Consideraciones para indecisos

Rafael Nieto Loaiza

Escribo con el corazón en un puño. Confieso que oro mañana y tarde para que después del 31 Colombia no esté en el dilema de escoger entre el abogado de las Farc y el abogado de paras y narcos, entre abogados de mafiosos, sino que tenga la alternativa de elegir presidente una mujer intachable, decente, sin esqueletos en el clóset, preparada, seria, conocedora del país, sin vínculos con los violentos. Una verdadera demócrata, alejada del populismo y la retórica engañosa, con experiencia para ofrecer e implementar soluciones que mejoren el nivel y calidad de vida de todos los ciudadanos.

Para quienes defienden la candidatura de De la Espriella (DLE) y ese casi 20% de indecisos que definirán esta elección, estas consideraciones.

DLE excusa que él ha defendido a los más espantosos criminales alegando que todos tienen derecho a la defensa judicial. Uno, a diferencia de los médicos que están obligados por el juramento hipocrático, los abogados sí podemos escoger a nuestros clientes. DLE decidió escoger a los peores y solo le importó hacerse rico con los honorarios que le pagaron los malhechores que hicieron fortuna sobre los muertos, la sangre y el hambre de centenares de miles de colombianos y venezolanos. Dos, DLE no solo fue abogado sino cabildero de esos homicidas y mafiosos y trabajó no solo en su defensa en los tribunales sino, más allá de su tarea como penalista, en buscar que pudieran alcanzar sus impresentables objetivos. Finalmente, el punto de reflexión no debe ser si un penalista puede defender delincuentes (la respuesta es obvia) sino si un país como el nuestro debe elegir como presidente a quien ha sido abogado y lobista de los más espantosos asesinos, se hizo rico y tiene relaciones y amistad con ellos.

DLE habla de “extrema coherencia” pero su discurso de hoy y los principios que ahora dice defender son exactamente lo contrario a lo que predicó toda su vida. Elogió a Petro, aplaudió el pacto de Santos con las Farc y escribió un libro para defenderlo, sostuvo que era maravilloso que Timochenko y los otros criminales de guerra entraran al Congreso y dijo que eran mejores que los “pusilánimes” parlamentarios de entonces, pidió que les dieran los mismos beneficios a los paras, atacó el tratado de extradición y solicitó que les devolvieran a los narcos el diez por cierto de sus fortunas. Se declaró ateo, dijo que casarse por la Iglesia era una estupidez, defendió la eutanasia y la adopción por parte de parejas homosexuales y un largo etcétera. Aunque se presenta como la “extrema coherencia” y un férreo defensor de “principios”, si algo no ha sido es coherente. Los principios solo aparecieron para la campaña. ¿Es creíble un candidato que se contradice a sí mismo una y otra vez? ¿Hay que confiar en lo que dice ahora, que tiene un evidente interés de campaña, y no en lo que sostenía antes?

Además, esas relaciones, algunas de amistad, con violentos y bandidos hacen poco creíble su compromiso con la seguridad y la lucha contra el crimen. De hecho, es peor: su hombre de confianza y socio en su bufete,  Peñarredonda, es responsable de lavado de activos y fraude electrónico en EE.UU., por estafar narcotraficantes pidiéndoles dinero a cambio de beneficios judiciales. Y Boliche, asistente paralegal de la oficina de DLE, es el acusado principal. Y sí, DLE tenía en su nómina a Boliche, un narco responsable de lavado de dinero para Alex Saab y ahora nuevamente encausado. Para rematar, en el juicio se han referido varias veces a un “coconspirador no acusado” que sería “un abogado colombiano y miembro de una bien establecida firma legal en Colombia que rutinariamente representa a acusados que afrontan extradición”. DLE debería asegurarnos que no es él. Con todos esos antecedes, ¿por qué creerle su campaña sobre seguridad y lucha contra la delincuencia? Dice lo que muchos quieren oír, pero su trayectoria, su pasado y sus relaciones con criminales lo contradicen. Y despiertan desconfianza. Algo que debieran pensar con mucho cuidado todos y en especial los reservistas y veteranos. Finalmente, DLE es a todas luces un hombre susceptible al chantaje de sus antiguos clientes y amigos y que camina por el filo de que se abran procesos judiciales en su contra tanto en Colombia como en Estados Unidos y Venezuela, donde hay quienes están dispuestos a testificar que participó en las operaciones de lavado de activos de Alex Saab. ¿Queremos como presidente uno colgado de un hilo durante cuatro años? ¿O haciendo maniobras non santas para no caerse, como Petro?

Por otro lado, yo no me atrevo a cuestionar su conversión de ateo a cristiano.  De hecho, le doy el beneficio de la buena fe. Y supongo que estará arrepentido de sostener toda su vida posturas anticristianas y alegar que “era más fácil defender al diablo” que a Dios. Pero es abierta la contradicción con su comportamiento. Pocas cosas menos cristianas que hacer fortuna sobre la sangre de los colombianos inocentes. Pero además DLE vive para el dinero, la apariencia, presume de derroche en un país lleno de pobres, ve a las mujeres como objetos sexuales y decorativos, tiene sospechas posturas públicas homofóbicas, predica el odio contra quienes no comparten sus posiciones. ¿No encaja DLE con los fariseos? Invito a una reflexión a mis amigos cristianos y católicos.

Aún más importante, los electores que tienen por objetivo final derrotar a Cepeda no deben correr el riesgo de apoyar la DLE que, sin duda, es un tiro en el pie: se ha dedicado a alejar los votantes y destruir los puentes políticos que se necesitan para ganar en segunda vuelta. Paloma no es solo la única que asegura derrotar a Cepeda sino la que necesita Colombia para su reconstrucción. Solo sumando podemos construir un país justo y seguro, sin pobreza y sin hambre, con salud y empleo para todos.

Rafael Nieto Loaiza

Impulsor de la Gran Alianza Republicana. Abogado, columnista y analista político. Ex viceministro de Justicia.

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