Los profesores salvarán pensamientos si no censuran el uso de la Inteligencia Artificial en las aulas

Compartiendo en diferentes espacios donde se habla sobre comunicación, educación y los cambios que ha traído la inteligencia Artificial, trato de prestar más atención a las preguntas, esas que todavía se escuchan y que no se están digitando como “prompts”. Una de ellas que además de confrontarme me pareció perfecta para este escrito y es ¿qué estamos entendiendo por aprender? Pareciera que aprender se está convirtiendo es en llegar a la respuesta correcta donde la Inteligencia Artificial es una solución perfecta. Pero si aprender es el proceso de construir estructuras mentales, eso que los neurocientíficos han llamado las “conexiones nerviosas” y otros saberes lo abordan como “la formación del juicio”, entonces se está desvirtuando y no estamos llegando al mismo lugar.

Aristóteles distinguía entre ‘episteme’, como el conocimiento que se demuestra y se razona y ‘techne’  como el saber hacer. Estudiándola y comparándola se sabe que la Inteligencia Artificial puede imitar el resultado de los dos, pero debe repetirse incansablemente que ninguna herramienta puede o debe sustituir el proceso por el que una persona se vuelve capaz de juzgar, de dudar, de cambiar de opinión con sustento real. Eso no se descarga en una aplicación, pues hemos visto y experimentado que se construye con el tiempo y sobrellevando  la incomodidad del no saber, todavía.

De acá a que nuevamente me haga la pregunta, ¿qué estamos entendiendo por aprender? Se imaginan en mi caso como comunicadora que antes de escuchar, formarme, comprender hubiera ido a la acción de usar la herramienta, ¿dónde estaría la garantía de mi criterio y basar las decisiones en la valentía de asumir responsabilidades sin aprobación? O que un médico para aprender medicina centre su conocimiento desde el inicio solamente con lo que le dicta la Inteligencia Artificial, seguramente a diferencia de otros estaría pasando por alto el momento en que su cerebro le permitiría formar un criterio clínico.

Y aquí está lo que no se dice suficientemente en los debates sobre Inteligencia Artificial en espacios de educación y que se convierte en una forma de invitación, y es que en definitiva el problema no es la herramienta, lo que sí se convierte en un problema es que no estamos haciendo la pregunta correcta en el momento correcto.

La pregunta no debería ser  “¿usaste IA?”, debería cambiarse por “¿puedes explicarme por qué crees eso que escribiste?”. No se trata de prohibir el acceso porque además de incontrolable sería contrario a lo que busca la Inteligencia Artificial y negar todo lo positivo que puede hacerse con ella. Es tratar más bien de prestar atención a las preguntas, generarlas y tenerlas de prioridad como acto pedagógico central, como invitación, reitero,  a la conversación y retroalimentación. En el aula sea física o virtual, el acto de preguntar no siempre es para evaluar sino para hacer que el pensamiento vuelva de manera obligatoria al estudiante y de quien esté mediando un proceso académico entre lo que se puede consultar y lo que se puede leer, deducir y concluir humanamente.

No es un nuevo reto para los profesores, la educación como sistema o como proceso individual en el aula siempre ha tenido que negociar con las herramientas de cada época, basta una conversación con nuestros padres o abuelos para saber qué era lo que prohibían en clase; desde tapar los ojos en clases de mecanografía o el uso de la calculadora en muchas aulas, antes de entenderse que lo que importaba en ese caso era saber cuándo y para qué usarla. Lo que cambia con la Inteligencia Artificial generativa no es precisamente la resistencia que produce y el miedo a que exista en clase, es llevar las restricciones a las formas, usos y lo que se pide desde la formación. Un calculadora hace cálculos pero estamos en el reto de saber mirar  algo como la Inteligencia Artificial que si no se explica y compara, sí puede moldear pensamientos.

Y como considero que no toda pregunta debe tener respuesta correcta o al menos no en este espacio, dejo es una respuesta abierta a la reflexión y es que si seguimos midiendo el aprendizaje por el producto y no por el proceso que lo generó, vamos a conocer estudiantes que entreguen trabajos perfectos sin poder defenderlos o profesionales que tengan respuestas sin haber tenido preguntas. Muchos aprenderán a escribir como la Inteligencia Artificial pero no como ellos piensan. El verdadero conflicto en ese entonces va a estar cuando ellos necesiten pensar solos, que son días muy a la cotidianidad, encontrándose un espacio donde debería haber algo construido y no va a haber nada… solo la idea de generar un “prompt” o tomar el celular para que lo salve de la incomodidad de enfrentar una solución con una idea o pensamiento propio. Que no se pierda de vista y reflexión la importancia que da la experiencia sobre estar equivocado o acertado al igual que la de corregir o saber que realmente se está aprendiendo.

Daniela Acevedo Flórez

Comunicadora Audiovisual y Especialista en Gerencia de Mercadeo.

Docente y mediadora de contenidos con IA Generativa.

Acompaña marcas comerciales y políticas en su comunicación interna y externa.

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