La dignidad humana en los tiempos de Onlyfans. Reflexiones

La irrupción de plataformas como OnlyFans ha reavivado un debate filosófico sobre la moral y la dignidad humana en relación con el cuerpo y el trabajo. Lo que para muchos es una simple transacción económica basada en el erotismo, esconde una compleja red de valores y antivalores que merecen un acercamiento.

Desde la perspectiva de la autonomía y el libre albedrío, la creación de contenido en plataformas del tipo OnlyFans —medios que permiten la interacción entre un “modelo” de contenido variado, casi siempre de carácter erótico, y “fans”, clientes que pagan por suscripciones o material “exclusivo”— puede ser vista como una manifestación de la libertad moderna. Filósofos como John Stuart Mill, en su obra Sobre la libertad, argumentarían que los adultos tienen derecho a hacer lo que deseen con sus cuerpos y vidas, siempre y cuando no dañen a terceros. Desde este punto de vista, una persona que decide libremente vender contenido sexual está ejerciendo su autonomía y control sobre su propio valor —sea cual sea—. Es una elección que le permite obtener un beneficio económico, el cual puede ser visto como un camino hacia la independencia y la dignidad —la que se ha convertido en una palabra mágica de nuestros días: empoderamiento—. Este acto, siguiendo esta línea de pensamiento, lejos de ser degradante, podría ser interpretado como una forma de empoderamiento, donde el individuo capitaliza su atractivo en sus propios términos, sin intermediarios que le impongan condiciones: la belleza en el mercado capitalista tampoco es nada nuevo, pero las tecnologías de nuestros días lo han acelerado y puesto al “alcance de todos” —o por lo menos de cualquiera con acceso a internet, una cuenta bancaria y el recurso para pagar su suscripción—.

Sin embargo, esta visión choca de frente con la preocupación por la cosificación y la moralidad de la sexualidad. Immanuel Kant afirmaba que la dignidad humana radica en tratar a las personas como fines en sí mismos, y nunca como simples medios. En este sentido, la venta de contenido explícito podría ser vista como una instrumentalización del cuerpo. Aunque el creador consienta, el acto de reducir la propia sexualidad e imagen a una mercancía para el consumo de otros podría degradar la dignidad inherente de la persona. El cuerpo es el vehículo de la persona para obtener dinero. Esta instrumentalización podría, según esta perspectiva, corroer la moralidad y las relaciones humanas, ya que, el contenido escapa del dominio del creador de contenido erótico debido a las filtraciones o modificaciones que se hagan de este —tu cuerpo “me pertenece”—. Es por lo anterior que le señalo, apreciable lector, que en el debate coloquial es ahora común escuchar hablar de la cosificación del cuerpo humano.

Martha Nussbaum ha explorado la idea de la cosificación de una manera más matizada. Para ella, la cosificación no es solo la instrumentalización, sino un proceso de negación de la subjetividad, la autonomía y la integridad de una persona —un sentido restringido del término—. Aunque un creador de contenido erótico mantenga el control sobre su contenido, el mercado mismo, con su lógica de demanda y oferta, podría ejercer una presión sutil que lo empuje a cruzar límites personales (lo que puede volverse peligroso). La constante búsqueda de validación y la competencia por atraer suscriptores pueden llevar a la persona a un ciclo donde su valor se mide en términos de atractivo sexual y capital económico, lo que inevitablemente afecta su autoestima y percepción de sí misma.

En el centro de este debate yace una pregunta fundamental: ¿la libertad de vender contenido (de cualquier tipo) es siempre un acto de dignificación? Para los defensores de OnlyFans y similares, la plataforma representa una oportunidad para tomar el control económico y sexual en un mundo que a menudo despoja a las personas de ambos —en particular a las mujeres—. Por un lado, la capacidad de ganar dinero desde el hogar y la posibilidad de elegir con quién interactuar pueden ser, sin duda, un camino hacia la independencia. Por el otro, este tipo de plataformas eróticas son el reflejo de una sociedad que ha mercantilizado casi todo, incluyendo el cuerpo humano. La aparente autonomía de los creadores oculta una vulnerabilidad profunda, y la libertad de elegir “venderse” podría ser, en realidad, una respuesta a la falta de opciones que el capitalismo actual ha creado —y la sobrepoblación descontrolada—.

La columna vertebral de este debate no es juzgar a quienes participan, sino analizar las fuerzas que los impulsan. Si bien la libertad individual es un valor incuestionable, debemos preguntarnos si el entorno en el que se ejerce es verdaderamente libre, o si estamos presenciando una nueva forma de explotación revestida de modernidad y empoderamiento. La respuesta, como en la mayoría de los dilemas filosóficos, no es sencilla ni única, sino un delicado equilibrio entre lo que significa o debiera significar la libertad individual y la preservación de la dignidad humana.

Marco Antonio Gutiérrez Martínez

Mexicano. Licenciado en Historia (UAMex, Mención Honorífica). Ponente en eventos nacionales e internacionales. Autor del cuento "Breve diario de mi oscuridad" (Luz y Sombra. Antología de cuento breve) y del libro AMLO, la mafia del poder y la Historia.

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