Andes entre el abandono, la deuda y las promesas incumplidas

Luis Carlos Gaviria

En Andes crece cada día un sentimiento de frustración, abandono e indignación frente a una administración municipal que, lejos de responder a las necesidades de la comunidad, parece vivir desconectada de la realidad que padecen miles de andinos.

Hoy el municipio atraviesa uno de los momentos más preocupantes de su historia reciente. Las vías urbanas están destruidas, llenas de huecos y deterioradas hasta el punto de convertirse en un peligro permanente para peatones, motociclistas y conductores. No existen obras de gran impacto que transformen verdaderamente la calidad de vida de la gente, mientras el discurso oficial intenta vender pequeños arreglos como si fueran grandes logros administrativos.

El panorama en materia de salud es todavía más alarmante. Un municipio cercano a los 50 mil habitantes no cuenta con un hospital digno de su población. La ausencia de especialistas, las limitaciones en la atención y el colapso del sistema de urgencias son una muestra evidente del abandono institucional. Lo más indignante es que hace meses fue demolida parte del área de urgencias bajo la promesa de una ampliación que nunca arrancó. Hoy solo queda un enorme hueco, sin trabajadores, sin avances y sin respuestas claras para la ciudadanía.

Mientras tanto, los servicios públicos siguen golpeando el bolsillo de los habitantes. Acueducto, alcantarillado y aseo presentan incrementos constantes que superan incluso el comportamiento del IPC, haciendo cada vez más difícil la economía de cientos de familias.

Pero quizá lo más grave no es únicamente el deterioro físico del municipio, sino el silencio y la complacencia de quienes deberían ejercer control político. El Concejo Municipal parece haberse convertido en un simple comité de aplausos del alcalde, aprobando proyectos millonarios sin estudios de factibilidad, sin análisis serios y sin transparencia ante la comunidad.

En enero de 2024, apenas iniciaba la administración, se aprobaron proyectos trascendentales como la creación de una Empresa de Desarrollo Urbano y un endeudamiento por 7 mil millones de pesos. Todo esto sin estudios técnicos, financieros ni administrativos que demostraran la viabilidad de dichas decisiones. A pesar de los antecedentes negativos de muchas EDU en Colombia, investigadas por organismos de control, nada de eso pareció importarles a quienes aprobaron esos acuerdos.

Hoy el endeudamiento del municipio supera los 27 mil millones de pesos, cuando históricamente Andes había mantenido niveles mucho más bajos. La gran pregunta que se hacen los ciudadanos es sencilla: ¿dónde están las obras?, ¿dónde está la inversión?, ¿en qué se está viendo reflejada semejante deuda?

La comunidad observa con preocupación cómo se anuncian créditos y nuevos recursos mientras el municipio continúa sumido en problemas estructurales sin solución. Barrios como San Luis son el ejemplo más doloroso del abandono estatal. Allí, un alto porcentaje las viviendas que se encuentran ubicadas a la vera de la carretera que nos conduce al municipio de Jardín, han sido desalojadas casi en su totalidad debido a la grave falla geológica existente, sin que hasta hoy exista una solución de fondo ni una intervención seria por parte de las administraciones municipales.

Resulta indignante que ahora se pretenda presentar como grandes logros algunos arreglos parciales de acueducto y alcantarillado, obras que además corresponden a obligaciones normales de las Empresas Públicas de Andes. No se puede pretender que la ciudadanía agradezca como “favor” aquello que se realiza con los recursos de los mismos contribuyentes.

Andes maneja más de 111 mil millones de pesos anuales y, sin embargo, la sensación generalizada en las calles es la misma: abandono, improvisación y falta de resultados. Diez años de discursos hablando de defender a los más necesitados terminaron convirtiéndose en más endeudamiento, más promesas incumplidas y menos soluciones reales para la gente, ya llevamos dos administraciones malas, pero ahora si nos ha tocado vivir la peor de todas y lo más grave, un concejo municipal que no cumple con las verdaderas funciones para lo que fue elegido.

La ciudadanía merece respuestas claras. Merece saber qué pasó con los recursos, dónde están las obras prometidas y por qué el municipio parece avanzar cada día más hacia el deterioro administrativo, financiero y social.

Porque gobernar no es hacer shows de 90 metros de pavimento o de tubería. Gobernar es transformar un municipio, resolver sus problemas históricos y responderle con hechos a la confianza de la comunidad.

Y hoy, tristemente, muchos sienten que en Andes ocurrió exactamente lo contrario.

Luis Carlos Gaviria Echavarría

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