“En medio de nuestra fragilidad es la solidaridad y la cooperación lo que nos ha hecho progresar como especie en este plano terrenal”.
El lunes 10 de agosto nos despertamos en Colombia con un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en San José de Palmar en el Chocó. Fenómeno que generó graves devastaciones en ciudades y municipios del Eje Cafetero, Valle del Cauca y por supuesto Chocó. Municipios de otros departamentos como Antioquia también sufrieron afectaciones, pero menores comparadas con los lugares cercanos al epicentro. A la fecha se registran cerca de 300 personas fallecidas por esta tragedia, alrededor de 400 personas desaparecidas y más de 300 personas rescatadas.
Este tipo de eventos reafirman lo frágil que somos como humanos. Por más innovaciones y tecnología que desarrollemos y que estemos en la cúspide de la pirámide entre los seres vivos, no nos es posible controlar los fenómenos naturales, como tampoco a la naturaleza. Como dice Diana Uribe en un pódcast sobre Islandia, hay que tenerle mucho respeto a la naturaleza porque esta, con un solo suspiro, como el de un volcán islandés, nos puede hacer desaparecer por completo.
Y creo que estos desastres tampoco son castigos de Dios ni de la naturaleza. Simplemente es la naturaleza fluyendo y actuando como quiere así cause daños colaterales. Nosotros somos quienes nos adaptamos a la naturaleza no al contrario. De hecho, como humanos, sí que hemos sabido desafiar o adaptarnos a la naturaleza gracias al ingenio e innovación que nos caracteriza. Con barcos nos atrevimos a cruzar los imponentes océanos, con aviones a sobrevolarlos e incluso aprendimos a vivir en climas extremadamente adversos como los fríos de Alaska o el Norte de Europa. Incluso a realizar construcciones y grandes ciudades en zonas que según expertos están propensas a desaparecer por inundaciones o terremotos como ciudades en California, la Florida y el mismo Japón.
Miles de años atrás el planeta tuvo una era de hielo, hemos tenidos varios periodos de calentamiento global como parte del proceso propio de la Tierra. La visión antropocéntrica nos hace creer que todo gira alrededor nuestro y fenómenos como ocurridos el de esta semana nos reafirma que eso no es cierto. Por supuesto que hay acciones que hemos cometido que aceleran procesos de calentamiento global como la generación excesiva de CO2, pero es parte del aprendizaje que hemos tenido como humanidad. A la vez es una relación de causa y efecto y una demostración de que todo lo que hacemos genera un impacto y que lo más importante es saber cómo mitigar y gestionar los efectos negativos para que nuestra vida en la tierra sea más duradera.
Sin embargo, eso no es garantía de que nuestra estancia, aquí, como especie, sea infinita, somos tan frágiles y vulnerables que fenómenos naturales que no controlamos y tampoco causamos pueden hacer que desaparezcamos por completo. Eso les pasó a los dinosaurios y lo que les ocurrió no fue un castigo ni un reproche por usar mal los recursos naturales, simplemente así les tenía que ocurrir. No todo debe tener una explicación y la naturaleza tampoco tiene por qué darla.
Son cientos de dramas familiares los que se viven por estos días en Colombia que arrugan el corazón, a la vez, son días donde miles de personas y empresas han sacado la casta para demostrar, con hechos, su solidaridad para ayudar a reparar a las familias afectadas y que siembran esperanza e ilusión de tener un país unido y trabajando por el bienestar de todos.
En medio de nuestra fragilidad es la solidaridad y la cooperación lo que nos ha hecho progresar como especie en este plano terrenal.
*Mis artículos no representan a mi empleador.














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