A qué llamamos Estado colombiano

La burguesía nacional siempre está reclamando estabilidad jurídica y económica para sus intereses. Por ejemplo, durante su mandato, Uribe entregó al capital nacional y extranjero los recursos naturales a centavos de cuenta del huevito “confianza inversionista”. Así, el boom minero energético se convirtió en la oportunidad de que obtuvieran grandes ganancias, mientras para Colombia terminó siendo una amenaza pues le quedó la degradación ambiental y la pobreza.

Este caso, como el del actual gobierno, nos recuerdan que más allá de teorías liberales sobre un Estado ficción, lo real es un Estado convertido en la junta que administra los negocios de la burguesía. Esa clase, olvida la estabilidad institucional cuando se trata de los derechos adquiridos de la clase trabajadora, de las regiones favorecidas por la naturaleza y de los movimientos populares, étnicos y campesinos que han gestionado y luchado por preservar sus territorios con agua y comida.

Abelardo pone en cuestión la estabilidad institucional de conquistas populares como el salario mínimo de dos millones, amenaza la protección de fuentes de agua, promete acabar con las reformas sociales, frena el presupuesto de proyectos de todo tipo que habían sido aprobados, amenaza con acabar subsidios, trata de cancelar adjudicaciones de tierra. Y para ajustar tal decadencia, busca borrar del lenguaje los sujetos campesino y niñas. Un nuevo rico congraciándose con los ricos de siempre.

Una de las fortalezas de la burguesía es lograr confundir sus intereses con los intereses nacionales. El bien común es el bien común de la oligarquía. Obviamente no ha sido en democracia, así luzcan elecciones continuas. La prueba de ello es el país con mayor pobreza y mayor número de liderazgos asesinados, destacándose los ambientales. En el Paro del 2021 asesinaron 100 jóvenes que reclamaban derechos, otros tantos judicializados y unos más sin sus ojos a causa de las balas del ESMAD.

Finalmente, la paz, dizque derecho constitucional. Un Acuerdo firmado en 2016 por el gobierno en nombre del “Estado colombiano”, en términos de contraparte, es desconocido y amenazado por el odio y los negocios bélicos. Mientras eso del “bien común” no llegue a la mayoría de la población, serán palabras vacías y poco o nada le aporta al fin de la violencia. Así, a las teorías liberales del Estado habrá que colocarle una bola de ping pong de payaso, a su ya larga nariz de Pinocho.

Fredy Escobar Moncada

Trabajador Social. Magíster en Ciencia Política.

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