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Llevo ya varias noches-almenos tres- teniendo esa recurrente pesadilla en la que Abelardo De La Espriella llega a la presidencia, la escena es horrorosa, al punto tal de que el salto al vacío me despierta de tope.
Lo peor es que despierto y el dinosaurio sigue ahí: un candidato completamente anti institucional, que irrespeta cinicamente los símbolos patrios, haciendo uso de los mismos en una campaña que busca “destripar” al que no piensa como él.
Esto, aunque lo han defendido tanto, esta lejos de ser una metáfora, al contrario, se evidencia desde el pasado 31 de mayo en videos esa constante macabra escena de violencia, donde incluso un sujeto con machete amenaza a un seguidor de Cepeda, o un cuando un hombre le muestra un arma a seguidores del candidato del Pacto Histórico en Bogotá, o cuando personas le arrojan pólvora desde edificios aledaños al Museo de Arte Moderno de Medellín a un grupo de personas que se reunían para manifestar su apoyo a Cepeda.
Fuera de esto, esta esa violenta frase llena de estigmatización “guerrillero” “guerrillera” o ese tan usual, “es que usted quiere todo regalado por el Estado”, y, es que si bien ahora puedo simplemente mencionar esto, ya sabemos que señalamientos así tiene costos reales, lo vivimos con el exterminio de la Unión Patriotica, lo seguimos observando con el asesinato contra líderes, lideresas sociales, y firmantes del acuerdo de Paz.
El panorama nacional político plantea dos modelos de país que desde mi punto de vista no tienen nada en común, esto quizá se muestre también en ese mapa de los resultados tan dicientes que muchos hemos conocido tras la primera vuelta donde el centro del país eligió al abogado y la periferia optó por Cepeda.
Abelardo quien fue el vencedor sin duda es un gran riesgo para muchos derechos fundamentales, este prototipo de hombre show nutrido de las figuras políticas más populistas y autoritarias del continente (Trump, Milei, Bukele, Noboa) propone reducir el estado en un 40%, eliminar lo que bajo su juicio “no sirve”, es decir, esos ministerios enfocados en areas sociales, en asistencia para los más desfavorecidos, esos que votaron si al acuerdo de paz, pero adicionalmente propone eliminar la Justicia Especial para la Paz, aplicar fracking “a lo que de” en nuestras tierras, entre muchas otras aberrantes propuestas que son improvisadas, nada técnicas y que claramente no tienen fondo.
Pero, uno de los puntos que más me asusta de esta versión de Abelardo, es sin duda, la incapacidad de recibir críticas, o cuestionamientos, la fragilidad de una imagen artificial hecha en un par de meses que se pone en un supuesto riesgo cuando no se usan esas fotos donde sale con mejor perfil o sonrisa, y con todo esto me horroriza esa asombrosa capacidad de censurar que tiene contra el buen periodismo.
Ese que hurga en sus apoyos, en sus abismales cambios de opinión, en sus contradictorios mensajes, en sus discursos violentos, en la relación que tiene con la ética y el ejercicio del derecho y en ese ocusir pasado en el que defendió a exparamiliatares como Mancuso o en el que fue defensa del operador financiero del regimen de Maduro, Álex Saab.
Cuando se le cuestiona al pequeño hombre que se cree tigre, sale ese rostro que más ha relucido en los últimos días, el de la tendencia dictatorial. Porque paradójicamente Cepeda al que venden como poco institucional defiende más los derechos de la constitución del 91 y los acuerdos nacionales logrados que el abogado.
Y, por supuesto que esto no se trata de estar de lado de una tribuna haciendole barra a un candidato ciegamente, pero es más que evidente que el mayor riesgo institucional no recae en Cepeda sino en Abelardo.
Con Cepeda ya sabemos qué esperar, coherencia, digilencia, microgerencia, y una progresión de la política social de Petro, así como la apuesta por las reformas que no se lograron durante el mandato del presidente.
Pero, una cosa sí es clara, Cepeda tendrá que desmarcarse de Petro y mostrar una hoja de ruta para atender esos puntos de dolor que hicieron que más de 10 millones de colombianos apoyaran a De la Espriella.
Seguridad, salud, deuda fiscal, corrupción, la atención a la fallida Paz Total, son algunos de los aspectos que más le preocupa en estos momentos a los ciudadanos, pero en un momento tan delicado no estamos para improvisar con un paupérrimo plan de gobierno de 3 páginas, que no dice nada, por todo esto mi voto en la segunda vuelta será por la coherencia, por la paz, por el estado social de derecho que tanto amamos y defendemos y por un gobierno en el que si se piense para todos y todas, y no se ufane de querer “destripar” al que es ideologicamente contrario, por eso, por favor, lo invito a que no le ponga la raya a ese “tigre”.
Foto: Prensa Abelardo.












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