Residente ya está haciendo Derecho

Mientras muchos abogados escriben sobre libertad de expresión, Residente la ejerce y la pone a prueba en cada canción.


El Derecho suele verse como códigos fríos llenos de leyes. Pero la realidad, la que ocurre en la calle y en los conflictos, rara vez cabe en un artículo o en una sentencia. Ahí es donde entra la música.

En Una mirada jurídica a la música urbana, distintas investigaciones han abordado cómo ciertas canciones no solo narran lo que pasa: lo documentan. Un caso claro es “Bajo los escombros”, analizado por John Fernando Restrepo, quien plantea que esta obra funciona como una radiografía del conflicto en Medio Oriente desde una perspectiva profundamente humana.

Y eso abre una pregunta incómoda: ¿puede la música explicar ciertas realidades jurídicas mejor que el propio Derecho?

  1. Cuando la música se convierte en memoria

“Bajo los escombros” no es solo una pieza artística. Funciona como registro.

Como expone John Fernando Restrepo, la canción trasciende lo musical para convertirse en una forma de denuncia que preserva la memoria de los hechos en contextos donde la justicia formal es lenta o insuficiente.

En términos jurídicos, esto no es menor. La memoria histórica es una base esencial para la verdad, la reparación y la no repetición.

Donde el Derecho llega tarde, la música ya dejó constancia.

  1. Libertad de expresión: la tiradera también es Derecho

No toda expresión es cómoda. Y ahí está el punto.

En el capítulo “Bajo y batería”, el editor académico Alejandro Gaviria Cardona analiza la “tiradera” como una forma de confrontación discursiva y de creación artística que pone a prueba los límites entre libertad de expresión, buen nombre y libertad de prensa.

La música urbana, y particularmente figuras como Residente, se mueve constantemente en esa frontera.

No es solo provocación. Es un ejercicio real de derechos fundamentales en tensión.

Y eso obliga a preguntarse: ¿hasta dónde debe llegar la protección de la expresión artística cuando incomoda, critica o confronta?

  1. El Derecho internacional frente a la realidad humana

El Derecho Internacional Humanitario habla de principios: distinción, proporcionalidad, protección de civiles, pero la narrativa de Residente obliga a mirar lo que esos principios intentan regular.

No hay tratados ni tecnicismos. Hay humanidad expuesta.

El análisis desarrollado en el libro muestra que esta tensión revela un punto crítico: el Derecho no existe para describir normas, sino para proteger personas. Y cuando esa protección falla, el arte lo evidencia sin filtros.

  1. La música como actor político

No es un caso aislado.

En el mismo libro, José Ramón Narváez Hernández analiza “Afilando los cuchillos” como una expresión de resistencia política en Puerto Rico y evidenció cómo la música urbana puede incidir directamente en procesos democráticos.

Con “Bajo los escombros”, ese impacto se amplía: el escenario es global.

Aquí la música deja de ser solo expresión y se convierte en un actor que influye en la opinión pública internacional, presionando, aunque sea indirectamente, el cumplimiento de normas jurídicas.

No es Derecho formal, pero sí es poder.

Conclusión

El problema no es que la música se acerque al Derecho, el problema es que el Derecho, muchas veces, no alcanza a la realidad que la música ya está narrando. Más que escribir canciones, Residente está dejando registro de tensiones jurídicas reales: conflicto, dignidad, poder y límites de la norma.

Este análisis no surge de una sola voz, sino de un esfuerzo académico colectivo que encuentra en la música urbana un campo serio de estudio jurídico. Tal vez el Derecho no solo deba leerse en códigos, sino también escucharse…

Johanna Zapata González

Comunicadora Gráfica Publicitaria
Especialista en Mercadeo Gerencial
Abogada
Escritora

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