Las derechas y los homosexuales

Foto: JOAN CORTADELLAS
     

Con el paso del tiempo hay una mayor tolerancia y visibilidad de la homosexualidad en España, algo coherente con la mayor amplitud de miras de las nuevas generaciones. Paradójicamente, con la llegada de Vox a los parlamentos, ha crecido la agresividad verbal y física contra los homosexuales (no hay un Observatorio estatal al respecto, pero se pueden consultar los datos de los observatorios de Valencia y Madrid), algo coherente con el discurso y las prácticas homofóbicas del partido de extrema derecha española.

Respecto de las afirmaciones homofóbicas de responsables de VOX basta ver el siguiente cuadro que circula por las redes:

Fuente: redes sociales

De la misma manera, las relaciones de VOX con Fidesz,  la Unión Cíviva-Húngara de Orban o con el gobierno de Kaczynski en Polonia, claramente opuestos a los derechos LGTBI, hablan por sí solas. En Polonia, el Gobierno de Kaczynski ha puesto en aprietos a la Unión Europea al aprobar zonas «libres de ideología homosexual» (incluido que dos personas del mismo sexo se besen o vayan por la calle cogidas de la mano).  En Hungría ya funciona el pin parental que VOX ha traído a España con la colaboración del PP. Esto presupone que hablar a los menores de los derechos sexuales de todo el mundo va contra la moral, aunque lo contrario limite la democracia. Las posiciones húngaras y polacas de Vox están plenamente representadas en las posiciones de Rocío Monasterio, quien pidió al Defensor del Pueblo que se aprobaran terapias para gays. Y, por supuesto, Vox  se ha negado a condenar las agresiones a homosexuales en Hungría, de la misma manera que junto a Ciudadanos y Vox han estado en contra de que se cuelgue la bandera arcoíris en el Palacio de Cibeles madrileño. Incluso les dijeron que se fueran a celebrar el Día del Orgullo a la Casa de Campo, que eso de ver a dos personas del mismo sexo queriéndose iba contra natura. Supongo esta gente de VOX  pronto dejarán de cortarse el pelo y las uñas y volverán a los árboles, que es todo mucho más «natural» que echarle inteligencia a la vida.

Parece claro que en el asesinato de Samuel, un joven trabajador de auxiliar de enfermería homosexual, medió un delito de odio. Después de una discusión con un energúmeno a la puerta de una discoteca, el agresor se fue y regresó  con una decena de colegas. Entre todos, con insultos homófobos le mataron. A él y a todos sus sueños. A golpes. Muchos golpes. Hemos visto también a unos jóvenes irrumpir en la manifestación del orgullo blandiendo banderas españolas como si fueran bates de beisbol y gritando «maricones, maricones» y coreando «yo soy español, español, español». Todo muy de un orden clásico.

Es evidente que el hecho de que haya gente de extrema derecha, votantes o militantes de Vox o del PP entre ellos, que cometan o puedan cometer delitos de odio contra homosexuales no convierte a toda la ideología ni a todo el partido directamente en criminal (menos aún a sus votantes: en España no hay tres millones seiscientas mil personas que se alegren de la agresión a Samuel). Pero no deja de ser cierto que en Grecia, Amanecer Dorado fue ilegalizado porque algunos jueces sacaron causalidades entre los discursos de ese partido y el comportamiento de algunos de sus militantes y dirigentes.

En la ilegalización de la izquierda abertzale,  la excusa del «entorno de ETA» fue relevante para la persecución por parte del Estado de un comportamiento y un discurso contrario a los derechos humanos. No pocos jueces quebraron el Estado de derecho con la excusa del entorno. ¿Crearán los jueces un «entorno» de Vox? Ya veremos si la justicia saca conclusiones del comportamiento de la extrema derecha española, aunque lo que hemos visto últimamente no invita al optimismo: archivo de la querella por falsificación a Rocío Monasterio (la argumentación: la falsificación era «excesivamente burda»); el archivo de la querella contra Cristina Cifuentes por etérea (mientras se condena a su asistente y a una profesora por actos que solo beneficiaban a la dirigente del PP); el archivo de la querella por un delito de odio por el cartel contra los menores no acompañados de VOX (con el añadido de opiniones de barra de bar por parte de jueces sin atisbo alguno de imparcialidad), o la condena a Isa Serra, sin prueba alguna, por estar en un desahucio de una persona con discapacidad. 19 meses en una sentencia donde se reconoce que no hay ni una prueba contra la dirigente de Podemos.

En los aciagos tiempos de ETA, se decía que unos señalaban y otros ejecutaban. ¿Estaremos ante una situación en donde el discurso de odio de la extrema derecha pueda facilitar las agresiones al colectivo homosexual? Las democracias que no se cuidan, terminan desmanteladas. Y la extrema derecha ha roto muchos acuerdos y ha arrastrado al PP. Porque no es solamente contra el colectivo LGTBI. También es la recuperación del discurso franquista de la guerra civil; es el insulto a las mujeres políticas; es el uso de unas víctimas y el desprecio de otras.

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El Vicepresidente del Gobierno del Reino de España y su compañera, la Ministra de Igualdad, han tenido su casa asediada por dementes durante meses y meses. Incluso hackearon la cámara que instaló la Guardia Civil para vigilar la casa, con la intención clara de mostrar su impunidad. Sedes de Podemos han sido atacadas con cócteles molotov (y medios afines al PP y a VOX dijeron que habían sido «autoataques»). Los dirigentes de Podemos son amenazados en las redes -como el caso de Martina Velarde, la Coordinadora de Podemos en Andalucía) y la Policía declara su incapacidad para encontrar a los responsables (aunque después de los conflictos de Vallecas, la Policía detuvo, apenas un día después, a una persona que había puesto un tuit contra Abascal). Crecen las amenazas y agresiones a miembros de Podemos en locales o sitios públicos y se jactan en las redes de las agresiones. Se han mandado balas a miembros de Podemos durante la campaña electoral y la justicia ha absuelto a un exmilitar que se grabó disparando contra fotos de miembros del Gobierno. Jiménez Losantos dijo que si se encontraba a alguien de Podemos le dispararía. Como no lo cantó en un rap, no le pasó nada. Hoy sabemos que la casa del eurodiputado Miguel Urbán fue asaltada no para robarle, sino para amenazarle a él y a su familia. ¿Qué dice la democracia? Se enfadan cuando les decimos que hay una relación entre lo que dicen y lo que luego pasa.

Cuando se normalizan algunas cosas, es más fácil que ocurran. Si los dirigentes políticos normalizan cosas que son delitos y le quitan hierro, el camino para que un descerebrado o un borracho haga una barbaridad es más fácil.  Por supuesto que el discurso de odio de los dirigentes de Vox facilita que haya gente que dé el salto de las palabras a los hechos. Si señalas a los homosexuales como gente que pone en peligro el orden social, es más fácil que se hagan barbaridades como la que se ha realizado contra Samuel, asesinado a golpes por una turba al grito de «te vas a morir, maricón de mierda». Algo que tanto recuerda, tristemente porque han pasado ochenta y cinco años, a Juan Luis Trescastro, el fascista que se jactó en la barra de un bar de «dar dos tiros en el culo a Lorca, por maricón».

Por eso es una barbaridad lo que han hecho el PP, Ciudadanos y Vox planteando querellas por colgar en los ayuntamientos la bandera LGTBI. Por eso es una barbaridad que el alcalde Almeida haya cedido a la extrema derecha y no haya colgado la bandera arcoíris del Ayuntamiento de Madrid, que cuando quieren es un símbolo para toda España por su capitalidad. Porque esos gestos, aunque sean pequeños, ayudan, aunque sea un poco, a que luego no puedan salir varios descerebrados a matar a golpes a un muchacho mientras le llaman maricón. De la misma manera que el uso agresivo de la bandera española autoriza a otros descerebrados a irrumpir en la fiesta del Orgullo a llamar maricones a los que están celebrando una identidad que sigue perseguida.

Porque si dos hombres se besan en público, esos hombres con mucho músculo y poco cerebro creen que les están abaratando la mercancía que ellos mismos son.

Detrás de la homofobia no hay solo una negación de los derechos civiles de los homosexuales. La homofobia forma parte del corpus ideológico de la extrema derecha, porque rompe el «orden natural de las cosas»: debilita el papel de la Iglesia (donde, por cierto, aunque callada, ha habido tanta homosexualidad), el sometimiento de la mujer al mandato masculino y la concepción de la sexualidad como reproducción. La homosexualidad cuestiona la idea del sexo como una cacería autorizada contra las mujeres, pone en duda la familia autoritaria donde la mujer no tiene derechos y rompe la cárcel del sexo, cuestiona el mandato masculino y forma parte del corazón de su ideología como lo es el nacionalismo excluyente, una religión autoritaria y castigadora o una idea de la propiedad inamovible y sancionada por ese «orden natural de las cosas».

Claro que puede haber homosexuales de extrema derecha. Que hoy niegan la lucha que costó alcanzar esos derechos. Que niegan que existan desigualdades de género, de raza y de clase relevantes. Y que desprecian la igualdad de las mujeres. La homosexualidad es tolerada en la extrema derecha siempre y cuando sea dentro del orden autoritario (por ejemplo, en Francia o Alemania) o en secreto, como en España. La oferta de la derecha tiene que ver con restituir los vínculos rotos precisamente por un capitalismo al que no cuestionan. Por eso la familia, la nación o la religión, entendidas como espacios de exclusión de los «diferentes» son relevantes. Igual que el orden social donde los hombres mandan y cumplen el mandato heroico de ser muy machos. Por ejemplo, asesinando a un joven de 24 años entre varias personas. Porque si dos hombres se besan en público, esos hombres con mucho músculo y poco cerebro creen que les están abaratando la mercancía que ellos mismos son.

Habrá que escuchar las condenas de los partidos a este asesinato. Me temo que buena parte de ellas vendrán después con un «pero…». Porque la derecha en España lleva medio siglo de retraso. El tiempo que nuestro país fue una dictadura. Tan añorada por los que odian a los homosexuales, a las mujeres libres y a la gente que no les tiene miedo.

About the author

Juan Carlos Monedero

Es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Hizo sus estudios de posgrado en la Universidad de Heidelberg (Alemania). Actualmente es profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid (con dos tramos de investigación -sexenios- reconocidos).

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