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¿Hemos progresado o solo hemos cambiado?

Los problemas socioeconómicos y los conflictos históricos en materia de decisiones políticas en Colombia comparten dos ejes en común: la visión económica del mundo y el hambre de poder. Responder a una pregunta de este calibre no es nada fácil, se necesita cierta imparcialidad, característica de los árbitros de fútbol. Se necesita un recorrido histórico analítico, más que crítico. También, se debe procurar una visión de la sociedad de una forma holística y que la teoría del crecimiento sostenido vaya más allá de las reflexiones y los debates universitarios.

Como país, estuvimos durante las décadas pasadas acostumbrados a que la economía colombiana creciera a ritmos superiores de los promedios de América Latina y el Caribe. El ambiente competitivo, los mapas descriptivos de las ayudas sociales y el comportamiento de la economía colombiana fue durante mucho tiempo un ejemplo a nivel continental, porque nuestro principal rasgo era el Crecimiento Alto y Sostenido.

Lo anterior no significa que se deba desconocer la posibilidad de que existan criterios diferentes de evaluación para una misma situación. A veces la evolución es buena, pero, otras veces, produce mutantes.

No es nuevo decir que Colombia es un país con grandes desigualdades, y que una de las dimensiones de esa desigualdad es la regional: hay enormes diferencias en la participación política, las expectativas de vida, los niveles educativos y las condiciones de vida que tienen los individuos de acuerdo a las zonas del país donde se vive.

Las políticas públicas de los últimos 20 años, por ejemplo, tuvieron algunas características particulares y fueron causales de una u otra forma de la desaceleración económica en el largo plazo: fueron económicamente no aplicables, matemáticamente inviables o políticamente incorrectas.

Los cambios en el contexto político, la inestabilidad social, el entorno institucional, los cambios de gobierno y muchos otros factores, han ido generando profundas transformaciones sociales e incertidumbre económica.

Es evidente que en los últimos años muchas cosas han cambiado. Más allá de los pronósticos de crecimiento de los organismos como la OCDE, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, nuestras realidades socioeconómicas dejan mucho que desear, al punto que, en varias oportunidades, distintos actores económicos han insistido en la necesidad de replantear las formas de hacer política.

La falta de oportunidades, la corrupción, la no democratización de las opciones de progreso, la política ineficiente y la no adopción de amortiguadores para aguantar las caídas de la actividad económica, son sólo algunas de las plagas que no dejan que las cosechas de este país sean productivas y lleguen a la gente a la que el desarrollo económico va dejando atrás.

Sin duda, hay grandes obstáculos y trampas que debemos evitar. Que los países de América Latina hayamos sido durante muchos años los casos que todo el mundo usaba para ilustrar el crecimiento con desigualdad explosiva, que después se convirtió en desigualdad sin crecimiento, es un buen ejemplo; o sencillamente, las comunes imperfecciones y los desajustes de la misma actividad económica.

La obtención de una solución para nuestros problemas de estudio son la siguiente etapa del análisis por venir, puede pensarse que esto debe ser la parte principal de los cuestionamientos, pero en realidad, en la mayoría de los casos no lo es. Necesitamos hacer un diagnóstico honesto de qué es lo que no ha funcionado y cuáles fueron las raíces de los desaciertos que hicieron que nos desviáramos de la senda de crecimiento. Pero para eso, es prudente que surjan ideas que nos ayuden a saltar el muro del desacuerdo, la desesperanza y la desconfianza que nos separa.

Esto fue escrito por

Steveen Alexander González Bula

Economista reflexivo, apasionado por enseñar, impactar a millones y cambiar vidas a través de la educación. Fundador de la comunidad educativa con mayor proyección en el análisis de asuntos económicos, geopolíticos y sociales de Colombia, América Latina y el mundo, la cual lleva por nombre Economía en tenis.

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