
La Universidad de Antioquia llega al 4 de junio con una decisión que trasciende lo administrativo. Lo que está en juego no es solo quién ocupa una oficina, es el modelo de universidad pública que Antioquia quiere tener para los próximos años. Y en ese debate, el nombre de John Mario Muñoz Lopera se ha consolidado como la candidatura con mayor coherencia académica, trayectoria verificable y propuesta territorial.
Hay candidatos que llegan a las instituciones y hay quienes crecen dentro de ellas. Muñoz Lopera pertenece al segundo grupo. Trabajador social y magíster en Ciencia Política egresado de la propia Universidad de Antioquia, y doctor en Administración Pública y Gobierno por la Universidad Complutense de Madrid, lleva más de 25 años construyendo su vida académica en la misma institución que hoy aspira a liderar. Fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas entre 2019 y 2022, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, jefe del Departamento de Trabajo Social, e investigador con más de nueve libros publicados sobre democracia, ciudadanía, resistencia social y paz territorial. Su obra académica no es ajena a su universidad… es, en gran medida, un retrato de ella.
La Universidad de Antioquia no lleva cupos a las regiones: está en las regiones. Esa distinción no es semántica; es política. La institución tiene una presencia territorial que debe entenderse como un proyecto social, cultural y académico de largo aliento, orientado a contribuir al cierre de las profundas brechas de inequidad que persisten en el departamento. Eso implica continuar instalándose en los territorios no como una extensión del campus central sino como una apuesta de transformación social que dialoga con las realidades de cada región. Urabá lo ilustra con claridad: no es la periferia de Antioquia, es su frontera global, su epicentro geopolítico, su laboratorio de paz y conflicto más activo. Tres megaproyectos portuarios reconfiguran el espacio costero y las comunidades pesqueras. La JEP priorizó Urabá. Los PDET buscan implementarse en medio del fuego cruzado. Frente a todo eso, la pregunta es inevitable: ¿cuál es el lugar de la universidad pública en ese territorio?
Su candidatura rectoral, titulada “Coherencia y experiencia”, responde esa pregunta con tres ejes concretos. El primero propone una ciencia para la transformación y el impacto social: investigación situada que se materializará en misiones de investigación priorizadas con los estamentos universitarios a partir de las dinámicas territoriales. Esas misiones podrán abordar temas como soberanía hídrica, seguridad alimentaria, paz territorial y transición energética, entre otros, siempre con la participación activa de egresados, estudiantes, profesores y jubilados. El segundo eje plantea una visión de prospectiva institucional y equilibrio financiero para enfrentar con responsabilidad la crisis presupuestal que hoy aqueja a las universidades públicas colombianas. El tercero promueve el diálogo y la democracia universitaria: mecanismos reales de participación para todos los estamentos, y una institución más cercana y comprometida con el bienestar de su comunidad. En materia de regionalización, la apuesta es concreta: planta docente vinculada con residencia en los territorios, comunidades como co-investigadoras, y recursos propios para cada sede. Como él mismo lo resume: “No se puede gobernar un archipiélago desde un solo puerto.”
La coherencia de una candidatura no se mide en promesas, se mide en historia. En 2018, como presidente de la Asociación de Profesores de la UdeA, lideró la vocería universitaria en la Mesa Nacional de Diálogo con el Gobierno Nacional, un proceso que conquistó más de 4,5 billones de pesos adicionales para la educación pública y transformó la fórmula de financiación que durante décadas había limitado a las universidades colombianas.
Investigadores y académicos comprometidos con el análisis territorial de Antioquia han expresado su respaldo con una convicción que nace de años de trabajo de campo: “Una universidad que no conoce sus territorios no puede transformarlos. Apoyamos a John Mario porque él sí conoce lo que significa hacer ciencia desde el margen, para el margen.” La propuesta de Muñoz Lopera es la única que asume la regionalización no como servicio asistencial sino como apuesta de justicia socioespacial, anclada en la evidencia que el Instituto de Estudios Regionales de la UdeA ha construido durante décadas sobre las inequidades de Antioquia.













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