El fraude académico y el sacrificio de la ética

Hace algunos meses pasé por una terrible crisis de salud y sentí la inhumanidad de buena parte del personal médico que me atendió. No voy a generalizar –por principio existencial detesto cualquier tipo de generalización–, pero a lo largo de dos semanas de hospitalización me sentí degradado en mi dignidad y convertido en objeto de burla de un personal médico que, con o sin intención, olvidó que atendía un ser humano. Poco importó mi angustia ante la deformación o el evidente colapso mental, el paciente Chaverra Colorado, aquejado por una enfermedad extraña sobre la cual debía asumir plena responsabilidad –según ellos–, solo era un fenómeno. Yo, mentalmente devastado e intentando alcanzar un nivel de comprensión en medio de un colapso, solo me preguntaba: ¿dónde está la ética de los médicos?

La pregunta por la ética y su relación con la formación profesional siempre me ha inquietado desde que, siendo estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Antioquia, una compañera, impetuosa y extrovertida, afirmó sin ambages que su demora era graduarse para saltar a la administración pública y “robar”. Sí, así lo afirmaba, robar. Y lo decía sin el más mínimo grado de pudor. No sé qué habrá sido de ella y su consumada vocación para el latrocinio, pero sí recuerdo a algunos compañeros que, sin caer en el descaro de verbalizar el alcance de sus bajos instintos, terminaron sacrificando su ética en un ilusorio afán de lucro y, tal vez sí, o talvez no, hoy cargan con los escombros que pesan en sus conciencias.

Por esos días, a finales del año 2013, cuando el colapso del edificio Space se cobró la vida de 12 personas en uno de los mayores desastres estructurales en la historia del país, se discutía en las universidades sobre cómo en el afán por maximizar ganancias-beneficios particulares algunos profesionales no veían problema en sacrificar su ética. Previo al desastre del Space recuerdo que los estudiantes de ingeniería expresaban que la formación en ética era un “relleno” en el pensum universitario, además de una pérdida de tiempo. En ese afán ilusorio por graduarse rápido y salir a buscar plata que se crea en un una sociedad consumista y competitiva varios estudiantes no comprendían que la ausencia de ética profesional se puede saldar en vidas. El Space siempre será un recordatorio.

Y vuelvo al personal médico, y no por insistir en mi lamentable experiencia como paciente, sino por el reciente escándalo que involucra a cerca de 40 galenos en una impresionante modalidad de fraude colectivo en las pruebas para optar a especializaciones quirúrgicas en la Universidad de Antioquia. Usando gafas inteligentes, audífonos incorporados y sistemas electrónicos personalizados los médicos pretendían consumar un sofisticado fraude académico para escalar a como diera lugar en sus carreras profesionales. Entre 40 y 160 millones pagaron para así tener una “ventaja” fraudulenta en las pruebas.

Más allá del escándalo y las consecuencias profesionales y jurídicas en el Tribunal de Ética Médica y en la Fiscalía, el asunto pone de manifiesto hasta dónde están dispuestos a llegar algunos profesionales en su afán por escalar. Poco importa si en el camino se sacrifica la ética o si se corre el riesgo de autodestruir la propia carrera si el fraude se termina descubriendo. Y eso pasa y en otras circunstancias, no lo dudo, con la mayoría de carreras, en todas hay profesionales ambiciosos y sin escrúpulos, pero si resulta trágicamente ilustrativo cuando pasa con quienes tienen en sus manos la definición de los diagnósticos, los procedimientos y los tratamientos que involucran la vida de cientos o miles de pacientes.

En lo personal, no dejo de pensar que algunos de esos médicos que, buscando escalar a toda costa sacrifican su ética, sean aquellos mismos que en su ejercicio profesional olvidan que atienden a seres humanos y que suelen tratar a los pacientes en los peores términos. Y son muchos, los que agreden la dignidad y convierten a los pacientes en objetos de burla. ¿Qué se puede esperar de un profesional que sacrifica su ética?

La cantidad de participantes y la sofisticación tecnológica de la modalidad de fraude descubierta me llevan a pensar, que, tal vez, no se trató de una “prueba piloto” y que podemos estar frente a un sistema fraudulento experimentado. Con muchos vasos comunicantes. Les corresponderá a las autoridades, tanto médicas como judiciales, investigar y sancionar. También la UdeA deberá verificar si en pruebas anteriores se logró consumar el fraude. Y a los médicos que sacrificaron su ética para escalar, no les queda más remedio que reflexionar. Ya son un diagnóstico de lo que esta mal en la sociedad.

Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor, investigador y editor.

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