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Un terremoto de magnitud 7,2 cambia las prioridades de cualquier gobierno. Hay vidas que proteger, familias que atender, infraestructura que recuperar y comunidades esperando respuestas urgentes.
Pero gobernar también consiste en que lo urgente no desplace a lo importante…
Y entre lo importante está la suerte de más de 300.000 productores de leche, en su mayoría campesinos en condición de pobreza. Desde enero, el TLC con Estados Unidos abrió los lácteos al libre comercio, sin cupos ni aranceles. El efecto, agravado por el dólar barato, es amenazante. A mayo, las importaciones aumentaron 56,4 % frente al mismo mes de 2025 y, solo desde Estados Unidos, ingresaron 18.820 toneladas de leche, frente a 25.016 en todo 2025.
Es una amenaza que avanza. En 2028 habrá desgravación total con la Unión Europea, lo cual exige utilizar los instrumentos de defensa comercial y vigilar las reglas de origen frente a importaciones crecientes desde Chile y Bolivia.
Por eso les escribí a los ministros de Agricultura, Indalecio Dangond, y de Comercio, Mauricio Gómez, quienes, junto con la Cancillería, pueden convertir la crisis en oportunidad y evitar que el Tratado con Estados Unidos siga siendo un embudo con el lado angosto para la ganadería colombiana.
Después de 14 años de esfuerzos, urge abrir el mercado de Estados Unidos para la carne bovina. Sería una oportunidad para el Caribe colombiano, por la ventaja comparativa de la vecindad y por sus extensas llanuras interiores, donde la ganadería de “doble propósito” es fuente de subsistencia para miles de familias.
Las razas del Caribe tienen vocación cárnica, con terneros que podrían ser excelentes si se criaran “a toda leche”, sin vender una parte de la de sus vacas, que no pasa de cinco litros diarios. Así, un ternero que se desteta con 160 kilos podría salir con al menos 200 para levante y la ceba. Esa ineficiencia perpetúa los bajos ingresos.
Abrir el mercado estadounidense podría cambiar esa realidad, pues ante una demanda de buenos precios para más y mejores terneros destinados a la exportación de carne, muchos productores dejarían de ordeñar sus vacas para entregarles toda la leche. Es un asunto de especialización.
Para la ganadería del altiplano, de lechería especializada, sustituir la producción del Caribe también sería una oportunidad de crecimiento, mayor acopio, neutralización de las importaciones y exploración de mercados externos.
Si a este enroque le sumamos genética, buenas prácticas y sostenibilidad ambiental, estaríamos ante una reorganización estratégica de la ganadería colombiana, en lo productivo, lo espacial y en su orientación comercial. Cada quien a lo suyo, a lo que mejor hace y donde mejor lo hace, para mercados claramente segmentados.
El disparador de esta revolución sigue siendo la apertura del mercado de Estados Unidos a la carne colombiana.
Es algo que no solo es importante…, es también urgente.














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