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Resumen Ejecutivo
La semana del 13 al 17 de abril de 2026 quedó definida por un solo evento que reorganizó simultáneamente todos los mercados: la declaración iraní de reapertura del Estrecho de Ormuz el viernes 17 de abril, que comprimió la prima de riesgo geopolítico acumulada durante casi dos meses de bloqueo efectivo, derrumbó el crudo más del 10%, impulsó la renta variable global a su mejor semana del año y depreció al dólar hasta mínimos de febrero. El S&P 500 cerró en 7.126,06 con un avance semanal de 4,5%, el Nasdaq ganó 6,8% y el DXY cayó hasta 97,7. Pero la apertura de Ormuz es provisional — válida hasta el vencimiento del armisticio — el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes permanece vigente y la normalización de los 13 millones de barriles diarios interrumpidos será gradual. El mercado celebró una distensión; no una resolución.
Detrás del rally de cierre, la semana construyó señales estructurales que no se resuelven con un cese al fuego. En Estados Unidos, el IPP de marzo sorprendió favorablemente con un avance de apenas 0,5% mensual frente al 1,1% estimado, pero en términos anuales acumula 4,0% — su mayor registro desde 2023 — y la amenaza de destitución de Jerome Powel por parte del presidente Trump introdujo por primera vez en décadas la independencia del banco central como variable de riesgo cotizable. En Europa, la inflación de la Eurozona fue revisada al alza hasta 2,6% en marzo y el consenso de más de 30 banqueros centrales reunidos en las asambleas del FMI coincidió en que planificar la política monetaria con el conflicto activo equivale a navegar con visibilidad nula — el gobernador del Bundesbank, Joachim Nagel, lo describió como “muy opaco, muy nebuloso.” China reportó exportaciones e importaciones combinadas creciendo al 15,0% interanual en el primer trimestre, pero con un sector inmobiliario en su sexto año de contracción y un consumo doméstico que crece a la mitad del ritmo del PIB. Japón comprometió US$10.000 millones para sostener el suministro energético regional, absorbiendo simultáneamente sus propios costos de crudo Dubái en máximos históricos.
En América Latina, México registró el peor inicio de año para el consumo privado desde 2009 con la canasta básica subiendo por encima de la inflación general, Brasil inició su ciclo de recortes de la Selic en un momento en que el choque energético cuestiona su velocidad, y Argentina confirmó diez meses consecutivos de aceleración inflacionaria con una inflación núcleo al 42% anualizado. Colombia concentró el cuadro institucional más complejo de la semana: el Consejo de Estado admitió la demanda contra el decreto orgánico del Banco de la República — abriendo la posibilidad de que el ministro de Hacienda bloquee el quórum de la junta el 30 de abril — la Corte Constitucional ordenó devolver $25.000 millones recaudados bajo un decreto de emergencia declarado inconstitucional, y el gerente Leonardo Villar y el ministro Germán Ávila debatieron en el Congreso con una intensidad que el mercado procesó como evidencia adicional de deterioro institucional. La inflación proyectada supera 6% al cierre del año, los intereses de la deuda consumen 35,6% del recaudo tributario y la manufactura produce pero acumula cuatro meses consecutivos de caída en ventas.
El escenario que esta semana consolidó no es el de una crisis resuelta sino el de una distensión frágil sobre desequilibrios que permanecen. La apertura de Ormuz alivia la presión energética pero no la elimina; la caída del crudo mejora las expectativas de inflación pero no cierra el debate sobre tasas en ningún banco central relevante; y el rally de activos de riesgo del viernes descansa sobre un armisticio con fecha de vencimiento. Para las próximas semanas, las variables que determinarán si la distensión se consolida o se revierte son tres: la extensión del cese al fuego más allá del 21 de abril, la temporada de resultados corporativos del primer trimestre que acaba de comenzar, y la reunión del FOMC del 28 y 29 de abril — la primera desde que la amenaza de destitución de Powell se hizo pública. Ninguna de las tres tiene una respuesta predeterminada.
I. Estados Unidos: Entre la Pausa Prolongada, la Independencia del Banco Central y el Umbral del Crudo
La inflación mayorista sorprendió a la baja, la producción industrial se contrajo en marzo aunque con una revisión al alza de febrero que matiza la lectura, el conflicto con Irán generó su primera señal relevante de distensión energética con la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz — y en ese mismo contexto, el presidente Donald Trump escaló su presión sobre Jerome Powell hasta el umbral de la amenaza directa de destitución. El resultado no fue un escenario más claro sino uno más incierto: un banco central atrapado entre datos que no resuelven el dilema de política y una disputa institucional que, por primera vez en décadas, convierte la independencia de la Fed en variable de riesgo financiero.
El dato de inflación mayorista de marzo fue la sorpresa técnica más relevante de la semana. El Índice de Precios al Productor avanzó 0,5% mensual frente al 1,1% que el consenso de Dow Jones anticipaba — una diferencia de 60 puntos básicos que no es ruido estadístico sino señal de que el traslado del choque energético a la cadena de costos ha sido, al menos en este corte, menos agresivo de lo que los modelos de transmisión proyectaban. El IPP subyacente — excluyendo alimentos y energía — subió apenas 0,1% mensual frente al 0,5% esperado, y el componente de servicios cerró el mes plano, lo cual es analíticamente importante porque los servicios son precisamente el canal que la Fed vigila con mayor atención para detectar presiones de segunda ronda. Los servicios comerciales cayeron 0,3% mensual, lo que indica que una parte del sector empresarial está absorbiendo los costos arancelarios en márgenes antes de trasladarlos al consumidor final — comportamiento que puede sostenerse brevemente pero que históricamente no se mantiene en ciclos de costos energéticos persistentes. En términos anuales, sin embargo, el IPP general alcanzó 4,0%, su mayor registro desde febrero de 2023, y el IPP subyacente acumuló 3,8% interanual. Ambas cifras anuales son las que la Fed debe integrar en su función de reacción: los datos mensuales sorprendieron favorablemente, pero la tendencia de doce meses sigue siendo incompatible con el objetivo de 2% de inflación.
La producción industrial de marzo ofreció una lectura que el titular aísla de su contexto. El retroceso de 0,5% mensual frente al +0,1% estimado luce como una señal de enfriamiento hasta que se incorpora la revisión del dato de febrero, que fue corregido al alza desde +0,2% hasta +0,7%, su mayor avance desde febrero de 2025. La caída de marzo responde en parte a esa corrección estadística: cuando el mes anterior mejora con fuerza, el siguiente período parte de una base más alta y el comparativo natural resulta más exigente. Lo que esa secuencia describe no es una industria en contracción sino una industria con alta volatilidad mensual. La Utilización de la Capacidad Productiva retrocedió a 75,7% desde 76,1%, pero el contraste con los indicadores de sentimiento del período es el dato más relevante: el Empire Manufacturing y el índice de la Fed de Filadelfia — que en abril repuntó con fuerza a +26,7 frente al +10,0 estimado, confirmando una tendencia de mejora que arrancó en enero — sugieren que la actividad manufacturera tiene más dinamismo del que la producción de marzo refleja. La divergencia entre producción corriente y expectativas empresariales es la señal que merece mayor atención analítica: cuando los directivos industriales mejoran su visión de la actividad futura en un entorno de choque energético y aranceles en disputa, o están incorporando aceleración de inventarios preventiva — patrón clásico antes de disrupciones de suministro — o perciben que la demanda doméstica es más resiliente de lo que los indicadores de alta frecuencia sugieren.
La dimensión regulatoria de la semana aportó dos desarrollos de calado diferente. El primero es la comunicación de la vicepresidenta de Supervisión de la Fed, Michelle Bowman, a ejecutivos de los grandes bancos indicando que no espera que la industria repita la campaña agresiva desplegada contra el plan de capital de 2023, y que los comentarios formales en el período de 90 días deben ser limitados y específicos. El mensaje tiene una lógica institucional comprensible — Bowman necesita cerrar el proceso de Basilea III antes de las elecciones legislativas de noviembre, que podrían devolver una o ambas cámaras a los demócratas y reabrir el debate — pero genera una tensión de gobernanza relevante: JPMorgan, el mayor banco del país, declaró que su capital en realidad aumentará un 4% bajo el nuevo plan, en contradicción con la lógica de que la propuesta reducía uniformemente los requisitos, y su CEO Jamie Dimon calificó algunas disposiciones de “poco estadounidenses” en su carta anual. Esa fractura entre el banco más sistémico del país y el regulador sobre el efecto real de las reglas es precisamente el tipo de ambigüedad técnica que complica la finalización del proceso y que el mercado de deuda bancaria procesará en términos de prima de riesgo durante los próximos trimestres. El segundo desarrollo es la confirmación por el secretario del Tesoro Scott Bessent de que una orden ejecutiva exigiría a los bancos recopilar información sobre ciudadanía de sus clientes — una medida que desplaza la frontera entre el cumplimiento financiero y la política migratoria hacia un territorio que ningún sistema bancario occidental ha navegado recientemente y que tiene implicaciones operativas considerables, dado que solo 183 millones de pasaportes estadounidenses están en circulación en un país de más de 340 millones de habitantes. Si la orden se aplica retroactivamente a cuentas existentes, el costo operativo de cumplimiento para la banca minorista podría ser material.
La dinámica más disruptiva de la semana no provino de ningún indicador económico sino de la escalada verbal del presidente Trump contra Jerome Powell. En declaraciones a Fox Business, Trump afirmó haberse resistido a despedirlo pero advirtió que si Powell insistía en permanecer más allá del 15 de mayo — cuando vence formalmente su mandato — procedería a destituirlo. Powell respondió con una posición institucional precisa: la ley exige que permanezca hasta que su sucesor esté confirmado por el Senado, y el proceso de confirmación de Kevin Warsh enfrenta resistencia interna en el Partido Republicano, con el senador Thom Tillis amenazando con bloquear la nominación mientras persista la investigación penal relacionada con la remodelación de la sede de la Fed. Lo que esa secuencia produce no es una crisis de política monetaria en el sentido técnico — la mayoría republicana en la junta garantiza que las decisiones del FOMC no se paralizan — sino algo potencialmente más dañino: la cotización de la independencia del banco central como variable de incertidumbre en los mercados de deuda soberana. Cuando la credibilidad del emisor de la moneda de reserva global depende de la resolución de un proceso de confirmación política con bloqueos partidistas, la prima por plazo en el Treasury largo incorpora un riesgo institucional que no tiene precio de mercado establecido porque nunca había sido necesario fijarlo.
Los funcionarios de la Fed que intervinieron durante la semana construyeron un mensaje coherente aunque con matices de intensidad. El gobernador Christopher Waller fue el más explícito en señalar que la guerra con Irán podría generar presiones inflacionarias más duraderas de lo que otros responsables de política anticipan, invocando explícitamente la analogía con los shocks encadenados de la pandemia. Pero fue también Waller quien señaló que un escenario de paz oportuno abriría espacio para recortes de tasas antes de que cierre el año. El gobernador Stephen Miran, que hasta la semana previa defendía cuatro recortes en 2026, ajustó su posición a tres, reconociendo que el riesgo energético ha reconfigurado el escenario base. El presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, vinculó la duración del conflicto directamente a la trayectoria de la política monetaria, señalando que las disrupciones de suministro energético, si se resuelven con relativa rapidez, permitirían que los precios retrocedan y que la Fed reconsidere su postura de espera. Lo que los tres comunicados construyen colectivamente es una función de reacción condicional: la Fed no actúa hasta que el factor geopolítico resuelva su dirección, y la probabilidad implícita de que el FOMC se mantenga en pausa el 28 y 29 de abril supera el 100% descontado por el mercado.
El factor que modificó más abruptamente la dinámica de la semana no fue ninguna decisión de política sino una declaración del canciller iraní Abbas Araghchi el 17 de abril afirmando que el Estrecho de Ormuz estaba “completamente abierto” al tráfico comercial. El resultado fue inmediato: el WTI cayó a US$83,85 por barril y el Brent retrocedió a US$90,38, en una caída superior al 9% en pocas horas. Esa reacción es la expresión más precisa de cuánto de la prima de riesgo de los últimos dos meses estaba construida sobre el escenario de bloqueo sostenido. Lo que los analistas de ING señalaron es el límite de esa euforia: incluso con el Estrecho técnicamente abierto, los mercados físicos de petróleo se tensan cada jornada en que los flujos de crudo no se normalizan, y el proceso de reordenamiento de rutas de tanqueros y contratos acumulados toma semanas. El propio Trump confirmó que el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes seguirá vigente hasta que se alcance un acuerdo definitivo, y Araghchi aclaró que la apertura aplica solo hasta el vencimiento del cese al fuego, inicialmente fijado para el 21 de abril. La caída del crudo fue real; la resolución del riesgo subyacente, provisional. La Agencia de Información Energética de EE. UU. proyectó que los precios se mantendrán elevados incluso después de que los flujos se normalicen, dado el tiempo que requiere el reordenamiento logístico, con la gasolina promedio nacional en torno a US$4,30 por galón en abril y el diésel con un pico cercano a US$5,80 antes de estabilizarse.
En el plano comercial, Trump anunció un arancel del 100% a los chips de semiconductores importados, con excepción de los fabricantes que hayan comprometido producción en territorio estadounidense. La medida, enmarcada en la investigación de seguridad nacional bajo la Sección 232, cierra el ciclo de una política arancelaria que la Corte Suprema declaró ilegales en su versión anterior — privando a la administración de US$195.000 millones en ingresos aduaneros sobre un déficit fiscal que el FMI proyecta en 7,5% del PIB para 2026 — y añade presión sobre cadenas de suministro tecnológicas que ya operaban con inventarios ajustados. Las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial en Washington incorporaron la guerra con Irán como eje central de debate, con una lectura transversal que amplía el diagnóstico más allá de lo energético: el uso recurrente del dólar como instrumento de presión a través de sanciones ha generado el efecto opuesto al deseado en el mediano plazo, acelerando la construcción de circuitos financieros alternativos — desde las ventas de crudo iraní en yuanes hasta el auge de criptomonedas para transferencias sin intermediación bancaria — que fragmentan el sistema monetario internacional de forma gradual pero acumulativa. La desdolarización no es un colapso, es una transformación estructural cuya velocidad el conflicto con Irán ha acelerado de manera no lineal.
Valoración
La semana dejó tres lecturas de ciclo que el mercado procesará en las próximas sesiones con distintos horizontes temporales. En el corto plazo, la sorpresa favorable del IPP y la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz ofrecen el argumento técnico para una compresión de rendimientos en el tramo medio de la curva y para un repunte de activos de riesgo que habían incorporado un escenario de bloqueo energético sostenido. Esa lectura es correcta pero frágil: el cese al fuego tiene fecha de vencimiento, el bloqueo naval persiste y la reordenación logística del petróleo toma semanas. En el mediano plazo, el patrón estructural no ha cambiado: el IPP anual en 4,0%, la Fed en pausa sin capacidad de comprometerse con ninguna trayectoria, y una disputa institucional sobre la independencia del banco central que introduce un riesgo soberano sin precio de mercado establecido. La amenaza de destitución de Powell no es un evento de probabilidad elevada en términos de ejecución — los contrapesos legales e institucionales son reales — pero el solo hecho de que sea verbalmente activa cada semana erosiona la credibilidad del ancla antiinflacionaria que la Fed necesita precisamente cuando las expectativas de inflación a largo plazo comienzan a moverse. En el largo plazo, la combinación de déficit fiscal al 7,5% del PIB, política arancelaria bajo cuestionamiento judicial, desdolarización marginal pero acumulativa y un modelo de reindustrialización que entre abril de 2025 y febrero de 2026 perdió 89.000 empleos manufactureros en lugar de crearlos, define un escenario donde la credibilidad de la política económica de la administración se deteriora con mayor rapidez que la economía subyacente — que sigue creciendo, pero con un conjunto de activos institucionales que se deprecian en silencio.
II. Europa: Crecimiento Previo al Choque, Inflación Revisada al Alza y un BCE que No Puede Comprometerse con Ninguna Trayectoria
Los datos más sólidos corresponden al período anterior al conflicto y los más relevantes para la política monetaria apuntan en la dirección que los bancos centrales menos desean. El PIB del Reino Unido creció 0,5% mensual en febrero — cuatro veces por encima del 0,1% que el consenso anticipaba — y la balanza comercial de la Eurozona revirtió en el mismo mes de déficit a superávit. Ambos resultados, sin embargo, fueron descartados en tiempo real por los propios analistas que los comentaron: son fotografías de una economía que existía antes del 28 de febrero, cuando los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán inauguraron el ciclo de choque energético que desde entonces domina cada variable de política económica en el bloque. Lo que la semana aportó en materia de datos actuales fue más directo y menos ambiguo: la inflación de la Eurozona fue revisada al alza en marzo hasta 2,6% — primer registro por encima del objetivo del BCE en lo que va del año — y el consenso de más de 30 banqueros centrales y responsables de política reunidos en las asambleas de primavera del FMI y el Banco Mundial en Washington coincidió en que planificar hacia adelante es, en este momento, un ejercicio de honestidad sobre la magnitud de lo desconocido.
El dato de PIB del Reino Unido merece una lectura que separe la cifra del contexto que la rodea. El crecimiento de 0,5% mensual en febrero fue impulsado por servicios y producción — ambos avanzando 0,5% — y construcción al 1,0%, en una lectura que supera cualquier expectativa razonable para una economía que acumulaba señales de enfriamiento desde el tercer trimestre de 2025. El problema es que ese resultado es, en palabras del economista senior de Schroders, George Brown, un dato “obsoleto”: el conflicto con Irán comenzó el día en que la Oficina de Estadísticas Nacionales cerraba el período de captura de los datos de febrero, lo que significa que el impulso del mes no incorpora ni una sola semana de choque energético activo. Lo que el mercado laboral sí está mostrando en tiempo real es la dirección correcta: la tasa de desempleo ha superado el 5% y el crédito se encarece en un entorno donde el Banco de Inglaterra no tiene espacio para recortar sin arriesgar el ancla inflacionaria. El FMI fue el organismo que cuantificó con mayor claridad el costo esperado para el país: recortó su proyección de crecimiento del Reino Unido para 2026 desde 1,3% hasta 0,8%, la revisión más intensa entre las economías importantes del G7, convirtiendo al país en el más expuesto al choque energético de los grandes bloques occidentales. Esa vulnerabilidad tiene una explicación estructural que ningún dato positivo de corto plazo corrige: el Reino Unido es importador neto de energía, su mix de generación mantiene una dependencia significativa del gas natural y su posición geográfica lo aleja de las rutas de diversificación energética que Alemania y Francia han comenzado a explorar con mayor urgencia desde el inicio del conflicto. Los economistas proyectan que la inflación acelerará en marzo hasta 3,3% desde 3,0% en febrero — dato cuya publicación estaba prevista para el 22 de abril — y el mercado divide sus expectativas entre 25 y 50 puntos básicos de subidas del Banco de Inglaterra antes de que cierre el año, en lo que sería un endurecimiento sobre una economía que crece al 0,8%, combinación que no tiene salida limpia en términos de mandato dual.
La inflación de la Eurozona en marzo fue revisada al alza desde la estimación preliminar de 2,5% hasta 2,6% interanual, con el componente subyacente confirmado en 2,3% y los servicios en 3,2%. La revisión se produjo tras ajustes similares en Francia, Italia y España durante la misma semana, lo que indica que el fenómeno no es estadísticamente aislado sino sistémico: el canal de transmisión energético está operando con suficiente amplitud como para mover el índice general en múltiples economías simultáneamente, en el primer mes completo en que el precio del crudo incorporó íntegramente el choque del bloqueo de Ormuz. El BCE había proyectado en marzo una inflación promedio de 2,6% para 2026 como escenario base, y la presidenta Christine Lagarde y varios miembros del Consejo de Gobierno han señalado que la economía se encuentra en algún punto entre ese escenario y el adverso, que contempla un máximo de 4,2%. La lectura analítica más relevante no es el número de marzo en sí — un avance del crudo cercano al 30% lo hacía casi aritméticamente inevitable — sino la dinámica que describe hacia adelante: los analistas estiman que el IPC de la Eurozona se ubicará en torno a 3,1% en el promedio del año, lo que implica incorporar aproximadamente 100 puntos básicos adicionales respecto a los niveles pre-conflicto, con el efecto sobre la inflación subyacente contenido siempre que el crudo modere hacia US$85 por barril al cierre de 2026 desde los máximos de US$119,5 registrados en marzo. Esa moderación es el supuesto crítico: si el cese al fuego no se consolida y el Estrecho de Ormuz vuelve a operar con restricciones — como el propio canciller iraní Araghchi insinuó al señalar que la apertura del viernes era válida solo hasta el vencimiento del armisticio del 21 de abril — el escenario de 3,1% se convierte en piso, no en techo.
Los datos de comercio exterior de la Eurozona correspondientes a febrero ilustran la asimetría de los shocks en curso. La balanza comercial del bloque revirtió de un déficit de 1.900 millones de euros en enero a un superávit de 11.500 millones en febrero, con exportaciones cayendo 6,7% interanual y las importaciones retrocediendo 2,2%, en una mejora del saldo que responde principalmente a la compresión de importaciones energéticas antes del pico del choque — un patrón de rebalanceo forzado, no de fortaleza comercial — y a una desaceleración de las compras de bienes intermedios que anticipa debilidad en la producción industrial de los trimestres siguientes. La cuenta corriente, por contraste, se deterioró marcadamente: el superávit cayó desde 40.441 millones de euros en enero hasta 24.874 millones, por debajo de las proyecciones del consenso, con la reducción de la balanza de rentas primaria como factor determinante. Las exportaciones de la Eurozona a Estados Unidos acumulan dos meses consecutivos de caídas superiores al 26% interanual — 27,8% en enero y 26,4% en febrero — con el superávit comercial del bloque hacia ese destino reduciéndose en un 60%. Los economistas advierten que esa caída está parcialmente distorsionada por la base de comparación excepcional de principios de 2025, cuando los envíos se adelantaron masivamente antes de la aplicación de aranceles, pero Commerzbank estima que el impacto estructural de los aranceles reducirá el PIB de la Eurozona en 0,3 puntos porcentuales solo en 2026, y que los flujos comerciales tardan entre dos y tres años en responder plenamente a los nuevos gravámenes. Los próximos trimestres, cuando el efecto base favorable desaparezca, revelarán la magnitud real del daño.
El nuevo jefe de la Autoridad Bancaria Europea, François-Louis Michaud, señaló que los bancos del bloque son ‘suficientemente resilientes’ para absorber los shocks actuales — una afirmación que el propio BCE matizó el mes anterior al advertir que los mercados estaban subestimando el estrés geopolítico sobre el sistema financiero, y que el mismo Michaud condicionó añadiendo que ‘lo que viene a continuación no se parecerá mucho a lo que hemos visto en el pasado.’ Esa advertencia sobre la naturaleza inédita del entorno, formulada el mismo día en que asumió el cargo, define el marco en que el BCE someterá a las entidades más grandes a pruebas de estrés durante el año, con los riesgos geopolíticos identificados como la preocupación sistémica prioritaria del supervisor. El BCE alertó el mes previo que los mercados estaban subestimando la presión sobre el sistema financiero derivada de ese factor — una advertencia que los diferenciales de crédito en los bonos bancarios comenzaron a incorporar con mayor atención a partir de la tercera semana de marzo.
Las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial en Washington entregaron esta semana la radiografía más completa disponible sobre la percepción de los responsables de política a escala global, y el diagnóstico europeo fue consistente en su tono. El director gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad, Pierre Gramegna, sintetizó el problema con precisión: “para iniciar una guerra no necesitas pedirle permiso a nadie, actúas por tu cuenta; pero para terminarla necesitas acordar, bilateral y multilateralmente, y esa incertidumbre pesa en cómo miramos el futuro.” Su cuantificación del impacto inflacionario fue igualmente directa: un bloqueo de Ormuz de dos meses adicionales elevaría la inflación global 1,0 a 1,5 puntos porcentuales, y si la duración se extiende más, el incremento podría alcanzar 2,5 puntos porcentuales, umbral que el propio Gramegna identificó como el que probablemente desencadenaría estanflación. El gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, fue igualmente explícito en que los responsables de política no pueden construir su escenario sobre el supuesto más favorable, y anticipó un entorno de mayor inflación con menor crecimiento. Lo que ambos comunicados tienen en común, y lo que define la posición del BCE ante su reunión del 29 y 30 de abril, es la renuncia explícita a comprometerse con ninguna trayectoria de tasas. El gobernador del Bundesbank, Joachim Nagel, describió el panorama como “muy opaco, muy nebuloso” y señaló que el banco opera en modo “reunión por reunión.” El miembro del Consejo de Gobierno Olli Rehn fue el más preciso sobre la lógica de esa postura: “el valor opcional de esperar es bastante alto.” El mercado descuenta hasta dos subidas del BCE durante 2026, pero ninguno de los miembros del Consejo consultados durante la semana validó ese escenario como comprometido. La reunión de abril cerrará sin cambio de tasas, con los datos del PIB y la inflación de la Eurozona publicándose el segundo día de la reunión — lo que convierte esa jornada en un ejercicio de deliberación con información incompleta que el propio banco central reconoce como inevitable.
Valoración
Europa cierra la semana atrapada entre datos históricos que no reflejan las condiciones actuales y proyecciones que dependen de una variable que ningún responsable de política controla: la duración del conflicto. El PIB del Reino Unido de febrero es un resultado que existió antes de que la economía real enfrentara el choque; la inflación de la Eurozona de marzo es el primer dato que sí lo refleja, y ya supera el objetivo del BCE. El banco central europeo enfrenta la peor combinación de circunstancias para una reunión de política: datos de inflación al alza, datos de actividad deteriorándose, incertidumbre geopolítica máxima y un conjunto de voces internas — Nagel, Rehn, Dolenc — que convergen en que comprometerse con cualquier trayectoria de tasas sería un error de comunicación en este entorno. El mercado ha resuelto esa ambigüedad descontando subidas que el propio consejo no ratifica. Esa brecha entre expectativa de mercado y postura institucional es, en sí misma, una fuente de volatilidad para los activos europeos de renta fija. La exportación al deterioro comercial con Estados Unidos — con caídas del 26% hacia ese destino y un impacto estructural estimado en 0,3 puntos del PIB para el año — añade la dimensión arancelaria a un bloque que ya absorbe el choque energético con reservas estratégicas limitadas y sin capacidad militar para incidir sobre la duración del problema de fondo. El ministro de Finanzas francés lo formuló con claridad en Washington: la crisis muestra que Europa necesita soberanía energética, y la respuesta correcta es invertir en nuclear y renovables. El problema es que esa inversión protege contra la próxima crisis, no contra la actual.
III. Asia: China Consolida, Japón Sostiene a la Región y el Choque Energético Redefine las Vulnerabilidades Estructurales
Lo que la arquitectura económica de Asia venía construyendo desde el inicio del conflicto: la región no enfrenta el choque energético como un bloque homogéneo sino como un conjunto de posiciones estructurales radicalmente distintas cuya divergencia el bloqueo del Estrecho de Ormuz ha vuelto más visible y más costosa simultáneamente. China publicó datos de crecimiento del primer trimestre que superaron las expectativas y refuerzan la narrativa de estabilidad que Pekín cultiva deliberadamente de cara a la cumbre con Estados Unidos prevista para mediados de mayo. Japón, con una dependencia energética del 80% por vía del Estrecho, asumió durante la semana el rol de ancla regional comprometiendo US$10.000 millones para sostener el acceso al suministro de sus vecinos del sudeste asiático. Y el conjunto de la región procesó en tiempo real una variable que los modelos de impacto energético capturan con dificultad: el choque no llega solo por el precio del crudo sino por la interrupción de rutas aéreas, el encarecimiento del combustible de aviación y la fragmentación de cadenas de suministro que van mucho más allá de los hidrocarburos.
El desempeño de China en el primer trimestre de 2026 — el primero del 15° Plan Quinquenal según la propia narrativa oficial del Global Times — fue el resultado más sólido de la región en el período. Las exportaciones e importaciones combinadas se dispararon 15,0% interanual, la tasa más alta en casi cinco años, los precios de fábrica regresaron al terreno positivo con un avance del 0,4% y el IPC doméstico creció 0,9%, rompiendo la deflación que había dominado gran parte de 2025. El CSI 300 sumó 1,1% en la jornada de publicación de los datos y acumula 2,3% en lo que va del año; el Hang Seng avanzó 1,7% y acumula 3,0%. La respuesta moderada de los mercados respecto a la magnitud de la sorpresa positiva no es falta de convicción sino racionalidad: los datos del primer trimestre son anteriores al impacto pleno del bloqueo de Ormuz sobre los flujos de bienes secos, y los operadores institucionales saben que lo que viene a continuación no está capturado en ninguna de esas cifras. La posición de China frente al choque energético es estructuralmente más sólida que la de sus vecinos — reservas estratégicas equivalentes a entre 100 y 110 días de demanda, producción doméstica relevante y una matriz energética en la que el carbón y las renovables reducen la dependencia de la energía externa a entre el 15% y el 16% según estimaciones de Nomura, frente al 80% de Japón y Corea del Sur — pero esa ventaja tiene un límite preciso: el bloqueo no afecta únicamente a los petroleros sino también al tráfico de bienes secos, y ese canal de transmisión sobre las exportaciones manufactureras chinas todavía no se ha reflejado en los datos disponibles.
Las fracturas internas de la economía china que los datos del primer trimestre exponen con claridad son las que definen el verdadero grado de dificultad del ciclo. Las ventas minoristas crecieron 2,4%, la mitad del ritmo del conjunto de la economía, evidenciando que el dinamismo está concentrado en el sector externo y no en la demanda doméstica. Las exportaciones de automóviles se dispararon 57,2% con las ventas de vehículos eléctricos en expansión en Europa, pero las ventas domésticas de automóviles cayeron 20,3% al expirar los subsidios gubernamentales, y la producción del sector retrocedió 0,1% interanual en marzo. El sector inmobiliario acumula seis años de contracción: el gasto en vivienda cayó 0,2% en el primer trimestre y los precios de la vivienda bajaron 3,4% interanual en marzo, su trigésimo tercer mes consecutivo de descenso. El economista jefe de China de Nomura, Ting Lu, fue preciso en su diagnóstico: “una recuperación económica amplia sigue siendo muy difícil de imaginar.” Ese juicio no invalida el resultado del trimestre pero lo contextualiza con rigor: China crece por su sector externo en un momento en que ese sector está amenazado por la disrupción logística de Ormuz y por la posibilidad de que la tregua comercial con Washington — que tras el fallo de la Corte Suprema estadounidense que declaró ilegales varios aranceles de Trump dejó a China enfrentando el mismo gravamen del 10% que el resto del mundo — se renegocio en condiciones menos favorables durante la cumbre de mayo en Pekín. La estrategia de Xi Jinping de priorizar la “circulación interna” que comenzó a articular en 2020 tras la pandemia es estructuralmente correcta, pero el sector inmobiliario — que concentra el patrimonio de los hogares chinos y cuya contracción destruye la confianza del consumidor — no tiene señales de estabilización que permitan anticipar cuándo esa circulación interna alcanzará la masa crítica para reducir la dependencia exportadora.
La gestión diplomática de Pekín durante la semana fue tan reveladora como sus datos económicos. El Banco Popular de China mantuvo estables sus tasas de interés, señal de que la prioridad es la estabilidad macroeconómica antes de la cumbre con Estados Unidos del 14 y 15 de mayo, y la diplomacia comercial silenciosa que negocia acuerdos en aviación y agricultura con Washington sin confrontaciones públicas produjo durante el primer trimestre el resultado que los datos confirman: mientras Trump escalaba la retórica arancelaria, China expandía su comercio con Asia, Europa y el Sur Global a la mayor velocidad en cinco años. El académico Ran Jijun, de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, formuló en el contexto del APEC — que se celebrará en Shenzhen en noviembre — la advertencia más directa de la semana desde el lado chino: el mundo está “al borde de una tercera guerra mundial si algunas potencias no ejercen restricciones.” Esa advertencia, formulada por un académico vinculado al ministerio de Asuntos Exteriores, no es retórica descontrolada sino una señal de posicionamiento deliberado: China se presenta ante el Sur Global como la potencia que propone “asociación en lugar de alianza” en un momento en que el modelo de alianza occidental muestra el costo de sus asimetrías. El APEC de noviembre en Shenzhen será el escenario en que esa narrativa compita con la narrativa estadounidense frente a las 21 economías que concentran el 60% del producto bruto mundial.
El contraste con Japón es el que mejor ilustra la asimetría estructural de la región. Con una dependencia energética del 80% por una sola ruta marítima, la primera ministra Sanae Takaichi comprometió durante la semana un marco de cooperación de US$10.000 millones para ayudar a los países del sudeste asiático a asegurar suministro de energía, mantener cadenas de suministro y ampliar reservas estratégicas. La iniciativa fue recibida positivamente por los líderes de Filipinas, Malasia, Singapur, Tailandia, Vietnam, Bangladesh y Corea del Sur, y su magnitud es indicativa de la escala del problema: el ministerio de Asuntos Exteriores japonés señaló que los US$10.000 millones equivalen aproximadamente a un año de importaciones de crudo por parte de los países de la ASEAN. Que Japón — que absorbe sus propios costos energéticos con gasolina subsidiada para mantener el precio promedio en torno a 0,91 euros por litro con un desembolso gubernamental de más de 4.000 millones de euros — asuma simultáneamente el rol de prestamista energético regional revela que Tokio percibe el riesgo de inestabilidad en sus vecinos como un riesgo directo sobre sus propias cadenas de suministro industriales y sobre el abastecimiento de productos derivados del petróleo, incluido equipamiento médico que importa desde el sudeste asiático. La proyección del IPC subyacente de Japón para marzo en 1,8% refleja aún el efecto de los subsidios gubernamentales sobre los precios domésticos, pero ese amortiguador fiscal tiene un costo acumulado que cada semana de precios elevados del crudo Dubái hace más visible en el balance del Estado.
El impacto del choque sobre el turismo japonés añade una dimensión que los modelos de transmisión energética no capturan habitualmente. En la región de Hida Takayama se registraron cerca de 4.000 cancelaciones de reservas en una sola semana, con la mayoría correspondiente a visitantes europeos que dependen de rutas aéreas que atraviesan Oriente Próximo — rutas que han sido suspendidas o alargadas significativamente para evitar zonas de riesgo, encareciendo los pasajes y reduciendo la frecuencia de operaciones. El Ministerio de Economía, Comercio e Industria reconoció el impacto indirecto sobre sectores más allá del turismo: la volatilidad en precios energéticos y la fragmentación logística internacional comprometen cualquier cadena de valor que dependa del transporte aéreo o marítimo de larga distancia. Corea del Sur, con una vulnerabilidad energética comparable a la de Japón, fijó un precio máximo de combustible en torno a 1,30 euros por litro con un presupuesto de apoyo de cerca de 3.000 millones de euros y comprometió una suma equivalente para subsidios directos a hogares de ingresos medios y bajos. India optó por una combinación diferente: reducción del impuesto al combustible en 0,09 euros por litro — aproximadamente el 10% del precio — e incremento de impuestos a la exportación de diésel y combustible de aviación para garantizar disponibilidad doméstica, señal de que la prioridad es el mercado interno antes que los ingresos fiscales de corto plazo.
Valoración
La semana confirmó que Asia enfrenta el choque energético desde posiciones que no admiten lectura unitaria y que las respuestas de política de cada economía reflejan con precisión la profundidad de su exposición estructural. China dispone de reservas, diversificación energética y una posición diplomática que le permite administrar el ciclo desde la estabilidad, pero sus vulnerabilidades internas — sector inmobiliario en contracción por sexto año consecutivo, consumo doméstico que crece a la mitad del ritmo del PIB, dependencia exportadora amenazada por la disrupción logística de Ormuz — impiden que el resultado del primer trimestre sea leído como el inicio de una recuperación amplia y sostenida. Japón opera en el extremo opuesto de la escala de vulnerabilidad, absorbiendo costos energéticos sin precedente mientras asume simultáneamente el rol de garante regional del suministro energético con un compromiso de US$10.000 millones que revela que Tokio percibe la estabilidad de sus vecinos como condición de su propia cadena de valor industrial. La pregunta relevante para las próximas semanas no es si el choque tiene consecuencias en Asia — las tiene, cuantificables y crecientes — sino si la apertura parcial del Estrecho de Ormuz anunciada el 17 de abril es el inicio de una normalización duradera o un intervalo en un conflicto cuya resolución definitiva sigue dependiendo de condiciones que ninguna de las partes ha aceptado formalmente. De esa respuesta depende si los datos sólidos del primer trimestre chino marcan el tono del año o si quedan como la última fotografía positiva antes de que el choque logístico se refleje plenamente en la actividad.
IV. América Latina: Consumo que Cede en México, Resiliencia con Límites en Brasil y una Desinflación Argentina que Pierde Velocidad
Tres economías en posiciones cíclicas distintas pero con un denominador común: el margen de maniobra de política se estrecha en las tres simultáneamente, por razones diferentes y con instrumentos que en ningún caso resuelven el problema de fondo. México mostró un consumo privado en contracción durante el primer trimestre, con una canasta básica que sube por encima de la inflación general y una industria automotriz pesada en sus niveles históricos más bajos. Brasil sorprendió al alza en actividad de febrero pero inició su ciclo de recortes de tasas en un momento en que la crisis energética global cuestiona su velocidad y su magnitud. Argentina confirmó diez meses consecutivos de aceleración inflacionaria con una inflación núcleo que corre al 42% anualizado, en lo que configura el cuadro de precios más exigente de la región y el más difícil de reconciliar con el relato de consolidación macroeconómica que el gobierno sostiene.
El cuadro mexicano de la semana fue construido por dos indicadores que se refuerzan mutuamente en su diagnóstico. El primero es el Indicador Oportuno del Consumo Privado, que revela que el gasto de los hogares cerró el primer trimestre de 2026 en un nivel 1,3% inferior al del cuarto trimestre de 2025, con una caída de 1,6% en enero que fue el peor inicio de año para esa variable desde 2009 y un repunte de apenas 0,2% en febrero que no alcanzó para compensar el deterioro. El segundo es el reporte de Líneas de Pobreza del INEGI correspondiente a marzo, que muestra que una persona en zona urbana necesitó 4.940 pesos para acceder a la canasta básica de alimentos y servicios — un incremento mensual del 1,3% — mientras que en el ámbito rural el costo fue de 3.553 pesos con un alza mensual del 1,7%. Lo analíticamente relevante no es el nivel absoluto de esas cifras sino su relación con la inflación general de marzo, que fue de 4,6% interanual: la canasta básica urbana subió 5,6% y la rural 6,1%, ambas por encima del índice general, lo que significa que el choque de precios golpea con mayor intensidad precisamente a los hogares que destinan una proporción más alta de su ingreso al consumo de alimentos. La incidencia de la canasta alimentaria en el incremento de las líneas de pobreza fue del 86,6% en el ámbito urbano y del 90,2% en el rural — proporciones que eliminan cualquier ambigüedad sobre el origen del deterioro del poder adquisitivo.
La industria automotriz pesada añadió durante la semana la dimensión sectorial más preocupante del ciclo mexicano. La producción de vehículos pesados cayó 6,6% interanual en marzo y las exportaciones retrocedieron 5,9%, con 12.617 unidades ensambladas y 10.625 exportadas, ambos registros en el nivel más bajo de la historia del sector según el INEGI. En el acumulado del primer trimestre, las plantas nacionales produjeron 28.765 unidades, una contracción del 30,4% frente a las 41.316 del mismo período de 2025. Las ventas al menudeo cayeron 18,6% en marzo. La lectura integrada de estos datos es la que importa para la política monetaria y fiscal: el consumo privado se contrae, la canasta básica sube por encima de la inflación general, la industria manufacturera de exportación registra sus peores cifras históricas, y todo ello ocurre en un entorno donde la Reserva Federal mantiene tasas elevadas sin horizonte definido de recorte, el tipo de cambio enfrenta presiones y el recorte de Banxico de la semana previa genera dudas sobre la consistencia de la función de reacción del banco central.
Brasil ofreció durante la semana el contrapunto más sólido de la región, aunque con matices que el mercado no puede ignorar. El índice de actividad económica del Banco Central — proxy del PIB — subió 0,6% mensual en febrero, superando la estimación media de los analistas de 0,54% y confirmando que la economía brasileña mantiene una capacidad de crecimiento que sus pares regionales no exhiben con la misma consistencia. Ese resultado se produce en un entorno de tasas de referencia Selic de dos dígitos — la más restrictiva de las grandes economías de América Latina — lo que convierte la resiliencia del crecimiento en una señal de fortaleza estructural de la demanda doméstica. En marzo, el Banco Central ejecutó el primer recorte de la Selic desde 2024, iniciando un ciclo de flexibilización que el propio banco condiciona explícitamente a la evolución de la crisis energética derivada del conflicto con Irán. Un choque de costos energéticos activo reduce el espacio de recortes disponibles porque presiona la inflación hacia arriba por el canal del diésel, los fertilizantes y la logística agrícola — que en Brasil no son variables secundarias sino determinantes del nivel de precios de la canasta básica en una economía donde el agro tiene peso estructural en el PIB y en las exportaciones. En el plano de política fiscal internacional, la iniciativa conjunta de España y Brasil de impulsar un impuesto mínimo del 2% anual sobre las grandes fortunas — formalizada en un Memorando de Entendimiento firmado en Barcelona por los ministros de Hacienda de ambos países con la participación del economista de Berkeley, Gabriel Zucman — avanzó durante la semana con la adhesión en principio de presidentes de México, Colombia, Uruguay y Sudáfrica. La viabilidad de esa iniciativa depende de una coordinación internacional que históricamente ha resultado esquiva, pero su activación en el contexto actual es una señal de que Brasilia busca compensar con legitimidad redistributiva el costo político de las tasas elevadas que su propio banco central mantiene sobre la economía doméstica.
El caso argentino concentra durante la semana el cuadro inflacionario más complejo de la región. El IPC Nacional subió 3,4% mensual en marzo, acumulando diez meses consecutivos de aceleración desde el piso del 1,5% registrado en mayo de 2025. Los precios minoristas acumulan un alza promedio de 9,4% en el primer trimestre del año, por encima del 8,6% del mismo período de 2025 — lo que significa que el primer trimestre de 2026 fue inflacionariamente más intenso que el de 2025 en un contexto donde se supone que la consolidación macroeconómica debería haber invertido esa tendencia. La mayor incidencia correspondió a alimentos y bebidas no alcohólicas, con carnes y derivados avanzando 7,0% en el mes y explicando casi el 30% de la variación total, mientras los regulados subieron 5,1% y los servicios 4,2%, frente al 3,0% de los bienes. La inflación núcleo escaló de 2,6% en enero a 3,1% en febrero y 3,2% en marzo, con el promedio móvil de tres meses ubicándose en 3,0% mensual — equivalente a un 42% anualizado. Esa “velocidad crucero” de la subyacente es la señal que más incomoda para la política monetaria y cambiaria: indica que las presiones inflacionarias no provienen únicamente de ajustes de precios relativos o de shocks puntuales sino que tienen un componente inercial que ningún ancla nominal corrige de manera automática. La expectativa del mercado es que abril corte la racha de aceleración, pero la proyección de que 2026 cierre con una inflación similar a la de 2025 implica que el proceso de desinflación que el gobierno presentó como uno de sus logros centrales ha perdido velocidad de crucero precisamente cuando la consolidación fiscal debería haberle permitido acelerarla.
Valoración
Las tres economías analizadas esta semana ilustran con precisión el costo de enfrentar el ciclo global de costos energéticos elevados y tasas externas altas desde posiciones de partida con desequilibrios propios sin resolver. México muestra el deterioro más evidente en el bienestar de corto plazo: una canasta básica que sube por encima de la inflación general, un consumo privado en su peor inicio de año desde la crisis financiera global y una industria de exportación que registra mínimos históricos — todo ello en un año en que Banxico recortó tasas con inflación fuera del objetivo, decisión cuyo costo en términos de credibilidad antiinflacionaria se hace más visible cada semana que los datos de canasta básica confirman la presión de precios. Brasil es la economía regionalmente más resiliente pero su ciclo de recortes de la Selic enfrenta exactamente el mismo condicionante que el de sus pares: un choque energético global que presiona al alza los costos de producción y transporte en una economía donde el agro y la logística son determinantes del nivel de precios. Argentina presenta el cuadro inflacionario más exigente de la región con una inflación núcleo al 42% anualizado que erosiona el argumento de desinflación sostenida, en un momento en que el choque energético global añade presión sobre los regulados y los alimentos que el gobierno no controla desde la política monetaria. En las tres economías, el factor común es que el entorno externo — tasas altas, energía cara, apetito de riesgo deteriorado — no perdona los desequilibrios domésticos que en ciclos anteriores pasaban inadvertidos o se financiaban con mayor facilidad.
V. Colombia: Independencia del Banco Central en Disputa, Fiscal sin Ancla y una Economía que Produce pero no Vende
La acumulación de presiones simultáneas no encuentra un mecanismo de alivio creíble en ningún frente. La tensión entre el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda escaló del debate técnico al enfrentamiento institucional en el Congreso, con el gerente Leonardo Villar defendiendo ante la Comisión Cuarta de la Cámara la racionalidad de las subidas de tasas y el ministro Germán Ávila cuestionando no solo las decisiones sino la metodología, el mandato y la legitimidad de la mayoría que las aprobó. El Consejo de Estado aceptó estudiar una demanda contra el decreto que establece la estructura del banco central — norma de tres décadas que hoy determina si el ministro de Hacienda puede bloquear el quórum de la junta — y la Corte Constitucional falló por unanimidad que el decreto de emergencia económica del pasado diciembre fue inconstitucional, ordenando la devolución de cerca de $25.000 millones recaudados bajo ese amparo. La manufactura produce pero no vende, el comercio minorista crece con datos de febrero que el choque energético posterior ya ha comenzado a erosionar y los intereses de la deuda consumen 35,6% de los ingresos tributarios a febrero. Lo que la semana confirmó no fue una crisis nueva sino la maduración simultánea de vulnerabilidades que llevan meses acumulándose sin que ninguna variable de corto plazo — ni el petróleo alto ni el recaudo en crecimiento — tenga la magnitud suficiente para compensarlas.
La disputa entre la autoridad monetaria y el Ministerio de Hacienda alcanzó durante la semana su punto de mayor intensidad institucional desde el inicio del ciclo de alzas. El gerente Villar compareció ante el Congreso para explicar las cuatro razones que llevaron a la junta a subir la tasa desde 9,25% en enero hasta 11,25% en marzo: el déficit primario cerró 2025 en 3,5% del PIB cuando se esperaba cercano a cero; la demanda interna creció por encima del 4% sin que la producción pudiera responder al mismo ritmo; las expectativas de inflación saltaron de 3,3% a 4,7% en 2025 y luego a 6,7% en 2026; y el incremento del salario mínimo del 23% — equivalente al 28% en términos de salario por hora — impactó directamente las expectativas de inflación básica. “No estamos cometiendo un genocidio. Estamos tomando una decisión responsable, en beneficio de la sociedad”, dijo Villar, respondiendo de forma directa a la calificación del presidente Gustavo Petro. El ministro Ávila replicó cuestionando que decisiones de 200 puntos básicos en tres meses no tienen precedente en ningún banco central del mundo, que la inflación actual responde a choques de oferta que la tasa de interés no puede controlar — “no vamos a controlar subiendo las tasas internas el cierre del Estrecho de Ormuz” — y planteó abiertamente que “la economía colombiana no se desmorona con una meta de inflación del 4% o incluso del 5%“, abriendo el debate sobre si el objetivo del 3% vigente desde 2010 sigue siendo el ancla correcta para el ciclo actual. Las estimaciones del Ministerio señalan que el alza acumulada reducirá el crecimiento en 0,36 puntos porcentuales y elevará la tasa de desempleo en 1,18%, con un costo fiscal adicional de 1,8 billones de pesos por el mayor costo del endeudamiento soberano. Que el jefe de la cartera económica haya comparecido ante el Congreso a cuestionar la metodología de las encuestas de expectativas del propio banco central — “¿a quiénes encuestan? Al sistema financiero, exactamente los mismos que están enquistando las expectativas” — no es un debate técnico entre instituciones: es la expresión pública de una ruptura en la coordinación de política económica que los mercados de deuda y de cambios procesan como riesgo institucional adicional sobre el ya deteriorado perfil soberano del país.
La dimensión más crítica de esa disputa no es el debate sobre tasas sino la que abrió el Consejo de Estado al admitir el estudio de la demanda contra el decreto orgánico del banco central. La normativa vigente establece que la junta puede sesionar con cinco de sus siete miembros, uno de los cuales debe ser el ministro de Hacienda, quien además la preside. El ministro Ávila abandonó la reunión del 31 de marzo antes de que la mayoría votara el alza de 100 puntos básicos, y aunque no ha confirmado formalmente que repetirá la conducta el 30 de abril, el gerente Villar advirtió con precisión técnica que si la junta no puede reunirse en ausencia del ministro, el mecanismo de gobierno corporativo del banco se convierte en un instrumento de veto ejecutivo sobre la política monetaria. El jefe de estrategia de divisas para Latinoamérica de BBVA, Alejandro Cuadrado, señaló que la admisión de la demanda es “positiva para el peso” porque mejora las perspectivas de que las alzas de tasas se materialicen frente al riesgo de falta de quórum, pero advirtió que el mercado descuenta aproximadamente 125 puntos básicos adicionales de incrementos con riesgos elevados para la reunión de fin de mes. La Encuesta de Expectativas del propio Banco de la República anticipa que la junta subirá 50 puntos básicos el 30 de abril hasta 11,75%, con otro movimiento de 25 puntos básicos en junio hasta 12%, inicio de un ciclo de estabilización que el mercado ya descuenta por encima del 13%. La inflación se proyecta en 5,6% para abril y por encima de 6,3% al cierre del año, trayectoria que hace que cada señal de interferencia sobre la independencia del banco central no sea un episodio retórico sino una presión directa sobre las expectativas de mediano plazo que el propio ciclo de alzas busca anclar.
El frente fiscal aportó durante la semana el informe de seguimiento del Comité Autónomo de la Regla Fiscal, que cuantificó con precisión las dimensiones del deterioro en curso. Al cierre de febrero, los intereses de la deuda representaron 35,6% de los ingresos tributarios del Gobierno Nacional Central, nivel superior al de 2025 y al promedio histórico — una proporción que en términos prácticos significa que de cada tres pesos recaudados, más de uno se destina a servir deuda antes de financiar un solo peso de gasto primario. La deuda bruta se ubicó en 62% del PIB en febrero, con un incremento de 1,6 puntos porcentuales frente a enero, impulsado por el aumento de la deuda interna en títulos de largo plazo y por factores cambiarios que encarecen el servicio de la deuda externa. Las tasas de los títulos de deuda pública se ubicaron entre 12,8% y 14% en la mayoría de referencias, y la caja en pesos cerró marzo en COP$7,0 billones, por debajo de los niveles históricos de liquidez que el Tesoro requiere para operar con comodidad. El recaudo tributario creció 11,4% nominal en el bimestre enero-febrero, lo que en términos reales, descontando una inflación superior al 5%, representa un avance más modesto del que el titular sugiere. La Corte Constitucional añadió una presión inesperada al fallo fiscal de la semana: con votación de 8 a 0 declaró inconstitucional el decreto de emergencia económica del pasado diciembre y ordenó devolver cerca de $25.000 millones recaudados bajo ese amparo entre el 30 de diciembre de 2025 y el 28 de enero de 2026, con la DIAN dispone de 30 días para activar los mecanismos de reintegro. Ese hueco en el recaudo llega en el peor momento del ciclo fiscal — con el Fondo de Estabilización de los Combustibles consumiendo recursos para sostener los precios domésticos de la gasolina, con el déficit primario acumulado a febrero en 0,8% del PIB y el déficit total en 1,7% del PIB, y con el salario mínimo operando en régimen transitorio porque el Consejo de Estado mantuvo suspendido el Decreto 1469 que lo fijaba en $1.750.905 — un 23% de incremento que el tribunal cuestionó por metodológicamente inconsistente con la Ley 278 de 1996 al incorporar el concepto de “salario vital” de la OIT como criterio no contemplado en la norma vigente.
Los datos sectoriales de febrero entregaron una lectura que el presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, calificó de “relativo estancamiento”: la manufactura creció 1,4% en producción real pero registró caídas de 2,5% en ventas y 0,4% en empleo, en el cuarto mes consecutivo de ventas en terreno negativo. De las 39 actividades industriales incluidas en la encuesta, 20 registraron variaciones positivas en producción pero 23 ya acumulan tasas negativas en ventas, señal de que el problema es sistémico: las empresas producen más con menos personal pero no logran colocar sus productos en un mercado interno donde la demanda no responde. Los sectores de mayor dinamismo fueron la fabricación de vehículos automotores — producción +26% y ventas +63,8% —, el equipo de transporte adicional +22% y la refinación de petróleo +11,9%, mientras que la trilla de café se desplomó 38,5%, la elaboración de cacao y chocolate 21,9% y las industrias básicas de hierro y acero 20,5%. En el plano territorial, la manufactura colombiana opera a dos velocidades: Santander creció 7,6%, Cundinamarca 7,3% y Risaralda 4,1%, mientras Córdoba registró una caída de 34,9%, Tolima 8,4% y el Atlántico 6,9%. El aporte del Valle de Aburrá — 0,4 puntos porcentuales sobre el total nacional del 1,4% — indica que sin la industria antioqueña el crecimiento manufacturero habría sido casi nulo. En el comercio minorista, los datos de febrero fueron más favorables: las ventas reales crecieron 10,9% interanual impulsadas por vehículos, tecnología y electrodomésticos, con los equipos de informática avanzando 39,2% y los vehículos 26,6%. Ese dinamismo, sin embargo, corresponde al período previo al impacto pleno de la tasa en 11,25% y al encarecimiento del crédito de consumo que el ciclo de alzas produce con rezago de entre dos y tres trimestres.
La dimensión social del ciclo económico recibió dos lecturas simultáneas de signo opuesto durante la semana. El DANE publicó que la pobreza multidimensional alcanzó 9,9% en 2025 — la primera vez que ese indicador cae a un dígito en la historia del país, con cerca de 800.000 personas saliendo de esa condición en el año — resultado que el presidente Petro enmarcó como validación de las políticas sociales del gobierno. ANIF introdujo los matices que el titular estadístico oculta: las barreras de acceso efectivo a salud aumentaron en zonas rurales y centros poblados, donde la privación subió a 3,4%, en un sistema que opera bajo presión financiera sostenida por la insuficiencia de la Unidad de Pago por Capitación; el desempleo de larga duración — personas sin empleo por más de 12 meses — permanece en 13,1% a nivel nacional, por encima del 12,4% prepandemia; y la reducción de la tasa de desempleo general puede explicarse más por menor participación laboral que por creación efectiva de empleo de calidad. J.P. Morgan Colombia, en voz de su presidenta Ángela Hurtado, aportó la lectura de mercado más completa de la semana sobre las perspectivas del país: la inversión extranjera directa ha caído más del 30% en tres años, el mercado de capitales está concentrado en deuda pública con escasa liquidez para renta variable, el déficit fiscal genera un efecto de desplazamiento sobre el crédito corporativo privado — crowding out — que encarece el fondeo de las empresas, y los inversionistas internacionales esperan mayor claridad en la estrategia fiscal y el panorama político para regresar con fuerza al país. Sobre el peso, Hurtado señaló que un dólar por debajo de $3.500 es posible si las elecciones transcurren con tranquilidad y se da claridad fiscal — condición que el cuadro de la semana hace más difícil de cumplir, no más fácil.
Valoración
La semana no trajo una crisis puntual sino la confirmación de que las presiones estructurales que Colombia acumula desde hace meses se están materializando en forma simultánea y sin mecanismo de absorción creíble. Los intereses de la deuda en 35,6% del recaudo, el fallo de la Corte Constitucional que obliga a devolver $25.000 millones, el salario mínimo en régimen transitorio, el déficit primario al que el FEC añade un componente que el ministro reconoce como determinante — “si no hubiera tenido el gobierno que asumir el subsidio a la gasolina, no tendríamos déficit primario” — y la disputa institucional sobre el quórum del banco central construyen un cuadro donde cada variable que debería actuar como estabilizador enfrenta un obstáculo propio. El Banco de la República tiene la justificación técnica más sólida disponible para subir tasas — inflación proyectada por encima de 6% al cierre del año, expectativas desancladas, salario mínimo con impacto inercial sobre la subyacente — pero ejerce esa política en un entorno donde el gobierno cuestiona su mandato, el ministro abandona las reuniones y el Consejo de Estado estudia si la arquitectura legal del banco central es constitucional. J.P. Morgan lo formuló con precisión: los inversionistas internacionales esperan claridad fiscal y política antes de volver. Lo que la semana entregó fue exactamente lo contrario: más ambigüedad institucional, más presión sobre el recaudo y un banco central que sube tasas en soledad frente a un ejecutivo que lo acusa públicamente de dañar al pueblo. Ese es el cuadro que las calificadoras de riesgo y los analistas de crédito soberano están leyendo, y que ninguna cifra de recaudo en crecimiento ni de pobreza multidimensional en descenso tiene la capacidad de compensar mientras persista.
VI. Renta Variable: Desescalada de Ormuz, Resultados Corporativos y un COLCAP que no Aprovecha el Viento
El anuncio iraní del 17 de abril de reapertura del Estrecho de Ormuz comprimió la prima de riesgo geopolítico que había dominado el posicionamiento de los últimos dos meses y provocó una rotación amplia y rápida hacia activos de riesgo. El S&P 500 cerró en 7.126,06 con un avance semanal de 4,5%, acumulando su tercera semana consecutiva de ganancias superiores al 3%; el Dow Jones finalizó en 49.447,43 con un alza de 3,2%; y el Nasdaq Composite cerró en 24.468,48 con el mejor desempeño semanal de los tres índices, +6,8%, apoyado en el rebote de los componentes tecnológicos que más habían sufrido el repricing de tasas de las semanas previas. Tesla avanzó 15%, Microsoft 14% en camino a su mayor semana desde 2007, Oracle +26,77% y Fair Isaac+16%. El inicio de la temporada de resultados reforzó la narrativa de solidez corporativa: Bank of America y Morgan Stanley reportaron cifras superiores a las estimadas, validando que los márgenes han resistido el entorno de tasas elevadas mejor de lo que el mercado descontaba. El mensaje de Christopher Waller — que el choque energético podría retrasar recortes de tasas — operó como contrapeso pero no como catalizador dominante: el mercado priorizó la lectura de distensión geopolítica sobre la señal monetaria.
En Europa, el tono fue igualmente favorable aunque con una excepción sectorial de peso. El IBEX 35 avanzó 2,2% y el Euro Stoxx 50 2,1%, con consumo discrecional e industria liderando las subidas — +3,5% y +2,8% respectivamente — mientras energía retrocedió más del 5% por la caída del crudo tras la apertura de Ormuz. BP se desplomó 7,4%, Shell cayó 6,0% y la noruega Vår Energi cedió 6,2%, confirmando que el mismo evento que liberó a los índices generales castigó con precisión al sector que más había ganado durante el bloqueo. En Asia-Pacífico el desempeño fue mixto: el Nifty 50 indio cerró en positivo, pero el Hang Seng retrocedió 0,9% y el Topix japonés 1,4%, en corrección técnica tras las ganancias de las jornadas previas y con el impacto del crudo Dubái sobre los costos industriales japoneses todavía activo.
El COLCAP cerró la semana en 2.301,86, prácticamente plano con una variación de 0,0% en una semana acortada por la ausencia de rueda del 17 de abril, desconectándose del repunte global por razones estrictamente domésticas. La rebaja de calificación de S&P sobre Ecopetrol y el ruido de gobierno corporativo en torno a la compañía — el emisor de mayor peso en el índice — neutralizaron el impulso que la caída del crudo y la distensión geopolítica habrían generado en condiciones normales. Las acciones más transadas fueron Ecopetrol con COP$100.980 millones, seguida de PF Cibest y Cibest. Las mayores caídas correspondieron a PF Cibest (-3,96%), BVC (-2,51%) y Conconcreto (-1,99%). La única señal constructiva provino del segmento no petrolero: la oferta de recompra de acciones de Celsia aportó una lectura positiva de creación de valor que el mercado recibió favorablemente pero que no alcanzó para mover el índice.
Valoración
El rebote global de la semana fue real pero su sostenibilidad depende de la misma variable que lo generó: la duración efectiva de la apertura del Estrecho de Ormuz. El canciller iraní aclaró que esa apertura aplica solo hasta el vencimiento del armisticio y Trump confirmó que el bloqueo naval a los puertos iraníes continúa. Un mercado que construyó 4,5% de ganancia semanal sobre una distensión provisional opera con una fragilidad que la temporada de resultados corporativos del primer trimestre deberá sostener con datos concretos de márgenes y guías hacia adelante. Para el COLCAP, el problema no es el entorno externo sino la concentración del índice en un emisor cuyo riesgo corporativo y soberano se mueven en la misma dirección adversa.
VII. Renta Fija: Rally Táctico en TES, Compresión de Treasuries y Riesgos Estructurales que Persisten
El movimiento inverso al que había dominado las cinco semanas anteriores: la reapertura del Estrecho de Ormuz comprimió la prima inflacionaria por energía, el crudo cayó cerca del 9% y los rendimientos de los Treasuries cedieron a lo largo de la curva. El bono a 10 años retrocedió 6,9 puntos básicos hasta 4,24%, el de 2 años cayó 8,7 puntos básicos y el de 30 años 2,5 puntos básicos, en un movimiento cuya magnitud estuvo parcialmente contenida por el tono cauteloso de Christopher Waller y por datos de empleo que no abrieron ventana para recortes inmediatos. En Europa, los Bunds y los BTPs comprimieron spreads simultáneamente, con el mercado reduciendo la magnitud de alzas esperadas del BCE y el Banco de Inglaterra para 2026. La advertencia estructural que los analistas incorporaron junto al rally es precisa: el elevado posicionamiento apalancado de fondos de cobertura en Treasuries introduce vulnerabilidades ante episodios de volatilidad que pueden revertir la compresión de tasas con rapidez si la apertura de Ormuz no se consolida o si los datos de inflación de abril sorprenden al alza.
En el mercado local, los TES Tasa Fija registraron una valorización generalizada en los tramos medio y largo de la curva, con los nodos de mayor duración liderando el movimiento: julio 2046 comprimió 34,0 puntos básicos, octubre 205033,0 puntos básicos, enero 2035 29,0 puntos básicos y febrero 2030 27,0 puntos básicos. El catalizador externo — caída del crudo y descenso de los Treasury yields — se combinó con factores técnicos domésticos de peso: el prepago del 15% del Total Return Swap liberó cerca de $3,74 billones en títulos de deuda pública, reduciendo presiones de liquidez y generando un efecto técnico favorable sobre la curva, mientras las operaciones de manejo de deuda — incluyendo canjes por $675 mil millones — siguieron extendiendo la duración del perfil de vencimientos y conteniendo la percepción de oferta en el corto plazo. La excepción fue el nodo agosto 2026, que se desvalorizó 13,5 puntos básicos, señal de que el mercado mantiene incorporado un sesgo restrictivo del Banco de la República en el tramo más próximo, con expectativas de inflación todavía elevadas y la reunión del 30 de abril proyectando un alza adicional de 50 puntos básicos. Los TES UVR mostraron una valorización prácticamente generalizada — UVR febrero 2062 comprimió 55,5 puntos básicos y UVR marzo 2033 47,0 puntos básicos — consistente con el alivio de las presiones sobre inflación importada y una mayor demanda por cobertura real de mediano plazo. La salida de inversionistas extranjeros acumuló cerca de $10,7 billones en lo corrido de abril, explicada principalmente por efectos técnicos asociados al cierre del TRS más que por un deterioro de convicción estructural, y fue parcialmente compensada por mayor absorción de entidades públicas.
Valoración
La compresión de tasas en los TES de esta semana tiene sustento técnico sólido pero fundamento macroeconómico frágil. Mientras el déficit fiscal avance hacia el 7% del PIB, los intereses consuman 35,6% del recaudo tributario y la inflación proyectada al cierre del año supere el 6%, la curva nominal no tiene condiciones para una valorización estructural sostenida. Lo que la semana entregó fue un rally de alivio geopolítico amplificado por factores técnicos de liquidez — y esos factores, por definición, no se repiten.
VIII. Divisas: Dólar Global a la Baja, Peso Colombiano en COP$3.584 al Cierre del Viernes
La dinámica cambiaria de las semanas previas con un catalizador único: la reapertura del Estrecho de Ormuz redujo la demanda global por refugio, presionó a la baja al petróleo y favoreció al bloque no-dólar. El DXY cayó 0,4% hasta 98,23, profundizando al cierre del viernes hasta la zona de 97,7 — mínimos no vistos desde finales de febrero — en lo que configura una tendencia bajista del billete verde que el mercado comienza a incorporar como escenario base de corto plazo si la distensión con Irán se consolida.
Entre las monedas desarrolladas, el franco suizo lideró con +0,9%, seguido por el euro y la libra esterlina con +0,4% cada uno, el yen japonés con +0,4% y el yuan chino con un avance modesto de +0,1%. En emergentes, el peso chileno fue el de mejor desempeño regional con +2,1%, apoyado tanto por la debilidad del dólar como por el anuncio del gobierno de Chile de acelerar la expansión de producción de cobre mediante ajustes regulatorios. El real brasileño avanzó +0,5% y el peso mexicano cedió marginalmente -0,1%, única excepción negativa de la región.
El peso colombiano ganó +1,4% en la semana y cerró el viernes 17 de abril en COP$3.584, acumulando dos jornadas consecutivas de apreciación. Lo analíticamente relevante es que esa fortaleza se produjo a pesar de la fuerte caída del crudo — que en condiciones normales presionaría al peso en la dirección contraria — lo que confirma que en el corto plazo los flujos financieros y la compresión de la prima de riesgo geopolítico están dominando sobre los fundamentos tradicionales de términos de intercambio. Un factor local contuvo parcialmente el avance: el mercado procesó la noticia de que el Gobierno estaba comprando dólares para preparar una recompra de hasta US$4.000 millones en deuda externa, introduciendo oferta de pesos que moderó la apreciación.
Valoración
La debilidad del DXY y el mayor apetito por emergentes sugieren un sesgo bajista de corto plazo para el USD/COP, pero su sostenibilidad depende de variables que aún no están resueltas: la narrativa geopolítica puede revertirse si el armisticio no se prorroga, el crudo bajo presiona los ingresos fiscales y de Ecopetrol, y el déficit estructural de cuenta corriente colombiana requiere flujos de capital que solo se sostienen si la percepción de riesgo soberano no se deteriora adicionalmente. COP$3.584 es un resultado de alivio, no de corrección de fondo.
XIX. Commodities: El Crudo Cede con Ormuz, el Oro Avanza y el Cobre se Afirma
La declaración iraní de reapertura total del Estrecho de Ormuz al tráfico comercial, que desinfló de forma abrupta la prima geopolítica acumulada durante casi dos meses de bloqueo efectivo. El WTI cayó 11,9% en la semana hasta cerrar en US$85,08 por barril — con un piso intradía del viernes en US$83,85 — y el Brent retrocedió 10% hasta US$91,25, alejándose del máximo de US$115 registrado apenas dos semanas antes. La corrección es la más intensa en lo que va del año y refleja cuánta prima de riesgo había construido el mercado sobre el escenario de bloqueo sostenido. La lectura de fondo que los analistas de ING y la EIA mantienen, sin embargo, es que la normalización será gradual: los 13 millones de barriles diarios interrumpidos no se reincorporan al mercado de forma instantánea, el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes permanece vigente y el reordenamiento de rutas de tanqueros toma semanas. El crudo más barato alivia la presión inflacionaria global pero no la elimina — y ese es precisamente el argumento con que Waller condicionó cualquier recorte de tasas a la estabilización del entorno energético.
El oro ofreció la lectura más interesante de la semana porque se movió en dirección opuesta a lo que la distensión geopolítica habría sugerido. El metal avanzó 1,7% hasta US$4.830 por onza y tocó US$4.860 en la jornada del viernes, impulsado por la debilidad del dólar y la moderación de las expectativas inflacionarias que la caída del crudo genera — un canal de transmisión que en este ciclo favorece al oro porque reduce la probabilidad de nuevas subidas de tasas y, con ello, el costo de oportunidad de mantener el metal sin cupón. La plata avanzó 6,6% hasta US$80,9 por onza, con mayor beta que el oro por su componente industrial. El cobre subió 3,3% hasta US$614,1 por libra — con la tonelada en Londres negociándose cerca de US$13.270 — apoyado en la restricción de exportaciones de ácido sulfúrico que China anunció desde mayo, insumo relevante para el procesamiento de metales, en un mercado físico que ya operaba con oferta ajustada antes del conflicto. En el mercado cafetero colombiano, el precio de la Federación Nacional de Cafeteros cerró el 17 de abril en $2.235.000 pesos por carga de 125 kilogramos de pergamino seco, con una baja frente a los $2.295.000 del día anterior.
Valoración
La caída del crudo es el dato más relevante para la política monetaria global de las próximas semanas: reduce la presión inflacionaria importada, abre espacio para que los bancos centrales mantengan la pausa sin necesidad de endurecer, y mejora los términos de intercambio de los importadores netos de energía. Para Colombia, sin embargo, el efecto es ambivalente — alivia la inflación por combustibles pero reduce los ingresos fiscales de Ecopetrol y el soporte cambiario del peso que el crudo alto había aportado. El oro en US$4.830 confirma que el mercado no ha cerrado del todo el capítulo geopolítico: compra distensión con una mano y cobertura con la otra.
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