La ciudad que soñamos también se aprende

Hoy escribo desde Guadalajara, México, en medio de Hábitat LATAM 2026, un escenario que reúne ideas, experiencias y voces de América Latina para pensar una pregunta que debería acompañar permanentemente a quienes tenemos vocación de servicio público: ¿qué ciudades queremos construir para las próximas generaciones?

Hábitat LATAM nos invita a entender la ciudad como nuestro hogar, un espacio que debe ser resiliente, sostenible y capaz de transformar positivamente la vida de quienes la habitan. Escuchar experiencias de otros territorios confirma algo que considero fundamental: las grandes soluciones no siempre comienzan con grandes presupuestos, sino con una visión clara, decisiones responsables y la capacidad de poner a las personas en el centro del desarrollo.

Y mientras escucho hablar de ciudades inteligentes, sostenibilidad, movilidad y nuevos modelos urbanos, inevitablemente pienso en Sabaneta.

Nuestro municipio ha crecido, se ha transformado y hoy enfrenta los desafíos propios de una ciudad dinámica, atractiva y en permanente expansión. Pero crecer también nos obliga a hacernos nuevas preguntas. Ya no basta con preguntarnos cuánto construimos; debemos preguntarnos para quién construimos, cómo nos movemos, qué tan seguros nos sentimos, cómo cuidamos nuestro entorno y si las oportunidades realmente están llegando a todos.

La movilidad, por ejemplo, no puede seguir pensándose únicamente en función de los vehículos. Una ciudad moderna debe facilitar la vida del peatón, del adulto mayor, de la persona con discapacidad, del niño que va al colegio y de quien utiliza diariamente el transporte público. Necesitamos avanzar hacia una movilidad más humana, conectada y sostenible, donde caminar, usar la bicicleta y acceder al transporte público sea cada vez más fácil y seguro.

La seguridad también debe entenderse de manera integral. Claro que necesitamos tecnología, inteligencia y presencia institucional, pero también necesitamos recuperar espacios públicos, fortalecer la convivencia y generar oportunidades. Una ciudad más segura no es solamente aquella que reacciona mejor ante el delito; es también aquella que previene, que genera confianza y que no deja a sus jóvenes sin alternativas.

La sostenibilidad, por su parte, debe dejar de ser un concepto bonito para convertirse en una forma de tomar decisiones. Sabaneta necesita seguir creciendo, sí, pero creciendo con responsabilidad, protegiendo sus recursos naturales, fortaleciendo la gestión del riesgo, mejorando los espacios verdes y entendiendo que cada obra y cada decisión sobre el territorio deben responder a una pregunta esencial, ¿estamos construyendo bienestar para hoy sin comprometer el mañana?

Pero hay otro reto que resulta igual de importante, hacer que los recursos públicos se traduzcan realmente en bienestar ciudadano. Una ciudad puede tener grandes inversiones, pero el verdadero éxito de la gestión está en que esas inversiones se vean y se sientan en la vida cotidiana de la gente.

Por eso debemos fortalecer una cultura de planeación de largo plazo, priorización técnica, transparencia y evaluación de resultados. No se trata simplemente de invertir más, se trata de invertir mejor, de conectar cada peso público con una necesidad real y de medir permanentemente el impacto de las decisiones.

Y, sobre todo, debemos trabajar para que nadie sienta que los programas sociales o las oportunidades del Estado son un privilegio reservado para quien conoce a alguien o sabe cómo navegar la burocracia. La verdadera inclusión comienza cuando una madre, un adulto mayor, un joven, una persona con discapacidad o una familia vulnerable pueden conocer, comprender y acceder oportunamente a los programas que existen para mejorar su calidad de vida.

Aquí la innovación también tiene un papel fundamental; las herramientas tecnológicas y los datos pueden ayudarnos a anticipar necesidades, simplificar trámites, identificar brechas y llevar la oferta institucional hasta donde realmente se necesita. Una ciudad inteligente no es la que tiene más pantallas o aplicaciones, es la que utiliza la información y la tecnología para resolver mejor los problemas de su gente.

Sabaneta ya tiene una hoja de ruta que reconoce muchos de estos desafíos, el reto que tenemos hacia adelante es fortalecer una visión que conecte la movilidad con el espacio público, la seguridad con las oportunidades, la sostenibilidad con el ordenamiento territorial, la inversión pública con resultados medibles y los programas sociales con una verdadera accesibilidad para todos.

Ese es, quizás, uno de los mayores aprendizajes que me llevo de estos espacios:

las ciudades no se transforman desde una sola secretaría, un solo gobierno o periodo administrativo. Las ciudades se construyen con políticas y programas de mediano y largo plazo, con conocimiento, participación y una visión compartida con la ciudadanía.

Desde Guadalajara regreso con más preguntas que respuestas, pero convencido de que Sabaneta tiene todas las condiciones para seguir avanzando, tenemos talento, una comunidad que ama su territorio, capacidad institucional y, sobre todo, enormes oportunidades para pensar nuestro futuro.

El desafío está en no conformarnos con ser una ciudad que crece, debemos aspirar a ser una ciudad que crece bien, más humana, más segura, más sostenible, más accesible y, sobre todo, más cercana a su gente.

Porque al final, una ciudad no se mide únicamente por sus edificios, sus vías o sus cifras de inversión.

Una ciudad se mide por la calidad de vida que es capaz de brindar y por la esperanza con la que sus ciudadanos deciden construir su futuro.

Daniel Galeano Tamayo

Ha sido emprendedor y comerciante desde joven, en el sector público se ha desempeñado como promotor cultural, asesor del Banco de las Oportunidades del municipio de Sabaneta, coordinador logístico de Corantioquia, coordinador de proyectos del Isvimed, secretario general de la alcaldía de Sabaneta, secretario de medio ambiente de la alcaldía de Sabaneta, alcalde encargado de Sabaneta y concejal.

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