“Por eso, más allá de las oportunidades que consigamos o de hasta dónde logremos llegar, vale la pena preguntarnos qué dejamos en los demás. Ojalá podamos hacer sin dejar de ser y relacionarnos de tal manera que las personas se alegren de nuestra presencia y no la lamenten.”
¿Cuántas veces llegamos a una reunión pensando en todo lo que tenemos que hacer, sin detenernos a pensar en la persona que tenemos al frente?
La profesora Carolina Hernández, de la Universidad EAFIT, suele compartir una cifra que me parece interesante: el 80 % del tiempo de un día de un líder se pasa conversando. Y cuando uno lo piensa, tiene sentido. Buena parte de nuestro trabajo consiste en hablar con otras personas, escuchar ideas, llegar a acuerdos y encontrar formas de avanzar juntos. Sin embargo, me pregunto si realmente aprovechamos esas conversaciones para conocer a quienes tenemos al frente o si, muchas veces, estamos tan concentrados en lo que debemos resolver que olvidamos a la persona detrás de cada tarea.
Este año he tenido la oportunidad de compartir espacios con personas de diferentes trayectorias y formas de ver el mundo. Algunas de esas experiencias me han dejado aprendizajes que van más allá de lo profesional. He descubierto que conectar no significa pensar igual, sino estar dispuesto a escuchar, incluso cuando existen diferencias. También he entendido que las mejores relaciones no siempre nacen de buscar una oportunidad o de preguntarnos qué podemos conseguir a través de alguien, sino de acercarnos genuinamente, con la disposición de conocer a la otra persona y aprender de su historia.
Y es que detrás de cada cargo, cada responsabilidad y cada conversación hay alguien con una historia que no conocemos por completo. Todos tenemos nuestras cargas, nuestras luchas y también cosas bonitas que nos pasan. A veces no sabemos qué está viviendo alguien cuando llega a una reunión, cuando responde de cierta manera o cuando simplemente guarda silencio. Por eso, creo que vale la pena detenernos un momento y recordar que la forma en que escuchamos, tratamos y reconocemos a los demás puede tener mucho más impacto del que imaginamos.
El profesor Edwin Osorio También de la Universidad EAFIT, tiene una frase que me gusta mucho: «Hacer sin dejar de ser». Creo que también aplica a la manera en que construimos nuestras relaciones. Podemos perseguir resultados, asumir nuevas responsabilidades y trabajar en nuestra marca personal sin perder nuestra esencia. Porque nuestra marca no se construye solamente con lo que decimos de nosotros mismos, sino también con la forma en que actuamos, con cómo tratamos a los demás y con lo que las personas experimentan cuando comparten un espacio con nosotros. Las palabras pueden abrir puertas, pero nuestras acciones son las que terminan mostrando quiénes somos.
Quizás no recordemos todas las reuniones ni todas las conversaciones que hemos tenido, pero seguramente sí recordamos a las personas que nos hicieron sentir escuchados, que confiaron en nosotros o que nos dieron un impulso cuando lo necesitábamos. Del mismo modo, es posible que alguna vez hayamos dejado una cicatriz sin siquiera darnos cuenta, por no escuchar, por no reconocer el esfuerzo de alguien o por estar tan concentrados en nuestras propias responsabilidades que olvidamos cómo podemos hacer sentir a quienes nos rodean.
Al final, no siempre sabemos qué huella dejamos en la vida de otra persona. Lo que sí podemos hacer es prestar más atención a la manera en que nos relacionamos y a lo que aportamos en cada espacio que compartimos. No se trata de dejar de buscar oportunidades, de renunciar a nuestros objetivos o de estar de acuerdo con todo el mundo. Se trata de avanzar sin perder de vista que las personas son mucho más que lo que pueden ofrecernos.
Ojalá podamos hacer sin dejar de ser, construir relaciones genuinas y procurar que las personas se alegren de nuestra presencia y no la lamenten. Porque, más allá de los cargos que ocupemos, los resultados que alcancemos o las puertas que logremos abrir, también importa cómo hicimos sentir a quienes caminaron un tramo con nosotros.
Más huellas, menos cicatrices.
















Comentar