La desesperación

“Existe una fuerza oculta y extraña que se mueve sigilosa en medio de los recovecos de la historia y que, como Midas, todo lo que toca lo convierte en oro”.

Hay algo extraordinario que cada día se va perdiendo en el denso océano de aguas oscuras y confusas que diluye todo en un profundo olvido. Aquello a lo que me refiero camina por los escasos pastos verdes que ha dejado un progreso asesino e infame. Esa cosa de la que hablo es tan frágil pero tan imponente; es tan imperfecta pero tan placentera; es tan invaluable pero tan echada a menos. Esa es la vida. Es esa misma que algunos optaron por llamarle el soplo o el hálito que mueve a los cuerpos en el mundo. Desde mi punto de vista puedo decir que la vida es única e invaluable, pero la monotonía de la rutina hace olvidar que la tenemos. ¡El vivir se volvió costumbre! Unos la desperdician, otros desean que se acabe ese suplicio. Pero esto ¿por qué? Existe una fuerza oculta y extraña que se mueve sigilosa en medio de los recovecos de la historia y que, como Midas, todo lo que toca lo convierte en oro. Ese hermoso material que hipnotiza a los más santos y los convierte en esclavos de la codicia.

Me repugna, me da asco ver cómo en nombre de un supuesto bienestar que nos han presentado como necesario se ha instrumentalizado la maravilla del accidente vital. Es aberrante la forma en que se cosifica la existencia a cambio de los placeres que aquella fuerza poderosa y casi que divina ofrece a sus vejados. Una fuerza que hace de proxeneta y cliente a la vez, pues prostituye la vida poniéndole un precio y, al mismo tiempo, la consume como un producto que utiliza y desecha.

¿Que son delirios míos? Tal vez puedan serlo, pero me niego rotundamente a aceptar esa imposición del gran adefesio que me quiere utilizar como una tuerca de su máquina, como una parte del engranaje. Y todo a cambio de qué, del papel que otorga un valor a lo que no lo tiene, de esa vida estereotipada con determinadas comodidades y placeres caprichosos. ¡Es la contradicción más grande! Anhelar comodidades y entregar la vida por ellas para luego no tener cómo vivirlas. En últimas, el producto de nuestra vida profanada será el disfrute de las polillas y la soledad.

Desgraciadamente mi pensamiento llega hasta aquí. Pues ya me llama el cliente, debo ir a atenderle pues esta “vida” sin comida dura menos. ¿Acaso será mejor que no dure? Tal vez lo único que pueda darme consuelo en medio de esta desgraciada existencia es escribir cada una de estas líneas, es desahogarme con el papel y el bolígrafo y desquitar mi desesperación con las letras que tanto amo. La literatura, la filosofía, la pintura, la música, EL ARTE. Sí, el arte es lo inútil para los que se cansaron de ser útiles, para los que quieren salvar su alma en medio de esta sucia banalidad. El arte: una luz para los tontos que no han querido abrazar las gracias y bondades de la todopoderosa Fuerza oculta.


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Jefferson Bustos Prieto

Estudiante de Licenciatura en Filosofía - Universidad de San Buenaventura, Bogotá. Áreas de interés: política, ética y literatura.

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