Brasil en caída libre

Por densidad física, geográfica, demográfica y económica Brasil es el país más importante de América Latina. Referencia política, económica y cultural. Sus desfiles y sus barriadas son objeto de interés para todos sin excepción. De tal manera que lo que sucede en Brasil nos es relevante. Y las elecciones presidenciales no podían ser la excepción. El pasado domingo se decidió la segunda vuelta. Llegaban a las urnas Bolsonaro Jr y Lula.

Bolsonaro tenía ventaja porque había sido el candidato con la votación más alta. Lula esperaba el milagro de remontar. Unos pocos millones de votos a la deriva, suficientes y decisivos para inclinar la balanza y definir la dirección política de una América latina que gira a la derecha de manera estrepitosa tras los escándalos, abusos e ineptitud de los gobiernos progresistas. Bukele en El Salvador, Noboa en Ecuador, Miley en Argentina, Paz en Bolivia, Kast en Chile, de la Espriella en Colombia, Fujimori en Perú…parecía previsible el triunfo de Bolsonaro Jr. Una extensión más de la dirección política hacia donde giramos en el sur.

Esta nueva, mediática y extrema derecha, con sus bemoles, tiene muchos puntos en común: cree que el mercado, por sí solo, salva; reduce a mega-cárceles la inversión social; perpetúa un discurso puñetero, vulgar, homofóbico, misógino y le obsesiona la explotación de los recursos naturales.

Espabiló Lula y sus asesores. Se volcó a las redes sociales, transformó su figura en la única posibilidad de salvar a Brasil de la hecatombe que se avecinaba si este advenedizo opositor alcanzaba la presidencia. La propaganda fue contundente: el voto a Lula es la guarda de la democracia. Hay que salvar a Brasil del fantasma facho que recorre el sur. Hay que librarlo del autoritarismo que encarna Jr, el hijo de Jaír. Este algoritmo político fue clave para dirimir la tensión electoral y realizado el primer conteo se declaró a Lula presidente electo.

Lo que no se ha dicho es que la democracia se mina en una doble dirección. Por exceso o por omisión. Ganó Lula, pero ¿Ganó la democracia? ¿Hay institucionalidad? Tras el triunfo de Lula estas preguntas pueden responderse de dos maneras. Hubo pronunciamiento popular (Democracia); no hubo unas condiciones sistemáticas de fraude electoral (Democracia); pero ¿4 periodos presidenciales en cabeza de un mismo líder? Eso no es democracia. O bueno, digamos que es democracia tropical. La expresión propia de nuestra forma de pensar de qué manera un mesías es la única opción que tiene un pueblo para asegurar la institucionalidad y defender la democracia de las amenazas provenientes del lenguaje extremo de Bolsonaro Jr. ¡Enorme paradoja! Votar por Lula para defender la democracia. Más allá del candidato de turno, los colores, las banderas o las consignas políticas el punto es simple: la prolongación en el poder, en los sistemas presidencialistas, desvirtúa la separación de poderes y asfixia la democracia.

John Fernando Restrepo Tamayo

Abogado y politólogo. Magíster en filosofía y Doctor en derecho.
Profesor de derecho constitucional en la Universidad del Valle.

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