Cuando nos hablan del capital humano, por lo general, lo asociamos a ciertas necesidades básicas con las que los individuos y las comunidades deben contar: acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, al saneamiento básico, al empleo y también a ingresos que estén por encima de la línea de pobreza. Ahora bien, lo que pretendo hacer en esta columna es abordar cada uno de los elementos del capital humano para poder entender de mejor manera cómo se alcanzarían el desarrollo y la prosperidad. La tesis central parte de que el crecimiento económico sostenido, la redistribución de oportunidades y unas instituciones incluyentes generan condiciones óptimas para propiciar dicho capital humano. De lo contrario, si tenemos un crecimiento paupérrimo, hay una dependencia excesiva de la redistribución de la riqueza y las instituciones se tornan excluyentes; esto entorpecería cualquier intento de movilidad social.
El crecimiento y el desarrollo económico no son excluyentes, y ambos son necesarios para que las sociedades puedan prosperar.
Crecimiento económico sostenido
En este punto vale la pena traer a colación algunos modelos sobre crecimiento económico que han nutrido ese corpus teórico de la economía.
En primer lugar, el modelo Harrod-Domar busca la dinamización de la macroeconomía. Se resalta la importancia del ahorro y la inversión como canalizadores de un crecimiento sostenible de la economía. Si el equilibrio entre ambos no se produjera, el Estado debería intervenir, complementando la inversión privada para prevenir el desempleo.
Por otro lado, tenemos el modelo de Solow, que se sustenta en una serie de principios ya propuestos por el anterior modelo: el crecimiento de la economía resulta de la inversión de capital y el aumento de la fuerza laboral. No obstante, Solow abandonó la rigidez de los modelos anteriores al defender que, además, deben tenerse en cuenta las ideas y la tecnología.
En tercer lugar, el modelo Ramsey-Cass-Koopmans estudia el ahorro como consecuencia de las decisiones adoptadas por distintos agentes económicos (los hogares y las empresas), de acuerdo con sus curvas de utilidad y restricciones presupuestarias. El modelo pretende explicar el crecimiento a largo plazo de las economías sin tener en cuenta las fluctuaciones del ciclo económico.
Por último, está el modelo Aghion-Howitt, conocido frecuentemente como modelo de crecimiento endógeno articulado en torno a la destrucción creativa, cuya premisa fundamental es la siguiente: los avances generados por un sector innovador competitivo constituyen el motor del crecimiento económico. La tasa de crecimiento de la economía es una función del ritmo del cambio tecnológico, el tamaño de la fuerza laboral y la productividad de dichos avances.
En resumen, estos modelos de crecimiento económico coinciden en que se deben tener en cuenta factores tales como el ahorro, la inversión, el aumento de la fuerza laboral, las ideas, la innovación tecnológica y la productividad.
Redistribución de oportunidades
En relación con el enfoque de redistribución de oportunidades, se propone invertir en aquello que permite que las personas progresen por sí mismas: educación de calidad, acceso a la tecnología, infraestructura, crédito para emprender, instituciones que funcionen y seguridad jurídica.
En contraposición, el enfoque basado únicamente en la redistribución se centra en las transferencias, los impuestos y los subsidios, que pueden aliviar problemas inmediatos, pero no cambian las estructuras de fondo. Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales de América Latina, dado que aún registramos un coeficiente de Gini de 0,49, una pobreza monetaria de 31,8 %, una pobreza multidimensional de 9,9 % y que el 1 % más rico concentra alrededor del 27 % de la riqueza total del país.
Claramente, aún hay muchos retos en materia de reducción de la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, si se logra implementar una política social orientada a la redistribución de oportunidades (más que a la redistribución de la riqueza), se podría encauzar la solución de esta problemática en el mediano y largo plazo. Mientras tanto, es posible contemplar la opción de mantener algunos subsidios y transferencias, siempre y cuando sean condicionados y tengan una correcta focalización.
Instituciones incluyentes
Finalmente, haré un contraste entre las instituciones incluyentes y las extractivas, tema ampliamente expuesto por los economistas Acemoğlu y Robinson. Las instituciones incluyentes se fundamentan en el respeto al Estado de derecho y se asocian con sociedades democráticas. No hay concentración del poder y, por ende, las élites favorecen que la ciudadanía se desenvuelva de tal manera que alcance sus objetivos económicos y sociales. En consecuencia, se incentivan comportamientos que facilitan el buen funcionamiento de la economía, la creación de riqueza y el desarrollo de la sociedad civil.
A diferencia de ello, en las instituciones extractivas se conculcan derechos básicos y la seguridad jurídica. Las élites las utilizan para mantener el control y beneficiarse exclusivamente de los recursos del resto de la sociedad, los cuales extraen para obtener ganancias a corto plazo. Este contexto socava la innovación, el emprendimiento y la creación de riqueza.
Conclusiones y reflexiones finales
A lo largo de este texto quise demostrar cómo el crecimiento económico sostenido, la redistribución de oportunidades y las instituciones incluyentes fomentan el capital humano.
Respecto del crecimiento económico, se abordaron algunas variables fundamentales: ahorro, inversión, aumento de la fuerza laboral, ideas, innovación tecnológica y productividad. En cuanto a la redistribución de oportunidades, se busca empoderar cada vez más a los individuos a través de inversiones en el mediano y largo plazo en distintos ámbitos: educación de calidad, acceso a tecnología, infraestructura, emprendimiento, instituciones funcionales y seguridad jurídica; con esto, se espera una menor dependencia de los subsidios y transferencias (aunque la idea es que no se desmonten completamente, sino que se focalicen y estén condicionados correctamente). Al final, elaboré un contraste entre instituciones incluyentes y extractivas, donde en unas el poder está mejor distribuido y en otras se concentra.
La democracia, el Estado de derecho, los derechos de propiedad y los mercados libres propician, de la mejor manera, el capital humano: motor del desarrollo y la prosperidad.
Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.














Comentar