital en este contexto.

Lo que está viviendo el Perú, es un problema real y potencial. El impacto que está teniendo es devastador; por lo que, requiere la adopción de medidas inmediatas para la protección de quienes representan vulnerabilidad en el ámbito familiar. En ese sentido, el gobierno autorizó mediante decreto supremo la transferencia de partidas presupuestales a favor del Poder Judicial por un monto equivalente a S/37’560,636.00, para financiar las acciones de lucha contra la violencia hacia la mujer y los integrantes del grupo familiar. Evidenciando así, que no escatiman los recursos del Estado en pro de la prevención y erradicación de este fenómeno social.

Igualmente, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables a través de sus servicios de apoyo gratuito, ha dado una respuesta a esta problemática. A saber, el Programa Nacional para la Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres e Integrantes del Grupo Familiar – AURORA, la línea 100 y los hogares de refugio temporal, son algunos de ellos. Medidas que deberían ser reforzadas, teniendo en cuenta la perspectiva e igualdad de género.

Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha iniciado la campaña denominada “Mascarilla violeta”, el cual tiene como finalidad sensibilizar a la ciudadanía, tornándose en un símbolo de lucha.

Ahora bien, ser testigo de violencia familiar y callar, nos convierte en cómplices de tan repudiable delito. Auxiliar a quién es víctima de violencia física, psicológica, económica y/o sexual, más que un deber cívico, es la máxima representación de la dignidad humana.

El Estado tiene el deber de garantizar el pleno ejercicio de los derechos fundamentales de las mujeres, niños, niñas y adolescentes, los cuales se han visto transgredidos en el periodo de confinamiento.

Si bien el aislamiento social obligatorio aún no ha culminado, el virus de la violencia va en aumento. Los efectos de la pospandemia, serán aterradores.

Finalmente, una idiosincrasia encadenada al machismo, ha originado un país enfermo de violencia. Tal vez suene a utopía, sin embargo, tengo la esperanza de llegar a casa y decir: “Hogar, dulce hogar”.

Heidi Elizabeth Vergara Sánchez

Tengo 21 años de edad. Soy de nacionalidad peruana. Actualmente, curso el noveno ciclo de la carrera profesional de Derecho. Defensora de los Derechos Humanos. Escritora. Poeta.

1 Comment

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  • Je peux vous dire qu’en france, il y a le même problème.
    Je peux dire qu’en france, la police et la justice font parie du problème.
    La police, excuser mon language, n’en a rien à foutre.
    Et quand par miracle, le conjoint est arrêté, c’est la justice qui le fout dehors.

    Petit exemple : une news d’Actu17 vient de tomber.

    Le titre :
    “🇫🇷 Yvelines : Une femme de 27 ans retrouvée pendue sur fond de violences conjugales.

    ►Son compagnon a été placé en garde à vue, la victime avait déposé plusieurs mains courantes.”

    Tout ça pour dire que ça ne sert à rien de faire passer des lois si il n’y a personne pour les faites appliquer.

    Jean-Baptiste.