Ser profesor: reflexiones sobre enseñar, aprender y transformar

Ser profesor o pedagogo es, para mí, un rol de mucha responsabilidad y satisfacción. Siempre he sentido emoción al comprender o entender algo; ese mismo sentimiento me ha llevado a querer que otros también sepan aquello que yo conozco, domino o simplemente sé. No importa el ambiente o la ocasión: siempre siento el deseo de explicar las cosas para que otros, habiéndose identificado un desconocimiento y un interés, puedan entender aquello que para ellos resulta nuevo o desconocido.

No tengo un referente, teóricamente hablando, que oriente el diseño de mis clases. Sin embargo, comparto la idea de que la educación debe ser de fácil acceso, con múltiples métodos de enseñanza, diversidad de instrumentos y una cercanía entre alumno y profesor que permita, desde la perspectiva docente, encontrar el valor del conocimiento para cada estudiante, o al menos para la mayoría. Asimismo, considero importante que, desde la relación estudiante-docente, no se vea al profesor como el único poseedor de la verdad; por el contrario, que sea entendido como un facilitador capaz de conectar la información con el aprendizaje. En resumidas cuentas, comparto la idea técnica y pedagógica de que la educación tiene que ser humana y, en ese camino, aportar al desarrollo de capacidades y habilidades en personas que viven en sociedad y comprenden el valor del crecimiento colectivo.

Yendo al pasado, comparto una idea cercana a la de Sócrates: que el deseo de aprender y explorar surge, en buena medida, de cada individuo. También me identifico con la idea de que el conocimiento puede despertarse mediante la reflexión y el cuestionamiento. No comparto visiones tradicionales que profesan que todos tienen que estudiar de la misma manera, que todos deben aprender bajo un único modelo o que, sin educación, el ciudadano está vacío. Por el contrario, veo la educación como un medio para que las personas puedan ser lo que desean ser, y no únicamente aquello que el entorno o la sociedad les impone. Es a través de la educación, entendida en un sentido amplio —escuchando, escribiendo, leyendo, experimentando o debatiendo—, que las personas pueden construir su propia idea del mundo y de las cosas; tener la libertad invaluable de expresarse a partir de información que ellas mismas consultaron y que, al ser sometida a cuestionamientos y creencias personales, conduce a una opinión propia sobre casi cualquier asunto.

En la actualidad, con el acceso cotidiano a múltiples fuentes de información en diversos formatos (audio, video o texto escrito), pareciera que ya no es necesario acudir a un aula de clase o a una sala virtual para aprender sobre algo: ese conocimiento ya está en la web, al alcance de muchos, y pocas cosas impiden acceder a él. Sin embargo, este aprendizaje, muchas veces individual, puede privar al individuo de la interacción social propia de los grupos, así como de la discusión para el intercambio y fortalecimiento de ideas. Aislarse del aprendizaje colectivo no es necesariamente malo, pero sí puede conducir al sesgo de asumir la propia idea como la única posible, precisamente porque no se conocen otras perspectivas.

Finalmente, ser profesor —o más bien, ser el puente entre el estudiante y la información para posibilitar el aprendizaje— implica mantener una actitud abierta al descubrimiento, a la duda y al necesidad ir más allá para comprender ampliamente una idea o tema. No es suficiente con saber algo hoy y no continuar nutriendo y actualizando ese conocimiento. También exige apertura frente a la crítica y al cuestionamiento respetuoso de un estudiante que, incluso, puede superar al maestro y que, en lugar de solo escuchar para aprender, también interroga, indaga y enseña.