Monedero, el ídolo del alcalde Quintero Calle

     

En un foro organizado por la Alcaldía de Medellín y transmitido por YouTube Live, el 16 de junio, estuvo participando el señor Juan Carlos Monedero, un comunista español de la más rancia estirpe marxista leninista. En la presentación del foro, el alcalde de la Ciudad, dijo sentirse orgulloso de contar con la participación de Monedero. El señor Quintero Calle puede sentirse orgulloso de lo que a bien tenga, pero la invitación de un comunista a un evento oficial organizado por la Administración Municipal es una afrenta a los ciudadanos y a los valores liberales y democráticos de nuestra sociedad.

Invitar a un evento oficial de la Ciudad, cuyo costo cualquiera haya sido corre por cuenta de los contribuyentes, a un personaje como Monedero es algo tan afrentoso como invitar a un miembro del Ku-Klux-Klan o del NPD, el partido neo-nazi alemán. Y sentir orgullo por eso es algo tan grotesco como sentirlo de la relación con un racista o un neo-nazi. El señor Monedero es un abierto militante del totalitarismo de clase, el comunismo, uno de los tres totalitarismos que en el Siglo XX estuvieron a punto de acabar con la democracia liberal y la economía de mercado. Los otros dos son el de raza y el de patria.

El nazismo, el fascismo y el comunismo buscaron, desde el poder del estado, organizar la sociedad sobre la base de tres nociones vinculantes: la raza, la patria y la clase social. En todos los casos el propósito era el control por el estado de los medios y las decisiones de producción. El individuo que – con sus propiedades, sus derechos, sus libertades, sus deseos y sus responsabilidades – está en el centro de la sociedad liberal, debía renunciar a todo ello y someterse al imperio de un supuesto interés colectivo encarnado por un estado omnipotente y omnisciente. La fórmula de Mussolini “Todo en el estado, nada contra el estado, nada fuera del estado” aplica a las tres modalidades del totalitarismo.

Mucho le costó a la humanidad – una guerra terrible y una angustiosa guerra fría, acompañada de guerras locales de baja intensidad- deshacerse de los totalitarismos de raza, patria y clase. El desprestigio moral enterró el totalitarismo de raza; el de la patria se ha moderado, sin dejar de manifestarse; mientras que el totalitarismo de clase, el más criminal y pernicioso, sigue ahí, aunque un tanto transformado en sus manifestaciones ideológicas.

Pero con el señor Monedero no hay lugar a dudas. El hombre detesta el capitalismo liberal y la búsqueda de beneficio como motor de su desarrollo y encuentra repugnante el interés individual. Añora los regímenes totalitarios de la Unión Soviética de Stalin y de la China de Mao, responsables del asesinato de millones de personas. Apoya sin tapujos la dictadura cubana y alaba sin recato alguno el régimen narcotraficante y criminal de Venezuela. Es por ese tipo de regímenes “humanistas y altruistas” por los que quiere sustituir el sistema capitalista, cuyo poder productivo es la causa eficiente del bienestar del propio señor Monedero y de miles, que, como él, no entienden su funcionamiento, lo detestan y luchan por su destrucción.

Los que votaron por el señor Quintero Calle deben hacerse cargo de lo que son sus amistades y preferencias políticas. Los empresarios, que en su afán de oponerse a todo lo que les huele a Uribe, financiaron su campaña; y los políticos, que, para satisfacer ambiciones personales, dividieron el voto democrático y liberal, deben empezar a asumir las responsabilidades por el daño que le hicieron a Medellín al permitir que llegara a la alcaldía un admirador del totalitarismo comunista.

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Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista. Docente. Consultor ECSIM.

2 Comments

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  • Non sequitur: No se sigue que de la admiración y agradecimiento por la participación de cierta personalidad en un evento, también se simpatice con los pensamientos de dicho personaje. Además, si ese fuera el caso, ¿dónde queda el pluralismo?

  • Respuesta el señor Sierra Osorio.
    Por supuesto que se sigue, a menos que no se sepa de quién se trata y que se ignoren la ideas del personaje. El señor Quintero puede admirar a quien quiera, lo que no puede hacer es invitar a un evento oficial a un portavoz de una ideología y una práctica criminal tan nociva como el racismo o el nazismo. Y ahí queda el pluralismo. La tolerancia con criminales políticos deja de ser tolerancia y se convierte en complicidad. Y no me diga que el señor Monedero no ha cometido ningún crimen, es probable que así sea. El asunto es que si el invitado y receptor de la manifestación de gratitud hubiese sido un nazi, usted, como todo mundo, estaría, con justa razón, rasgándose las vestiduras. ¿Qué hace mejor a un comunista confeso que a un nazi?
    LGVA