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Según explica con meridiana claridad Wikipedia:
Se conoce como efecto derrame, efecto goteo o teoría del derrame a la que propone reducir los impuestos a las empresas y a los ricos de la sociedad como medio para estimular la inversión empresarial a corto plazo y beneficiar a la sociedad en general a largo plazo.
Esto es lo que se pretende hacer con muchos de los cambios que se están imponiendo, los beneficios que se espera que en el futuro puedan obtenerse y es bastante probable que así funcione.
Un proyecto económico capaz de atraer inversiones, que necesite más obras para crecer y exportar más, generará más puestos de trabajo, más instalaciones, más ropa y calzados de seguridad, más viviendas para alquilar y todo lo que conllevan los trabajos indirectos para la industria.
Reduciremos las importaciones de algunos productos, con lo cual los precios de algunos productos bajarán, como el gas.
Si todo se mantiene y con un poco de suerte Vaca Muerta super crecerá, sacaremos tantos minerales como Chile, exportaremos gas, las carnes argentinas y los granos se exportarán tanto que quizás haya que demoler el Obelisco para destinar ese espacio a sembrar soja.
Aumentará el trabajo, disminuirá la desocupación y con la reforma laboral todos los empleadores registrarán a su personal y no habrá más trabajo en negro, ni siquiera Fifty-fifty.
La gente, LOS NOSOTROS, con dinero genuino activará el comercio, y los mayores movimientos aumentarán la recaudación. Con las jubilaciones congeladas quedará un remanente mayor para pagar los posibles despidos y, con parte de los beneficios de los industriales e inversores, se podrá reactivar la construcción privada.
La enorme cantidad de gremios subsidiarios terminarán convirtiendo el círculo vicioso de la pobreza y la indignidad en un círculo virtuoso de prosperidad y trabajo.
Con un Banco Central que mute de dinamitado a tener su Carta Orgánica modificada y no pueda subsidiar al Estado, con el fin del Turismo Sanitario, con las PASO devueltas a simples internas partidarias sin gastos para el Erario Público y, si se pudiera -.aunque sea mucho más difícil que todo lo anterior – terminar con la corrupción, no debería pasar mucho tiempo para que la próxima inmigración sea de ciudadanos singapureños, coreanos del sur y nórdicos, porque a este país no se lo querrá perder nadie.
¿Será tan difícil conseguirlo?
No tendría por qué ser tan difícil. Hay algunos parámetros que quizás sea necesario reflotar, con mucha fuerza, frases aisladas que habrá que llenar de contenido.
El orden que sigue no debe considerarse prioridad, porque lo que para algunos debe ser primero para otros puede no serlo. Por eso, vamos paso a paso. Deberíamos poner en vigencia:
Teorema de Baglini: es un principio político formulado en 1986 por el entonces diputado argentino Raúl Baglini. Sostiene que cuanto menores son las posibilidades de un dirigente o partido político de acceder al poder, más irresponsables o ligeras tienden a ser sus propuestas. (Según Google)
Si empezáramos por ahí podríamos seguir con:
La sentencia del sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, quien, en el programa de Mariano Grondona, en 1990, afirmó que para sacar este país adelante “tenemos que dejar de robar por lo menos dos años”.
Visto lo visto, si le ponemos un poco de onda, un par de añitos podemos aguantar.
Retrotrayéndonos un poco más en el tiempo, hacia 1973, en el marco de su tercer mandato presidencial y de su llamado a la unidad nacional frente a los conflictos políticos y sociales, el propio Perón propuso públicamente una consigna superadora de las divisiones que habían atravesado al país: «Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino».
Con estos antecedentes y si pudiéramos terminar con los aportes tanto al riesgo kuka como al riesgo milei, podríamos repetir sin miedo a equivocarnos la tan difundida frase que dice que “la Argentina está condenada al éxito”, popularizada en la política argentina por el expresidente Eduardo Duhalde a principios de los años 2000, utilizada para destacar el enorme potencial del país en recursos naturales y humanos a pesar de sus recurrentes crisis.
Si actuáramos o, mejor dicho, si nuestra clase dirigente actuara con visión de futuro, honestidad y sentimiento patriótico, todas estas verdades pronunciadas por prohombres de la argentinidad toda harían realidad que con “la democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se cura”, tal como dijo el presidente Alfonsín en su discurso de asunción.
Estos pensamientos podrían ser un muy interesante punto de partida para terminar con las jubilaciones paupérrimas, los problemas para la discapacidad, los médicos residentes, los coros de niños, la desfinanciación de los organismos de control, los salarios en muchos casos miserables de los empleados públicos, la crisis en las Universidades, la corrupción que parece no tener freno ni fin.
Y para eso, ¿cuántos deberían sentarse alrededor de una mesa: 10, 100, 1.000?
Ahora, si el objetivo es gozar de las mieles del Poder, las cajas, la posibilidad de vivir como Reyes con 47 millones como esclavos miserables, apagá la luz y vámonos, porque lo que queda por esperar, más que un efecto derrame, es un derrame cerebral en masa.














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