El líder que nadie supo gestionar

El caso más estudiado de liderazgo transformador de la historia no terminó en un reconocimiento, terminó en una cruz y aún así, cambió el mundo.


Semana Santa invita a pausar y en esa pausa, me permito una pregunta que probablemente incomode a más de uno: ¿qué habría pasado si Jesucristo hubiera tenido un equipo de comunicaciones, una junta directiva y un plan estratégico?

La pregunta no es irreverente, es organizacional porque si se analiza la figura de Jesús desde el liderazgo -no desde la fe, sino desde la gestión- lo que aparece es un caso extraordinario: un líder con propósito radicalmente claro, una narrativa poderosa, una comunidad comprometida y una capacidad de transformar culturas que ninguna escuela de negocios ha logrado replicar del todo, y sin embargo, fue eliminado por el sistema que amenazaba; eso no es solo teología, eso es estrategia, poder y decisión.

La academia del liderazgo habla de propósito, visión compartida y cultura organizacional, Jesús los tenía, aunque sin PowerPoint, su mensaje era simple, consistente y disruptivo: el poder no está en quien manda, sino en quien sirve y eso, en cualquier época, es una amenaza directa al statu quo y este respondió como siempre responde: primero ignorando, luego cooptando intentos de negociación y finalmente eliminando.

Los sacerdotes, los fariseos, el poder romano, tres actores con agendas distintas que encontraron un acuerdo tácito: este hombre es demasiado peligroso para dejarlo operar, no por sus milagros, sino por su narrativa, porque una historia que le devuelve dignidad al excluido y cuestiona al que tiene el poder, es la historia más subversiva que puede existir en cualquier organización. Precisamente, Pilatos es el personaje que más me interpela desde el liderazgo, sabía que la condena era injusta, lo dijo y aún así, cedió a la presión del entorno, lavándose las manos en el gesto más memorable de la evasión de responsabilidad que ha producido la historia.

¿Cuántos líderes hacen eso hoy?, ¿cuántos gerentes, rectores, directivos saben que una decisión es equivocada, pero firman igual porque la presión institucional, política o financiera es más fuerte que su criterio? Pilatos no es un personaje del siglo I, Pilatos trabaja en muchas organizaciones contemporáneas.

Las religiones, como organizaciones, también ofrecen una lección estratégica ambivalente: tomaron el mensaje de ese líder disruptivo y construyeron con él una de las estructuras institucionales más duraderas y poderosas de la historia humana, lo cual es, al mismo tiempo, un logro extraordinario de gestión y una pregunta incómoda sobre fidelidad al propósito original, porque cuando una organización crece, burocratiza y acumula poder, el riesgo siempre es el mismo: que la estructura empiece a servirse a sí misma en lugar de servir la misión que le dio origen y eso no es solo un problema de las iglesias, es el problema de casi cualquier institución que envejece sin cuestionarse.

Esta Semana Santa, más allá de la fe o la distancia de cada quien con lo religioso, vale la pena la pregunta de fondo: ¿qué tan dispuestos estamos a liderar con propósito, cuando ese propósito incomoda al poder? Porque el caso más estudiado de liderazgo transformador de la historia no terminó en un reconocimiento, terminó en una cruz y aún así, cambió el mundo.

“Las organizaciones no fracasan por malas decisiones, sino por líderes que dejaron de pensar antes de decidir.”

John Jairo Rico

Administrador de Empresas, especialista en Mercadeo y magíster en Administración Gerencial. Docente universitario y directivo académico con más de diez años de experiencia en gerencia educativa. Escribe sobre liderazgo, mercadeo, emprendimiento, educación y gestión organizacional, conectando la reflexión académica con la realidad empresarial y social. Sus columnas invitan a cuestionar cómo tomamos decisiones, dirigimos organizaciones y formamos a quienes las liderarán.

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