Presidencia del senado: un golpe de realidad

Las elecciones de presidencia del senado que tenían como principales candidatos a Alfredo Deluque por lo que podríamos llamar “el oficialismo del gobierno entrante” y Honorio Henríquez quien gano y quien represento a la coalición de los dos gobiernos anteriores nos deja algunas reflexiones:

La primera es frente a la posibilidad de cumplir propuestas de campaña del presidente electo, promesas que realmente no están en potestad del ejecutivo de ser cumplidas tales como la flexibilización laboral, el reforzamiento de las penas a ciertos delitos, entre otras que son asuntos que se reforman solo desde el poder legislativo, es decir: el congreso. Lo que nos confirma lo que ocurrió en la mencionada elección es lo que ya se sabia: no hay tal cosa como el “Abelardismo” en el congreso y tendrá que buscar mecanismos para lograr alianzas con miembros de esta institución en pro de lograr sacar adelante proyectos de ley de cualquier tipo; de otra manera sus promesas serán solamente palabras vacías; en otras palabras, a “repartir mermelada”. Esto se ha visto en situaciones anteriores como en el gobierno saliente con la reforma a la salud, o la laboral; reformas que por mas que el ejecutivo quisiese con todo su poder y voluntad requieren tramitarse vía poder legislativo para hacerse efectivas.

La segunda reflexión es en tanto a lo que se llama la dinamicidad de la política, es decir, que las alianzas son relativas según el momento y que quienes han sido rivales por antonomasia terminan siendo aliados según el viejo adagio de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.  O peor aún, como decía Groucho Marx:” estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Ver a enemigos acérrimos desde el discurso como el Pacto histórico y el Centro democrático unirse para lograr la presidencia del senado en cabeza de Henriquez es algo que nos recuerda un viejo adagio, y disculpen que use tantas citas: “cuando los señores no se gustan sus mendigos se detestan”. La realidad del poder es otra, es dinámica, de alianzas y rechazos cambiantes, de discursos distintos a los hechos, de darse la mano con el “enemigo” y de traicionar al “amigo”, todo esto muy distinto a lo que los partidarios rasos de izquierda o derecha entienden; esos que eliminaros amistades de sus redes, esos que descalifican como facho o mamerto a cualquiera que “ piense” distinto, esos que solo ven el mundo en blanco y negro  que el día de ayer se debieron sentir traicionados por no usar otra expresión . No me imagino que hubiera pensado alguien que en segunda vuelta voto por Abelardo si le dijeran que izquierda y derecha se iban a unir para quitarle la presidencia del congreso a su candidato, o alguien que voto por Cepeda al presenciar dicha unión.

Tercera reflexión en tanto al carácter de “outsider” del presidente entrante en el ejecutivo: mas que un outsider lo veo como alguien que llega debiendo su campaña a grupos muy poderosos que le financiaron, nada nuevo, eso ocurre con todos los cargos de elección popular en el país, pero, simplemente de a poco le indicaran el “camino” a seguir para que el legislativo le funcione, ese aceite que cuando el problema deje de ser de egos y vuelva a ser de que hay que poner el estado a funcionar sobre los intereses que pagaron las votaciones de congresistas y el ejecutivo se va a ver mas alineado el panorama; alineado con los intereses de los financiadores, no de los votantes claro está.

Y en resumen, lo ocurrido fue un golpe de realidad para el gobierno entrante y los partidarios de los últimos dos gobiernos frente a como funcionan las cosas cuando de expedir leyes y cumplir promesas de campañas se trata.

Kevin Lemmel

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.