Ciudadanía y Espacios Publicos

Va, en tres partes, algunas impresiones de Medellín desde acá. Es un poco irresponsable de mi parte porque un lugar lo hacen los que lo viven, y uno hablar desde afuera es ser simple espectador de lo que va pasando y alcanza a seguir, mezclando impotencia, nostalgia e idealizaciones…

  1. Ciudadanía y espacios públicos

En los últimos años, nos ha tocado, en todo el mundo, pero de manera especialmente conectada en Latinoamérica, y en Colombia con sus particularidades, dar respuesta a los problemas urbanos generados a lo largo de las décadas anteriores que se pueden agrupar en tres grandes grupos: movilidad, vivienda y seguridad. Todo eso está muy interrelacionado, por un lado, y por otro, es objetivo de los intereses más manipuladores y poderosos que hay dentro de una ciudad.

Por esas dos razones hablar de estos temas podría volverse un cuento muy largo, pero lo que quiero resaltar son los protagonismos ciudadanos que he venido viendo últimamente. En medio a esas respuestas que nos ha tocado buscar con urgencia y a tientas aparece un actor más del juego que no existía por que antes no era una cuestión: el espacio público. Hablar sobre espacio público es una cosa reciente, y sorprendentemente muy globalizada. En cada gran ciudad del mundo es posible hoy encontrar algún movimiento en defensa del espacio público. Medellín no queda afuera, más si recordamos que de las ciudades de Colombia, es la que menos metros cuadrados de espacio verde por habitante tiene, por su misma topografía y situación. Lo que refleja un problema grave, pues los espacios públicos son el alma de una ciudad.

Ilustro esto con ejemplos concretos. Ando ahora por acá, peleando por que no construyan un centro comercial en uno de los lugares más importantes para Porto Alegre, donde vivo, y en esa pelea he recordado como en el transcurso de mi vida, en Medellín, he visto como un centro comercial se “tragó” a un árbol, y muy cerca, como un caminito de piedras, resquicio de una finca, se trasformó en una calle de asfalto y en la cuadra que delimitó, en lugar de la manga, apareció en cada uno de sus centímetros otro centro comercial. La reacción a esto, no es simple capricho o ganas de que la ciudad no crezca y se modernice, es que los centros comerciales tienen una finalidad muy definida, son selectivos y no son espacios públicos: donde la ciudad ocurre.

Recuerdo también, con algo de pesar, alguien decir que su lugar favorito de Medellín era un centro comercial. Tanto que la queremos, para salir con esa, un lugar que de proprio no tiene nada. Una ciudad tiene mucho más que ofrecer: encuentros, debates, coincidencias y conflictos, que no siempre son malos, pues si nos respetamos, los conflictos nos enseñan a recrearnos. La ciudad es eso es su origen: encuentros, intercambios, conflictos y sus soluciones.

Ya empezaba a creer que había que aceptar esa otra lógica de la ciudad, y que un día todos los lugares favoritos serian centros comerciales, cuando por medio de la gente que defiende los espacios públicos tanto por acá como por allá, voy descubriendo que no tiene que ser así y no debe ser así. Que hay que defender los espacios públicos: para que haya democracia, para que haya ciudadanía, para que haya ciudad.

Que no nos tenemos que sentir seguros y a gusto solamente en centros comerciales, que las glorietas no tienen que ser para los carros, si su mejor uso es para el encuentro de los vecinos, para la vida. Que las aceras y parte de las calles se deben destinar primero a peatones, y si es posible, a medios alternativos de transporte, que no tienen que ser obligatoriamente parqueaderos. Que la calle se puede compartir. Que darle importancia al transporte colectivo es facilitar que se mueva más gente en un mismo espacio, por lo tanto, más justo, y que eso son labores primordiales de planeación de una ciudad.

La defensa de los espacios públicos se hace en cada lugar de la forma más auténtica. No sirve copiar fórmulas de acá para allá, o para donde sea. No es porque en tal parte resultó así que ahí también va a resultar. Creo que así estas peleas siempre sean arduas y contra gigantes poderosos, si se traban con creatividad, humor e ingenio, desde la gente común, dan más resultado. Como confío en la capacidad creativa de la gente en Medellín, en la alegría y el color, y sobre todo en la capacidad de involucrarse por la ciudad, sé que de alguna forma rara, eso va dando frutos. Que lo que se quiere es una ciudad donde todos seamos más ciudadanos. Además eso va llevando a defender no solo el espacio, como la vida, la convivencia y la posibilidad de construcción de mejores perspectivas de futuro.

En el artículo que llegó por acá sobre la Medellín turística otro de los grandes asombros de la reportera era que en Medellín “le habían devuelto la ciudad a sus habitantes”. Ya quisiera que estuviera en lo cierto, pero si esa sensación tuvo, es porque a pesar de lo limitado que son nuestros espacios públicos, los usamos, los gozamos, los disfrutamos y se nota. Por eso hay que exigir más: no nos tienen que devolver la ciudad, ella es nuestra, de todos, y todos tenemos que caber, no nos la tienen es que quitar.

 

Isabel Pérez Alves

Colombobrasileña, aunque eso no quiera decir mucho. Geógrafa en vías de ser, lo que tampoco quiere decir mucho. Indecisa de nacimiento y contradictoria por opción. Insisto en lo imposible, porque de lo posible se sabe demasiado. Escribo, para mirar las cosas de otro punto de vista, leo. Nado, traduzco y pedaleo, todo como amateur. Colecciono nubes y atardeceres.

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