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Hace unos días leí una reflexión publicada en El Quindiano bajo el título “Siempre hay un amanecer”. Mientras avanzaba en su lectura no pude evitar pensar en nuestro municipio de Andes y formularme una pregunta que, seguramente, muchos ciudadanos también se hacen:
¿Podrá Andes tener un nuevo amanecer con la clase de dirigencia política que hoy gobierna el municipio?
Es una pregunta incómoda, pero necesaria.
Durante los últimos años hemos visto cómo decisiones de enorme trascendencia para el futuro del municipio han sido aprobadas sin que una parte importante de la ciudadanía sienta que su voz fue realmente escuchada. El debate sobre la modificación del PBOT para permitir la ampliación del relleno sanitario es quizá el ejemplo más representativo de esa realidad.
Muchos ciudadanos esperábamos un gobierno dispuesto a escuchar, a dialogar y a construir consensos. En cambio, la percepción de numerosos habitantes es que la administración municipal ha privilegiado la imposición sobre la concertación y que el Concejo Municipal, en lugar de ejercer con independencia su función de control político, ha respaldado de manera reiterada las iniciativas del Ejecutivo.
El problema no es únicamente una decisión administrativa. El problema es la sensación de que la comunidad ha dejado de ser protagonista de los asuntos públicos.
Una democracia pierde fuerza cuando los ciudadanos sienten que hablar ya no sirve para nada; cuando las reuniones comunitarias parecen convertirse en simples formalidades; cuando las observaciones técnicas son ignoradas y cuando el control político deja de cumplir el papel que la Constitución le asignó.
Sin embargo, la historia demuestra que ningún pueblo cambia únicamente porque cambian sus gobernantes. Los verdaderos cambios comienzan cuando cambia la actitud de sus ciudadanos.
Andes necesita recuperar algo que nunca debió perder: la participación activa de su gente.
Necesita ciudadanos que pregunten, que lean los proyectos de acuerdo, que asistan a las sesiones del Concejo, que presenten observaciones, que ejerzan el derecho de petición, que conformen veedurías, que utilicen los mecanismos de participación ciudadana y que comprendan que el voto no es un cheque en blanco otorgado por cuatro años.
Los servidores públicos son administradores temporales del patrimonio colectivo. El verdadero dueño del municipio es la ciudadanía.
No podemos resignarnos a pensar que las decisiones públicas son inevitables o que nada puede hacerse frente a ellas. La Constitución nos entregó herramientas para participar, vigilar y exigir transparencia. Depende de nosotros utilizarlas.
Como escribió Albert Einstein: “La vida es como montar en bicicleta; para mantener el equilibrio hay que seguir avanzando.” Lo mismo ocurre con la democracia. Cuando los ciudadanos dejan de participar, otros terminan decidiendo por ellos.
Hoy Andes atraviesa momentos de incertidumbre, de profundas diferencias y de debates que marcarán su futuro durante varias décadas. Pero precisamente en esos momentos es cuando más se necesita una ciudadanía consciente, informada y comprometida.
No perdamos la esperanza.
Que este sea el tiempo para despertar, para participar y para recuperar el sentido de pertenencia por nuestro municipio.
Porque los pueblos no cambian cuando aparece un salvador. Cambian cuando sus ciudadanos deciden hacerse respetar, defender el interés general y recordarles a sus gobernantes que el poder no les pertenece a ellos: pertenece al pueblo.
Solo entonces podremos decir, con verdadera convicción, que para Andes también comenzó un nuevo amanecer.













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