Una Margarita por el Magdalena

Gobernar no consiste solamente en administrar recursos o ejecutar proyectos. Gobernar también es la capacidad de hacer sentir a un pueblo que no está solo


Muchas veces, desde la administración pública y el ejercicio del poder ejecutivo, se termina olvidando el rostro humano de las instituciones. Por el simple hecho de ser instituciones, suelen entenderse como estructuras rígidas e inmutables; formas severas de hacer las cosas, respuestas duras, sensibilidades ausentes y una visión del ser y del hacer escrita como brújula inflexible, rodeada de leyes, decretos y resoluciones. Entonces, aquella máxima ontológica parece imprimirse de manera inmarcesible sobre cada acción: “lo que es, es; y lo que no es, no es”.

María Margarita Guerra Zúñiga llegó a la Gobernación del Magdalena de forma atípica, dando continuidad a las banderas del Cambio Social, la Red de Equidad y las Becas del Cambio, izadas por Fuerza Ciudadana en el Palacio Tairona desde la llegada de Carlos Caicedo Omar en 2020.

Pero la Gobernadora atípica es precisamente eso: atípica. Es una presencia que recorre el departamento con sencillez, humildad y, principalmente, con un profundo sentido de compromiso. Una gobernación sobria, pero contundente.

Lo interesante de los proyectos políticos cuando alcanzan madurez es que el tiempo de arrastre que suele perderse durante el primer año de gobierno tiende a ser menor, gracias a los niveles de experticia de quienes asumen las direcciones intermedias del aparato administrativo. Nadie ha dicho que dirigir equipos sea sencillo, ni que gerenciar el bienestar de las personas sea una tarea fácil; aún más complejo resulta priorizar en medio de tanta necesidad y tanta ausencia.

Es allí donde el agudo sentido del nominador, en este caso, la nominadora, cobra verdadero significado: ser cabeza e impulso, ser rostro, ser y no parecer. Margarita, tristemente, al Magdalena le demorará apenas dos años y un mes. Pero, así como su nombre anuncia el florecimiento de una flor, así parece florecer también el Magdalena con ella: en la continuidad y actualización de un fuerte Plan de Desarrollo enfocado en ejes centrales que buscan reducir la pobreza, cerrar las brechas de inequidad y, principalmente, aunque el Plan no lo diga explícitamente, traer felicidad a su pueblo.

Bien lo dijo el gran maestro Estanislao Zuleta: “La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad”, en Elogio de la dificultad.  Volverán las Ferias de la Equidad. Entrarán en funcionamiento los campus universitarios. Iniciarán las construcciones de hospitales en la zona sur del departamento. Se siguen construyendo vías y anunciando obras.

El Magdalena tiene mamá, y es una Margarita que le está enseñando a florecer.

Queda un reto para la Gobernadora atípica: consolidar aún más el dinamismo social, fortalecer el tejido popular y lograr que las grandes transformaciones institucionales no se conviertan únicamente en cifras o infraestructura, sino en esperanza tangible para la gente. Porque, al final, gobernar no consiste solamente en administrar recursos o ejecutar proyectos. Gobernar también es la capacidad de hacer sentir a un pueblo que no está solo.

Jesús Gustavo Peñaloza Buelvas

Soy historiador de la Universidad del Atlántico (Barranquilla - Col) durante mi carrera me dedique a los estudios que dentro de la Historia se consideran como ´Nuevas formas´ la línea base de mis investigaciones es la sociocultural; encuentro en ella fascinación. Esa línea, reúne otras que reducen la observación y permiten que nos enfoquemos en temas puntuales, por mi parte estudie las formas de la vida cotidiana, en la colonia decimonónica y bajo esa misma base, la violencia y el género a través de la oralidad y los hechos. Por mi formación me interesa la cultura (artes) y la política, sin dejar de lado el carácter histórico

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