El rostro encubierto del fascismo global: anatomía de la “nueva derecha” del siglo XXI

El mundo contemporáneo vive un periodo de creciente complejidad y violencia, no solo en la política, con repercusiones en los vínculos sociales atravesados por dinámicas políticas y lo que algunos autores denominan “comportamientos microfascistas”. Este escenario se enmarca en lo que Jeffrey Weeks entiende por “pánico moral”: un fenómeno recurrente que emerge cada vez que la humanidad intenta alejarse de lo místico y lo oscurantista. En tales episodios, las inquietudes difusas sobre la moral sexual se focalizan, desencadenando transformaciones sociales y políticas que buscan regresar a un pasado idealizado por las nuevas derechas, donde la “pureza” y el castigo son herramientas de control.

En tiempos oscuros para la democracia global, el populismo de la nueva derecha encuentra terreno fértil en un contexto de crisis. Este movimiento, compuesto por “libertarios”, conservadores, “anarcocapitalistas”, nacionalistas religiosos y supremacistas, entre otros, se alimenta del rechazo al “progresismo” (lo que ellos llaman “marxismo cultural”, “liberprogres” o, simplemente, todo aquello que desprecian y a la vez los obsesiona). Se presenta bajo la apariencia de una fuerza que rescata a las naciones de su supuesta degradación, apelando a un pasado nostálgico y exaltando una identidad colectiva basada en la religión y su “batalla cultural” (destruir “al otro”).

Políticos como Javier Milei, Giorgia Meloni, Vladimir Putin, Donald Trump y Viktor Orbán construyen su narrativa alrededor de un enemigo moral que debe ser “destruido”. Su retórica violenta y excluyente busca dividir sociedades, apelando a emociones vinculadas al miedo y al odio. Este imaginario no solamente polariza, sino que también naturaliza y normaliza actitudes antidemocráticas que antes parecían inconcebibles.

Umberto Eco advertía sobre el fascismo eterno, una ideología que se adapta a los tiempos para perpetuar su esencia totalitaria. En la actualidad, vemos cómo la democracia se debilita frente a líderes que combinan populismo y políticas autoritarias. En España, por ejemplo, Vox utiliza un discurso nacionalista y nativista para justificar su visión excluyente y discriminadora. En Estados Unidos, el presidente Trump movilizó a los sectores más vulnerables hacia una narrativa de odio y resentimiento.

El historiador Matthew Hughes destacó la inacción de quienes se consideran “buenos” frente al avance del nazismo, un recordatorio de que el silencio y la pasividad pueden ser cómplices del mal. Hoy, más que preguntarnos de qué manera mueren las democracias, deberíamos preguntarnos por qué permitimos que mueran.

El autor Cas Mudde señala que “el populismo de derechas, tanto en Europa como en otras regiones del mundo, se articula alrededor de cuatro temas fundamentales: la corrupción, la migración, la seguridad y la política exterior”. Estas temáticas no solo estimulan el nativismo y el nacionalismo, sino que igualmente refuerzan narrativas xenófobas escudadas en la fachada de preocupación por el bienestar nacional.

La estrategia discursiva de las nuevas derechas entrelaza las cuestiones de género y diversidad sexual con el deterioro del “orden moral”. En ese marco, conceptos tales como “corrupción” son reinterpretados para abarcar prácticas ilegales relacionadas con el uso de fondos públicos, además de una supuesta “contaminación” cultural o racial que, según estas corrientes, amenaza la pureza de la nación.

Ante tan desalentadora coyuntura, el desafío es doble: resistir las dinámicas autoritarias y educar sobre los peligros de estas ideologías.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Antonella Marty

Escritora y profesional en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas, de origen argentino. Es autora de varios libros publicados por Deusto, entre ellos «El manual liberal» (2021), «Todo lo que necesitas saber sobre…» (2022), «Ideologías» (2024) y «La nueva derecha» (2025).

Su trabajo se centra en el análisis del auge de la nueva derecha, el narcisismo político y la creciente intersección entre religión y poder.

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