La nueva ruta de la seda intelectual: China y la conquista de los relatos

Que nadie se confunda: Pekín no solo está moviendo sus fichas en tablero del comercio global o en los estrechos en disputa. Desde un par de décadas, viene librando una batalla mucho más silenciosa, pero no por ello menos decisiva: las guerras de las ideas. Mientras Occidente se enreda en sus propias contradicciones existenciales y debates sobre si sus valores están en crisis, un grupo de académicos chinos, con el sigilo del maestro de go, está construyendo el andamiaje intelectual que justificará, explicará y suavizará el lugar de China en el mundo del mañana.

Entre los pensadores tenemos —Yan Xuetong, Wang Jisi, Qin Yaqing, Zheg Yongnian y Fu Ying— no es solo un collage de biografías académicas; es la hoja de ruta de un proyecto civilizatorio que busca desoccidentalizar las relaciones internacionales. Y ojo, aquí no hay complot, hay estrategia pura.

El primero en la lista, Yan Xuetong, es quizás el más provocador. Su propuesta de un “realismo moral” es una patada al tablero del pensamiento Westfaliano, Nos dice, con la paciencia de un maestro de aldea, que los portaviones y el PIB no bastan. Que, para ser el líder del mundo, hace falta “autoridad moral”. ¿Irónico, viniendo de un régimen de partido único? Tal vez. Pero su tesis es incómodamente lúcida: en un mundo donde Estados Unidos dilapidó su crédito moral en Irak o Afganistán, China puede presentarse como un ordenador jerárquico, siempre y cuando su gobierno interno sea virtuoso. Es la zanahoria envuelta en acero. Su influencia como decano del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Tsinghua, y su libro “Liderazgo y ascenso de China” en el (2020) ha sido traducido a más de seis idiomas, circulando ampliamente en foros académicos de Estados Unidos y Europa.

Luego aparece Wang Jisi, el geógrafo del poder. Él fue quien puso sobre la mesa la estrategia de “Ir hacia el Oeste”. ¿Para qué chocar de frente con el águila en el pacífico si puedes tejer alianzas en los establos de Asia Central y Medio Oriente? Wang Jisi entiende algo que en America Latina deberíamos aprender: la geopolítica también es paciencia. Mientras en Washington mira fijamente a Taiwan, China Ya firmó acuerdos de seguridad con Irán y Arabia Saudita. Eso no es azar, es Wang Jisi. Como presidente del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Pekin, sus recomendaciones han sido citadas en documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, y su influencia fue clave en la mediación China entre Arabia Saudita e Irán en marzo de 2023, un hecho histórico que devolvió relaciones diplomáticas a dos potencias regionales después de siete años de ruptura.

El más ambicioso de todos, sin embargo, es Qin Yaqing. Él no solo quiere influir en la política exterior; quiere refundar la disciplina. Su concepto de “racionalidad” es un intento de explicar que, en Asia, el individuo (o el Estado) no existe sino en función de la red que lo sostiene. Para la mentalidad occidental, esto puede sonar a colectivismo trasnochado; para el sudeste asiático, en cambio, es el ABC de la convivencia. Esa insistencia en la “armonía” y el “consenso flexible” no es postureo culturalista: es una cosmovisión donde el contrato importa menos que la confianza. Qin Yaqing fue presidenta de la Universidad de Relaciones Exteriores de China entre 2009 y 2014, y sus artículos en revistas como “Foreign Affairs” han sido utilizados en cursos de teoría de relaciones internacionales en universidades latinoamericanas como la Universidad de Chile y el Colegio de México, aunque todavía con carácter marginal frente al canon occidental.

Zheng Yongnian, por su parte, pone los pies en la tierra. Su advertencia es lapidaria: no ha política exterior exitosa sin una causa de orden. Si China cae en la trampa del ingreso medio o deja que el nacionalismo se desboque, su proyección global se desmorona. Es el pragmatismo que recuerda que recuerda que la seda más fina se rompe si el telar está flojo. Zheng, profesor distinguido en la universidad China de Hong Kong (Shenzhen), ha sido asesor del Banco Mundial y sus análisis sobre la trampa del ingreso medio fueron incorporados en el XIII plan Quinquenal chino (2016-2020). Para América Latina, su diagnóstico debería de encender las alarmas: varios países de la región llevan más de una década estancados en esa misma trampa, según datos de la CEPAL, sin una estrategia clara para saltar hacia cadenas de valor más sofisticadas.

Y finalmente, Fu Ying, la diplomática de salón. Su labor en Múnich o Londres no es la del funcionario que lee discursos, sino la de la traductora cultural. Explica el ascenso chino con modales de instituto de señoritas, pero sin ceder un milímetro en lo estratégico. Es la sonrisa que desarma sospechas, la prueba viviente de que la “amenaza china” puede venderse como “oportunidad para el desarrollo pacífico”. Fu Ying fue embajadora de China en el Reino Unido (2007-2009) y vicecanciller, y actualmente dirige el Centro de Estrategias Internacionales y de seguridad de la universidad Tsinghua. Su participación en la conferencia de seguridad de Múnich es recurrente: en 2023, sostuvo un debate público con el secretario de Estado estadounidense Antony Blinken, defendiendo la posición China sobre Taiwán con un tono conciliador, pero sin concesiones, un equilibrio que pocos diplomáticos logran.

Ahora bien, ¿qué sacamos en claro de todo esto? Que China está construyendo una Ruta de la Seda Intelectual paralela a sus puertos ferrocarriles. Mientras nosotros en America Latina seguimos debatiendo con los manuales de la Guerra Fría o los posestructuralistas franceses, ellos ya tienen una generación de pensadores produciendo conceptos propios para explicar el mundo que viene.

Y aquí es donde la cosa nos toca de cerca. Porque estos cinco perfiles no son una abstracción en la universidad de Pekin: son la inteligencia que está dando forma a la Iniciativa de la Franja y la Ruta que ya tiene 2.039 proyectos activos en todo el mundo, según datos del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura. En America Latina, China ya es el primer socio comercial de países como Brasil, Chile y Perú. En 2022, la inversión de China en la región alcanzó los 8.400 millones de dólares, según el Concejo Latinoamericano de Estudios de Asia y África, con proyectos emblemáticos como el puerto de Chancay en Perú o las centrales hidroeléctricas en Ecuador.

La advertencia para el sur global es doble. Primero, es positivo que existan narrativas alternativas al consenso de Washington; la “relacionalidad” de Qin o el “realismo moral” de Yan son aire fresco en un debate académico asfixiado por el anglocentrismo. Pero segundo, cuidado con comprar el discurso sin examinar la letra pequeña: esa “armonía” que predican también exige silenciar las disidencias internas, y esa “estabilidad” que venden puede ser, en el fondo, la coartada para congelar cualquier cambio social. En América Latina, países como Nicaragua o Venezuela han firmado acuerdos con China que profundizan su dependencia de recursos primarios, mientras que las prometidas transferencias tecnológicas brillan por su ausencia.

Lo que estos cinco perfiles revelan es que China ya no solo quiere fabricar los celulares que usamos, sino también las ideas con las que pensamos. La pregunta para nosotros no es si nos sumamos o no a esa narrativa, sino si seremos capaces, algún día, de producir la nuestra. Mientras tanto, lo mínimo que podemos hacer es leer la letra chica de sus contratos y la bibliografía de sus académicos, porque en esa letra, pequeña pero densa, se escribe el futuro de nuestras soberanías.

Andrés David Arana Gutiérrez

Investigador Académico, consultor y asesor en temas relacionados con Geopolítica y Geojurídica Digital e Inteligencia artificial. Columnista y articulista de medios escritos digitales nacionales e internacionales. 

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