![]()
…una confortable esclavitud, manteniendo a cualquier precio lo que entienda o sienta como cómodo…
¿Qué tan esclavo resulta uno de su libertad?
En la lectura de Espinoza (o Espinosa) descubro una cierta idea de condescendencia -no en él pues, es estricto y tajante- en el humano, que se cree estar libre por el orden que establece la Naturaleza (el primer amo).
Ya perdí la cuenta de cuánto llevo entre las páginas de un pensador tan brillante y exigente. Me veo obligado a ir y devolverme, buscando claridad para interpretarle. Creo, a pocos, estarlo logrando, con la necesidad particular del café que suele hacerse frío a un lado y una disposición que exige valeriana, para ser paciente y abierto. Voy lento, pero me agarra.
Hasta ahora, me envuelven la cabeza muchos nudos, tales como su propuesta de libertad que pone en el conocimiento auténtico de las causas y las cosas, de entenderlas.
Ahí me sugerí entonces: hoy, ¿qué tan libre es el humano libre si otro es el que decide hacerle creer libre? Aún más, cuando como hombre que se siente cómodo, prefiere no estar interesado en reflexionarlo, para evitar precisamente incomodidades y preguntas -punto de partida a la libertad que plantea este judío insistente-…
Resulta uno hoy esclavo de su confort, desgastando su ser -lo único que tiene- en mantenerlo. Así, la conocida ‘zona de confort’ resulta una ‘zona de esclavos’ que temen escapar, bien por una supuesta tranquilidad propia, bien por la de aquellos que trajo de modo ingenuo -y hasta amorosamente- a acompañar instrucción en una confortable esclavitud, conservando a cualquier precio lo que entienda o sienta como cómodo.
De no estar mal interpretando yo esta escritura tan vigente a pesar de los siglos, el humano parece cada vez menos libre, cuanto la comodidad se convierte en una idea interpuesta por lo de afuera; casi siempre, ideas de comportamiento, resignación y consumo.














Comentar